jueves, 29 de agosto de 2013

¿Qué leo y qué reseño II? El regreso

Hace un año me levanté feliz y contento después de un sueño reparador y me dije
- ¿Por qué no montas algo especial en el blog? Una especia de aniversario de ninguna fecha en especial...
A lo que me contesté
- ¿Seguro? Mira que es trabajo y con lo vago que eres...
A lo que me repliqué
- Seguro.
- Pero si no te gustan los sorteos ni concursos.
- Ya, pero esto será diferente.
- ¿Diferente?
- Mira, pues había pensado que fueran los lectores del blog los que eligieran los libros para leer y reseñar. Ellos eligen y yo leo y reseño. Sea lo que sea mientras sea ficción.
- Ya...
- ¿Qué te parece?
- Está bien...
- ¿Pero?
- ¿Qué gracia tiene? Quiero decir, léete La Bernarda y su potorro y nos dices qué te parece. No le veo el interés.
- Bueno, es por hacer algo diferente.
- No, si lo entiendo, pero no lo veo. No veo qué gracia puede tener.
A lo que A, pregunta
- ¿Con quién hablas?
- Conmigo mismo, cariño. Me he propuesta una cosa para el blog de juvenil y me estoy poniendo muy tonto conmigo mismo encontrando pegas a lo que he pensado.
- Vale.
A lo que me vuelvo a decir
- A no ser...
- ¿A no ser qué, joder? A ver si soy más claro conmigo mismo porque no me lo digo todo y eso me cabrea.
- Que se vaya al puteo.
- ¿Cómo dices?
-  A fastidiar. A molestar. A hacer mofa y escarnio. A la clásica putada.
- No serían capaces.
- ¿Qué no? La gente es mala. Si lo haces, irán al puteo. A hacerte leer novelas que saben que odiarás para echarse unas risas a tu costa.
- Que no.
- Por supuesto que sí. ¿Qué harías tú?
- Pues...
- ¿Ir al puteo, verdad?
- Sí.
- Pues ya está. He acabado con mi exposición, señor juez.
- Pero la gente no es como yo. La  gente es buena.
- Algunos puede que sí, pero la mayoría... no.
- No sabes nada Jorge Jiménez. Está decidido. Lo hago.

Y lo hice.

¿Y cuál fue el resultado? Que tuve que reseñar 50 sombras de Grey e Insurgente porque fue la voluntad de la mayoría.
Cabrones.


Pero ha pasado un año y mi fe en el ser humano ha reverdecido (¡ja!) y he decidido volver a convocar a los lectores de este blog a que elijan mis lecturas para el próximo mes de octubre. ¿Las reglas? En principio son estas.

* Vale cualquier libro de narrativa de cualquier género. No ensayo, poesía o libros de filosofía etrusca.
* No es necesario ser seguidor del blog, ni poner un banner, ni hacer publicidad, ni donar parte de vuestro patrimonio al editor de este blog, ni enlazar, ni... Si alguien quiere publicitarlo, adelante. Cuanto más seamos, más nos podemos reír.
* Como en la edición anterior, no hay más premio que la satisfacción de elegir mis lecturas y por un momento sentirse como un dios con un poder muy chiquito. Y después de la experiencia del año pasado, el placer excelso del puteo.
* Plazo hasta el día 15 de septiembre de 2013. El día uno de octubre, primera reseña.
* No valen las segundas o terceras partes de los libros ganadores el año pasado así que ya os podéis olvidar de las 50 sombras.
* Se leerán todos los libros que reciban tres o más votos.
* Las propuestas se dejan en forma de comentario en esta entrada o se me envía un mail que contenga en el asunto la palabra tetera.
* No vale el contra voto.
* Se fomentará la discusión entres los participantes.
* No existe el límite de propuestas.
* No vale votar dos veces la misma novela.
* Y no se me ocurren más.

NORMAS ESPECIALES PARA MI BUEN AMIGO JORDI
Estaba por prohibirte participar en esta edición después del vergonzoso espectáculo que diste el año pasado, pero a última hora he decidido darte una última oportunidad. Eso sí, tienes que cumplir una serie de normas que a buen seguro te las pasarás por sálvese sean las partes.
* Deberás dirigirte a mí siempre como usía.
* No se contabilizarán votos de premio Planetas o similares. Trabájatelo un poco.
* No vale ponerse una peluca para votar dos veces.
* No vale poner voces o acentos.
* Si quieres que tus propuestas valgan para algo, tendrás que decir algo bonito sobre mí en el momento del voto.
* Si dices algo feo, rebota rebota en tu culo explota y tú lo eres más.

Quedan abiertas las líneas. No os cebéis, pero recordad siempre que yo lo haría.

domingo, 25 de agosto de 2013

"Ante el espejo" de Veniamín Kaverin

Ante el espejo, Veniamin Kaverin, automática editorial, 2013

Vamos a dejar una cosa muy clara antes de meternos con la reseña/comentario, Ante el espejo me ha parecido junto con Boston. Sonata para violín sin cuerdas de Todd McEwen, también publicado por Automática Editorial, de lo mejor que he leído este año y con seguridad lo mejor que habré leído antes de que se acabe.

Esto quiero que quede claro porque lo que sigue no es una reseña objetiva y mesurada fruto de una reposada reflexión mientras degusto una copa de vino, acaricio a mi gato y observó un mapa mundi buscando el próximo país para desestabilizar, sino la pura expresión de la misma dicha y gozo que me embargaron cuando leí Knockenstiff, La feria de la vanidadesWarlock,  Dioses menores y muchos etc. La conciencia de estar leyendo algo grande. Y es una conciencia que va más allá de si el libro es bueno o no o del simple placer lector e intelectual que uno pueda extraer de la lectura. Me refiero a esos libros que sacuden, golpean y noquean al lector en múltiples niveles y convierten la lectura en algo personal que te acaba definiendo y...

Que alguien me pare, por favor. Con todo ese rollo (algo cursi) del principio solo quería decir que escribir esta reseña / comentario me resulta difícil por la cantidad de impresiones que me ha dejado esta novela. Porque en según qué lecturas hacemos, cuesta mucho diferenciar lo personal de lo literario.

Los jóvenes Liza y Konstantín se conocen, se escriben cartas, se enamoran, se separan de forma casi irremediable y siguen escribiéndose cartas y más cartas y más cartas durante años, una guerra mundial, una revolución en Rusia, el periodo de entreguerras, la pobreza, el exilio... No hay un argumento definido. Es un pedazo de vida.

Ante el espejo es una historia de amor epistolar. Una novela basada en las cartas reales que se cruzaron el matemático Pável Aleksándrovich Bezsónov (Konstantín en la novela) y la pintora Lidia Andréyena Nikanórova (Liza). Kaverin coge estar cartas cruzadas entre 1910 y 1932 y, como se dice en el prólogo de la novela, "ejerciendo el derecho de novelista", corta, completa, manipula y refunde el material del que dispone, mezcla ficción con realidad, reconstruye y da voz a los periodos de silencio y acaba componiendo una novela basada en la vida de dos jóvenes rusos a los que tocó de pleno esa antigua maldición de vivir en tiempos interesantes.

Así ante nosotros se despliega una historia de amor íntima, pequeña y sin importancia que adquiere matices de universalidad gracias a que los tiempos cambian, pero los seres humanos permanecen. Pero este intercambio de cartas no llega a ser tal, porque en su mayor parte se compone de las cartas que Liza envía a Konstantín. Esto convierte el intercambio en un monólogo y el lector se ve impelido a completar las cartas, adivinar qué ha pasado, redactar la respuestas e imaginar qué ha pasado entre ellos, por qué Liza está tan feliz, triste o enfadada. Una propuesta estimulante que hace de la lectura algo vivo. Y más cuando contamos con un personaje como Liza Turáyeva, vivo, completo, complicado, complejo, adorable y fascinante. Una mujer con el sueño de ser pintora y a quien ni las personas ni la propia vida impedirá cumplir su sueño. Asistimos a su esperanza, ilusión, lucha, miedos, decepciones, terrores, abandonos, pobreza, esperanzas y volver a ilusionarse. Historias de amor, decepciones y amistad. Y como lector sentimos y palpamos cada gramo de ilusión y esperanza. Liza es un personaje vivo, real, sentido y pleno retratado con la habilidad del buen escritor. Y sí, ando un poco enamoriscado de ella.

Pero Ante el espejo no es sólo una historia de amor que pueda evocar en el lector a Breve encuentro o en una pirueta temporal a algunas películas de Wong Kar Wai, sino que es también una historia del exilio ruso tras la Revolución, el retrato desde la base del periodo de entreguerras, una retrato del arte pictórico del momento tanto ruso como europeo, un ejemplo de la constitución de París como meca y paraíso y la posterior decepción de la realidad, un esbozo de la situación de los matemáticos y científicos en el período de entreguerras, etc. Y además no deja de ser una reflexión sobra la historia, sobre el arte de contar, sobre el arte de narrar y, por tanto, de mentir. Sobre el arte y la forma de encararse a él.

Ante el espejo es una muy buena historia y novela. Uno de los libros que más he disfrutado este año a muchos niveles y que me han resultado intelectualmente más estimulantes y más duros, en un terreno más personal.

sábado, 17 de agosto de 2013

"Seguros mortales" de Claudia del Moral. Sexta entrada

(pincha sobre el enlace)

La tensión se paseaba como dueña y señora de aquel pedazo de mundo. Como emanación que tanta violencia había dejado en el ambiente. Entre Viktor y Álex; parecían un perro sabiamente adiestrado para el combate y una rata rabiosa que había perdido cincuenta kilos de grasa y había ganado treinta de músculo. Y la sentía en mis bragas como una miriada de nuevas y desconocidas sensaciones. ¿Acaso el hecho de que alguien (o algo) me despojara del vello que cubría mi secretum había sido el acicate para que conociera nuevos sentimientos y nuevas ansías? ¿Por qué me veía siempre atraída de forma irremediable a este tipo de competiciones entre dos guapos hombres que se disputaban mi amistad? En Manila, en París, en Carme. Una y otra vez la misma historia. Estaba agotada. Pero esta vez era diferente porque unos extraños sentimientos habían nacido en mi interior y pugnaban por romper las celosías donde atesoraba mi alma y dejarse acariciar por las nubes. A un lado, Viktor, tan grande, tan arrogante, tan bien vestido. Agente de seguros. Al otro mi querido Barrilete.
- Vámonos, Derrota - dijo Viktor -. Tenemos que hablar.
- Derrota, no te vayas con él - la voz de Alex sonó apremiante y un poco desesperada.
- Por favor, agente James, no lo complique más. La investigación del suceso la llevaremos desde Seguros inmortales. Usted y su grupo de investigadores aficionados no pintan nada aquí. La señorita Derrota es una testigo de lo que a primera vista parece un crimen y, por tanto, está bajo mi protección - mientras decía esto me pasó el brazo por encima de los hombros y dejó en mi cuello el aleteo de una caricia.

Una caricia que fue como beber una copa de vino en la bota de un leñador. Noté como se inflamaba una nueva vida en el calor que albergaba vientre. Me vi arrastrada a otro lugar donde el cielo era azul e infinito y donde la verde hierba se extendía hasta donde la vista no alcanzaba. Viktor estaba conmigo y me conducía a un cobertizo. Yo tenía miedo y quería huir, pero a la vez me sentía arrobada por su fuerza y su seguridad y no podía evitar seguir sus pasos y fijarme con sentimiento culpable en la curva que su trasero dejaba en los pantalones. ¿Qué me pasaba? ¿Cómo podía mirar a un hombre allí abajo? Me sentía sucia y pecadora... y me gustaba.
Entramos en el cobertizo. Pequeño, oscuro, húmedo. Solo alcancé a ver el suelo cubierto de paja y un pequeño taburete antes de que Viktor me arrancara la ropa y la lanzara de forma descuidada sobre un montón de heces. Empezó a recorrer mi cuerpo de forma ruda y dominante. Me sentía transportada a cotas de sensaciones que no conocía, pero que no quería abandonar. Me gustaba lo que me hacía y no quería que lo dejara de hacer nunca. Su cuerpo duro, trabajado en forja y sudor, se imponía a la delicadeza de mi piel cobriza. Su barba arañaba mi piel y me abandone a él, a su rudeza, a su autoridad. Me agarró del pelo con una mano, con la otra me dio dos toques en las piernas y caí al suelo a cuatro patas. Y aunque estaba asustada lo deseaba, lo quería, lo necesitaba. Todo mi mundo se había reducido a un solo pensamiento y a un solo deseo. Quería que Viktor me...
me...
... ordeñara.
Sus manos acariciando mis pechos, sopesándolos y palpándolos mientras coloca un cubo debajo de mí y me dice palabras tiernas para que me relaje. Entonces, cuando estoy confiada y me dejo llevar por su caricias que me encantan, de forma autoritaria, pero suave, como si en cada caricia viajara una parte de él, agarrara mis ubres, enlaza entre el pulgar y el indice uno de mis pezones y con los otros tres empieza a tirar con fuerza, de forma autoritaria, algo rudo, pero sin hacerme daño mientras me dice venga bonita, venga. Siento miedo de lo que quiere hacerme y no me siento segura, pero no puedo resistir que mi cuerpo se pliegue a sus caricias y tirones y sin poderlo evitar me derramo y empapo su mano con mis jugos. Y mayor es la sorpresa que me invade al ver que lo que me está haciendo me gusta, me arrebata y me moja. Un deseo que se escurre entre mis piernas y entre sus dedos. Él sonríe.
- Sí, oh sí, nena, sigue así, vacíate para mí.
Y lo hago hasta acabar agotada porque quiero y porque él me lo dice. Lo hago y soy feliz hasta que de mi no sale nada más. Viktor retira el cubo, me mira a los ojos y se lo lleva a los labios. Y me bebe.
Oh dioses míos. Me bebe y ahora formo parte de él.

El contacto se interrumpió y volví a la realidad de una noche de pesadilla, de unos ojos color miel, un amigo que había perdido peso y un anciano que había vuelto a nacer gracias a un cinturón bien colocado.
¿Qué me pasaba? ¿Por qué había imaginado eso? ¿Por qué cada vez que Viktor me tocaba me veía transportada a otro lugar?
Porque es vuestro destino...
¿Qué?
... alteza.
- ¿Qué?
- Que subas al coche, Derrota - me dijo Viktor -. Te llevo a casa.
 - ¿Cómo?
- Sube, no tienes por qué estar aquí.
- No subas a ese coche, Derrota - dijo Alex acercándose a mí -. Este Viktor no es de fiar.
- Vámonos, Derrota. Mis chicos se ocuparán de todo.
- No lo hagas - me suplicó Alex -. Quédate conmigo.
- Lo siento, Alex -dije. No quería hacerle daño, pero Viktor tenía razón. Él llevaba la investigación, yo era una testigo, él tenía que protegerme -. Tengo que hacerlo. Además, ya no pintas nada aquí. La investigación la lleva la correduría y tú solo eres...
- ¿Qué? ¿Qué soy Derrota? Puedes decirlo.
- ... un simple polícia.
- ¿Y eso no es bastante para ti, verdad? Adelante Viktor, llévesela. Y cuídela bien -. Y diciendo esto se dio la vuelta y entró en la casa para ayudar a sus hombres a recoger sus trastos.
También eres mi mejor amigo, pensé.
- Vamos, Derrota, te llevaré a casa.

Subí a su coche. Era un auto amplío y confortable. Me arrellané en el asiento del acompañante y cerré los ojos. Solo quería dormir durante mil siglos y que cuando despertara todo volviera a ser como cuando era menos infeliz. Volver a tener trece años y mi pecho aun no había eclosionado deformándome el cuerpo. Mi madre bailaba en Constantinopla y me mandaba postales diciéndome lo mucho que me quería y lo que se alegraba de estar lejos. Mi abuela en la cocina me explicaba qué significaba ser una dama y por qué yo no lo sería nunca mientras se servía una copa de ginebra y mascullaba que mi madre no era más que una cabra loca y yo iba por el mismo camino. Y Álex no me odiaba, era mi amigo y estaba en su casa vestido con las ropas de su hermana desaparecida y respondiendo al nombre de Rosita. Todo era feliz, luminoso, sin complicaciones. La voz de Viktor me arrancó de la ensoñación.
- Derrota, ¿estás bien?
Abrí los ojos y vi como acercaba su mano a mi mejilla.
- ¡No me toques!
Que no me tocara, por favor. No podría soportar otra visión.
Detuvo su mano en el aire. Su rostro era la muestra perfecta de la incomprensión.
- Lo siento, no quería...
- ¡Qué no me toques!
Viktor puso ambas manos en el volante y mantuvo la mirada al frente.
- Lo siento, Viktor - dije -. Es solo que no me gusta que me toquen. Tengo la piel sensible... Me sale lepra al menor contacto. No quería molestarte.
- No te disculpes, Derrota. Es mi habitual falta de delicadeza. Cuando estoy al lado de una chica guapa...
Guapa, claro.
- ... no puedo evitar tocarla para saber si es real o un hada
Sonreí. A pesar de su exageración no pude evitar sentirme un poco halagada. ¡Qué demonios!, pensé, juguemos a engañarnos y a pensar que soy guapa.
- Y dime, Derrota, ¿hace mucho que conoces al agente James?
- Sí, mucho. Desde que éramos niños.
- Parece un buen hombre.
- Lo es - confirmé.
- Y guapo.
- Imagino que alguna chica lo debe encontrar atractivo. Me cuesta verlo como un hombre de verdad. Piensa que lo he visto muchas veces mearse encima cuando los niños le llamaban princesita en el patio del colegio y más veces lo he consolado cuando se quedaba a dormir en mi casa y nos escondíamos de la escopeta de mi abuela.
- Entiendo.
- ¿No te cae bien Alex? - pregunté -. Por lo que he visto antes hay cierta tensión entre vosotros.
- Sí que lo aprecio, pero...
- ¿Pero?
- No ha superado que lo recházaramos.
- ¿Qué?
- Cuando anunciamos que abríamos la correduría recibimos muchas solicitudes de personas del pueblo que querían ser agente de seguros. Y una de ellas era de...
- Alex.
- Sí. La gente imagina que ser agente de seguros es una tarea sencilla, pero se equivoca. Exige un gran compromiso a muchos niveles. Un buen físico que al margen de ser fuerte y capaz, sea diestro y ágil. Capacidad de compromiso, seriedad y ser consciente que el cliente es lo primero. Ante todo. Ante cualquier cosa. El asegurado es lo prioritario y su satisfacción, nuestra prioridad. Y para conseguir esto, como he dicho antes, necesitamos hombres y mujeres fuertes, preparados, capaces, centrados y con una gran fortaleza psicológica.
- Y Álex cumple con todo de forma sobrada, ¿no?
- Sí, con todo. Menos.
- ¿Qué?
- Álex demostró una gran fortaleza física y una capacidad de compromiso y sacrifico que pocos de mis agentes pueden igualar. Su puntuación en la prueba de tratar con abuelas fue de las más altas en los últimos cincuenta años, pero...
- ¿Pero?
- Fracasó de forma estrepitosa en las pruebas psicológicas. Se presentó como un sujeto inestable con varias carencias afectivas que le daban un cuadro psicológico proclive al maltrato y al abuso. Ideal para ser policía, pero no para ser agente de seguros. Además...
- ¿Además?
- Presentaba tendencia a odiar a las mujeres.
- ¿Qué?
- En el test psicotécnico había una pregunta que pedía que dijera cinco cosas que odiaba de forma visceral. Alex contestó: los espárragos, los restos de corcho en el vino, la gente que imita a urogallos en el cine, la música melódica y a todas esas putas mujeres que merecerían perecer bautizadas en cal viva. Cinco de nuestros psicólogos coincidieron en era una respuesta significativa.
- No lo puedo creer.
- Lo siento.
- Conozco a Alex desde que era un niño gordo y adorable que vivía con su madre, sus tías y sus siete hermanas. Yo lo conozco. Ni tú ni vuestros psicólogos lo conoce. Y es una persona buena incapaz de albergar odiar nada. Excepto a los franceses, claro.
- Siento si la he disgustado...
- No te preocupes, Viktor.
Permanecimos en silencio unos segundos. La noche estaba tranquila y los cervatillos saltaban por encima de nuestro coche con su habitual elegancia. Resultaba difícil de creer el infierno que acababa de vivir.
- Derrota - dijo Viktor con delicadeza -. ¿Estás preparada para hablar de lo que ha pasado esta noche?
¿Qué podía decirle? Estaba claro que debía continuar con la historia que le había explicado a Alex. Pero esos ojos color miel que tenían el poder de convertirme en un osezno que solo aspiraba a lamerlos me impedía mentirle. Necesitaba tiempo.
- ¿Podemos hablar de esto mañana, Viktor? Estoy agotada. Necesito de forma urgente una ducha y dormir hasta que el universo implosione.
-  Darte un largo baño, meterme en la cama, dormirte abrazada al Señor Calcetines y olvidarte del mundo, ¿no?
- Sí, exacto - sonreí.
- ¿Y si me lo explicas cenando?
- ¿Qué?
- Si querrías cenar conmigo. Así hablamos de eso y de todo lo que se nos ocurra. Tengo contactos en el mejor restaurante de cocina prusiana de la ciudad.
- No sé.
- Por favor, Derrota. Piensa que no es una cita. Es trabajo. Una investigación en curso.
Su sonrisa me desarmó. Dobló la curva que nos llevaba a casa de mi abuela. Iba a decirle que sí cuando vi que la expresión de su rostro pasó de la esperanza, al desconcierto, al horror.
- ¿Qué demonios...?
- ¿Qué pasa, Viktor?
- Mira.
Un resplandor que venía de casa de mi abuela me hizo temer lo peor. Imaginaba la casa incendiada con todos los recuerdos perdidos en las lenguas del fuego. No, eso no. Mis muñecas, mis animales disecados, mis acuarelas de autopsias famosas. ¿De verdad estaba ardiendo todo mi mundo?
No. La casa apareció ante nosotros intacta. Pero en el jardín ardía una enorme A invertida de madera.
- No - musitó Viktor -. No es posible.
Paró el coche y salimos de él.
- ¿Qué significa esto?
Pero Viktor no me contestó. Había sacado su teléfono móvil. Marcó un número y espero menos de tres segundos.
- Mara, vuelves a estar en servicio... No... No... Sí, lo sé, lo soy... No, Mara, esto es importante así que trágate tu orgullo, ponte tus bragas de combate y ven a casa de Derrota Hawkins. Es la gran casa de la ladera. Al lado del lago y del campamento de verano. Hay una marca... Sí... Están en la ciudad.
Colgó y me miró con expresión preocupada.
- ¿Qué ha pasado? ¿Qué es ese símbolo? ¿Por qué está ardiendo en mi jardín?
Viktor se acercó a mí e hizo amago de abrazarme. Me aparté.
- Estás en peligro, Derrota. No puedes pasar la noche en tu casa. ¿Tienes algún familiar en la ciudad?
- No.
- ¿Alguna amiga con la que puedas pasar la noche?
- Está Darla.
- Vamos pues. Cuanto antes salgamos de aquí, mejor. Mara está en camino. No tienes porque preocuparte. Es la mejor.
Volvía a subir al coche de Viktor, pero ya no quería dormir y desaparecer. Sentía el miedo recorriendo mi cuerpo. El ataque, el fuego, esa marca de la que hablaba Viktor. Y esa pregunta que revoloteaba mi cabeza y me llenaba de inquietud.
¿Cómo sabía Viktor dónde estaba mi casa? Y lo más inquietante, ¿cómo conocía la existencia del Señor Calcetines?

CONTINUARÁ...

miércoles, 14 de agosto de 2013

"Los colores olvidados" de Silvia G. Guirado e ilustrado por David García Forés, Desiree Aracibia, Marta García.

Los colores olvidados y otros relatos ilustrados, Silvia G. Guirado e ilustrado por David García Forés, Desiree Aracibia, Marta García, ed. Play Attitude

Carmesina tiene un don especial. No lo sabe, claro. Hasta que un Gato Negro se lo descubre; aportar una gota de color en un mundo gris. ¿Cómo? Carmesina y el lector tendrán que iniciar un viaje junto para descubrirlo. Un viaje que empieza con ella y abarca catorce relatos más donde el lector encontrará un poco de todo, fabulas, cuentos de aire oriental, de corte humorístico, cotidianos, pinceladas de ciencia ficción y mucha, mucha fantasía.

Los colores olvidados no es el tipo de libro que suelo reseñar por estos lares. Aunque soy lector y consumidor de libros ilustrados y álbumes ilustrados y me considero no experto, pero sí entendido, no suelo reseñar este tipo de libro porque nunca he sabido muy bien como encarar la reseña y no quería caer en el "es bonito" y a otra cosa. Así que mi pasión por Shaun Tan, Roger Olmos, Leo Lionni, Maurice Sendak, algunas de las cosas de Jimmy Liao, Pablo Auladell, Dave McKean, Roberto Innocenti, la simpatía de los dibujos Lucia Serrano, los trabajos de Rebecca Dautremer, etc. se queda en casa. Igual que los cómics o los libros de historia cubana. Entonces, ¿por qué Los colores olvidados? Supongo que porque el entusiasmo con que se comunican los responsables de este libro es contagioso y como lector y librero uno quiere dar a conocer proyectos interesantes y propuestas diferentes. Y Los colores olvidados es esto.

Quince relatos. Quince historias muy diferentes entre sí y que basculan en la formualción de diferentes géneros: fabulas como "Serafín, el desafinado", relatos con aire legendario como "La alianza", fantasías orientales como "Chew Wang. La leyenda del guerrero que sintió miedo", pinceladas de ciencia ficción en "Futuro (Im)perfecto" o relatos de corte cotidiano como los simpáticos cuentos del lunes y del viernes. Pero todos tienen un elemento en común: un fondo de reflexión, un mensaje, lo que antes se conocía como moraleja, que invita al lector a una reflexión y a iniciar un debate consigo mismo o con otro sobre lo que ha leído.

Un tipo de lectura con una clara intención que en ocasiones, y en mi opinión, se hace demasiado explicita rompiendo en algún momento la magia del relato. Prefiero cuando esa "moraleja" es más sutil como en los cuentos de lunes y el viernes, que cuando se hace más explícita, como en el simpático "Hazme le humor". Quizá existía el miedo de que no se entendiera el mensaje o la intención, pero la simpatía y la viveza con la que están escritos los relatos hace que ese mensaje positivo y optimista sea muy claro. A veces, no era necesario enfatizarlo.

Los colores olvidados se revela como un libro muy simpático repleto de buenas ideas, historias encantadoras y una excelentes ilustraciones. Una de las grandes virtudes de este libro es que consigue que texto / ilustración estén en sintonía y se complementen a la perfección apoyándose y trabajando para conseguir el mismo objetivo. Técnicas muy distintas, formas de ilustración muy diferentes, pero todas en perfecta sintonía con el texto y en equilibrio con el libro en general.






Destacar también una edición muy cuidada y que se ha hecho, permitirme la cursilada, con amor. Hay cuidado, cariño y dedicación en la edición del libro. En un momento en que parece que las editoriales más grandes relajan sus niveles de exigencia permitiendo que se publique casi cualquier cosa y de cualquier modo, se agradece que pequeñas editoriales cuiden y mimen el libro como objeto y mantengan el nivel de exigencia para ofrecer un producto bien acabado, bonito y en consonancia con el interior.

Porque Los colores olvidados, además de tener unos bonitos relatos y una excelentes ilustraciones, es un objeto bien acabado; un libro bonito en el mejor sentido del término.

lunes, 12 de agosto de 2013

"Cazadores de sombras I. Ciudad de hueso" de Cassandra Clare

Cazadores de sombras 1. Ciudad de hueso, Cassandra Clare, ed. Destino, 2010

Aviso: no pongo resumen argumental porque considero que es una serie lo suficientemente conocida para que casi todo el mundo sepa de qué va esto.
- Pero es que pertenezco a ese casi que mencionas y no tengo ni puñetera idea de nada.
- Vale, pues va de una chica que descubre cosas de su vida y su pasado y muchos secretos que ponen los pelos como escarpias y un chico que va de graciosete que va buscando una hostia, pero es que también ha sufrido lo suyo y un mundo secreto con sus monstruos y su magia y tal y asuntos que ponen en peligro el universo tal y como lo conocemos. Ah, y sale un mejor amigo muy majo y otra chica con más tetas.
- Me suena a resumen algo tendencioso y reduccionista.
- Pues será.

Desde hace años tengo, vendo y repongo esta saga en la librería. Es una de las series juveniles con ventas más constantes y con un público más fiel. Y nunca me había dado por leerla. El motivo básico, pereza. Cada vez que me decidía a leer el primer volumen, al final me echaba para atrás. No me apetece y ese instinto lector que dice que esos libros no son para mi. Pasan los años y no me acerco a una de las series más conocidas, populares y que más veo recomendar por estos lares de bitácoras literarias juveniles.

Hace un par de meses, en uno de los puestos de libros de segunda mano que cada último domingo de mes (exceptuando junio, julio y agosto) hay en la plaza del ayuntamiento de Igualada, me encuentro con el primer volumen de la saga. Dos euros por un ejemplar en muy buen estado. Y a pesar de que la pereza seguía allí y que el instinto me decía que no era una historia para mí, decidí que había llegado el momento de empezar a leer Cazadores de sombras. Adquirí el ejemplar y lo dejé en una de las estanterías de casa hasta que hace un par de semanas lo leí. ¿Conclusión?

Tendría que haberme fiado de mi instinto.

La conclusión a la que he llegado después de la lectura de Cazadores de sombras 1. Ciudad de hueso es que es una de las novelas más aburridas a las que me he enfrentado en los últimos tiempos. No es que me haya parecido una mala historia (es una más dentro de las historias de fantasía urbana) ni una mala escritora, es solo que... por favor, qué aburrimiento más grande. Qué falta de tensión o de un mínimo ritmo narrativo. De un cuerpo estructura, de gracia en el cómo explicar una historia que nos sabemos, pero en eso estaría el asunto, en que parezca nuevo lo que es conocido.

Y a falta de esto, pues unos personajes con los que pueda empatizar mínimamente (ojo, he dicho empatizar y no identificar, que es algo muy diferente), pero me encuentro con una protagonista más preocupada por la ropa que lleva o por si mira o no al chico borde que por las posibles torturas que le puedan estar inflingiendo a su madre, por un prota masculino que me habían dicho que era lo no va más en héroes literarios y con lo que me encuentro es con la enésima revisión del chico malo / borde / graciosete con pasado turbulento y sufrimiento y con unos personajes secundarios que en mi opinión son lo de siempre explicado de la misma forma. Una forma algo pobre y torpe... ¿pero esto último es debido a la autora o a una traducción que deja mucho que desear?

Pero nada, no he encontrado en Cazadores de sombras nada que me interera y me sacudiera el sopor de encima. De acuerdo que el marco parece interesante y el plus de los monstruos ayuda, pero todo eso si no viene acompañado de un mínimo de agilidad o gracia en la exposición no funciona. O, por lo menos, a mí no me funciona visto el éxito y la pasión que despierta esta serie.

Y poco más puedo decir de un libro leído hace un par de semana y del que he olvidado casi todo. No me ha dejado mayor impresión que unas tardes de profundo aburrimiento. Por cierto, si alguien quiere un ejemplar de Cazadores de sombras I. Ciudad de hueso que me lo diga y le paso el mío. Está estupendo y tiene ganas de ir a una casa donde lo aprecien más.

Otras opiniones

Letras y escenas
El camaleón azul

domingo, 11 de agosto de 2013

Puesta a punto

- ¿Hola? ¿Hola? ¿Hay alguien?
- No hay nadie.
- ¿Hola? ¿Hooooola?
- Que te digo que no hay nadie.
- ¿HOOOOOOOLA!!!
- Que no hay nadie, joder, hostias, joder, joder, que no hay nadie.¿No ves como está el blog? Todo sucio, todo tirado... las entradas por hacer, las visitas dejadas a la mano de vete a saber quien. No hay nadie. Está abandonado.
- Temporalmente.
- Temporalmente lo que quieras, pero esto está hecho unos zorros.
- Ha estado sin ordeandor y sin un ordenador pues no podía entrar a poner un poco de orden.
-. Ya lo sé, ya lo sé, pero joder... solo ha pasado un mes y mira cómo está todo.
- Hecho un asco.
- Si solo fuera eso, pero esas pintadas trolleras que aparecieron en las paredes pues joden con todo eso de idiota y calvo de los cojones y...
- Ya, pero no hay que darles importancia. También están los ramos de flores y las tarjetas de felicitación. Lo que ocurre es que es un deprimido y un pesimista.
-  Ya te digo.
- ¿Por dónde empezamos?
- Pues recogemos las mesas y las sillas, barremos, quitamos el polvo, fregamos el suelo, hacemos los baños, volvemos a poner la decoración que tiraron los hunos, llamamos a los proveedores y nos metemos en la cocina para dejarlo todo bien puesto y bien limpio.
- Pero pon algo de música... algo rico y animado.


- Mejor, ¿no?
- Mucho mejor.
- ¿Y qué ha hecho este mes?
- Poca cosa interesante.
- Si no contamos la boda de Claudia, claro.
- Si no contamos la boda de Claudia, por supuesto.
- Qué fuerte.
- Qué exagerada que es.
- Riete tú de las bodas dothraki.
- Pero a parte de eso...
- ¿Qué?
- Poca cosa. Que si trabajo, que si películas, que si leer, que si partidas de rol...
- No es que tenga una vida muy interesante.
- A parte de lo del cadáver en la ducha.
- Menudo día le dio a A.
- Si es que se mete en unos fregados...
- Y todo por no saber ruso.
- O lo de la cabeza de Hitler.
- Qué risa aquel día...
- Madre del amor hermoso qué buen rato que pasamos entre la cabeza, la vaquilla y el aceite de coche.
- Sea como sea, y con contadas excepciones, no ha hecho nada de provecho.
- Pero ya tiene ordenador. 
- Sí, viejo, lento, cascado, estresado y pendiente de un hilo, pero ya tiene ordenador.
- Y volverá con sus tonterías de siempre.
- ¿Nos deberíamos alegrar, no?

- Supongo...


- Mañana vuelve, ¿no?
- Mañana... Fresco como una rosa y con ganas...
- Miedo me da...
- Na, mucho ladrar, pero nada. Hará lo de siempre.
- Y esperamos que esta vez le dure el ordenador.
- Por lo menos hasta fin de año.
- Por lo menos.