viernes, 7 de junio de 2013

"Los dientes de los ángeles" de Jonathan Carroll

Los dientes de los ángeles, Jonathan Carroll, La factoría de ideas, 2007

En mitad de sus vacaciones en Cerdeña, Ian McGann conoce a la Muerte en un sueño. Ésta promete responderle cualquier pregunta que formule, pero si él no consigue comprender sus respuestas, tendrá que pagarlo con la vida.
En los Ángeles, la actriz Arlen Ford ha dejado de ser feliz. Lo abandona todo y se traslada a Austria, donde encuentra a un apasionado corresponsal de guerra. Desde el principio, Arlen se da cuenta de que se trata del hombre al que ha estado esperando toda la vida.
Y en Viena, Wyatt Leonard, enfermo terminal, descubre de repente que posee el poder de resucitar a los muertos. La convergencia de estos tres destinos conforma el núcleo de esta novela audaz y provocativa.

Los dientes de lo ángeles no es una novela agradable ni una historia que pueda gustar a todo el mundo. No hay un argumento fijo ni lineal. Y, por momentos, parece que no hay más historia que las cartas que cruzan medio mundo entre personas heridas y enfermas. Y la presencia de una muerte que responde preguntas y si no las comprendes, te deja cicatrices por lo que te quede de vida. No es tampoco una de las mejores novelas de Jonathan Carroll. En mi opinión le faltan unas pocas páginas que para desarrollar algunas de las ideas y lospersonajes de la trama. Y en algún punto peca en algún momento de estática y discursiva.

Pero todo eso no cuenta ante una historia que me resulta fascinante. El discurso de Jonathan Carroll ejerce un poder hipnótico y durante las horas que me duran sus novelas estoy en un estado de suspenso. La forma de hacer que lo fantástico (en este caso la presencia de la Muerte) inunde la cotidianidad sin que chirríen resortes ni la credibilidad del relato. La novela es casi en su totalidad conversaciones y largas carta entre los personajes. La acción casi en su totalidad se encuentra en diferido lo que da al relato un aire fantasmagórico, inasible y casi intangible.

Buenos personajes, en especial Arlen y Wyatt. El lector se los hace suyo pronto y los acompaña en una historia que versa sobre la enfermedad y la muerte. No es agradable. Una historia que habla de SIDA, de cáncer y de los pocos minutos que nos quedan. Sobre el miedo a morir, a sufrir y a que eso llegará pronto. No es una lectura feliz y tiene uno de los giros argumentales más crueles que he leído en tiempo. Cuando la novela parece que no conduce a ninguna parte, un par de páginas y todo cobra sentido. Como lector me vi sobrecogido y pensé que Jonathan Carroll era un hijoputa por hacerle eso a los personajes y por añadidura, al lector. Como comprenderéis no me extiendo en este punto.

La Muerte es el centro y un personaje más. Pero no nos encontramos con una representación antropomórfica como la encantadora Muerte de los cómics de Sandman o la pragmática y profesional Muerte de Mundodisco. Es otra visión. Más negra, más dura y mucho más terrible. No es complaciente ni conforta.

Y es una novela sobre el amor, claro. Sobre el sacrificio, la pasión y el amor hacia otra persona. Ya sea pareja, familia o amigo. Y, claro, al final de todo, cuando no queda nada, es el amor lo que nos salva.

Los dientes de los ángeles es una buena novela no tan apasionante o deslumbrante como otras del mismo autor, pero que resulta fascinante a la par que terrible. No la recomiendo a todo el mundo. No es un relato de fantasía al uso y no es una lectura ni fácil ni complaciente. Y eso es precisamente lo que a mí como lector más me ha gustado. Es exigente, dura, algo arisca para conducirte por medio de una historia terrible hasta un final duro con un punto de fugaz esperanza que solo tienen los locos y los niños.

Sea como sea, un autor que merece la pena conocer.

Otras opiniones
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3 comentarios:

  1. OH oh me intriga *____* se ve bastante interesante!

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    1. Lo es. No es de lo mejor del autor, pero es una forma algo diferente de encarar lo fantástico. Eso sí, es muy deprimente.

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  2. Leí esta novela cuando tenía 16, y no podía creer que se vendiera algo como fantástico cuando lo único que hacía el libro era ironizar con la realidad y presentarla de la forma más cruenta posible, algo muy común y real por cierto. No basta con encarnar a la muerte y hacerla un personaje más, para que lo maravilloso se produzca. Aún conservo esa impresión.

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