... de forma indefinida. ¿El motivo? Nos hemos quedado sin ordenador. Después de seis años de leal y diario servicio, el ordenador de casa ha pasado a mejor vida dejándonos desamparados y sin posibilidad de actualizar o ver vídeos tontos por internés. Desconocemos la duración de esta interrupción porque no está el horno para otro ordenador.
En todo caso esperamos que no se demore mucho.
Estad atentos a vuestras pantallas. Volveré.
"La era de Drácula" de Kim Newman
La era de Drácula, Kim Newman, Alamut, 2010
Creo que en algunos países está prohibido pasárselo tan bien con un libro.
1885. Van Helsing y sus compañeros no consiguen derrotar al monstruo conocido como Drácula. Por ese funesto error, su cabeza está en una pica frente al palacio de Buckingham. Drácula se ha convertido en el príncipe consorte, se puede encontrar a sus enemigos empalados por las calles de Londres, la nobleza se vampiriza imitando a la casa real y las clases bajas hacen lo mismo. Poco a poco los llamados "cálidos" lo tienen más difícil para tener una vida algo normal y los vampiros de clase más baja están cada vez más degradados. Pero entonces una serie de horribles crímenes sacude Londres; un asesino que descuartiza a prostitutas vampiras en el barrio de Whitechapel y al que bautizan Cuchillo de plata y amenaza con desestabilizar el nuevo sistema social.
Después de la intensidad emocional y literaria que me supuso la lectura de Ante el espejo de Veniamín Kaverin (novela de la que hablaré en cuanto me haya recuperado) necesitaba puro escapismo, juego y entretenimiento. Y rebuscando en la biblioteca de casa entre los centenares de volúmenes que dormitan en los anaqueles, me encuentro con el libro que A. me compró el pasado Sant Jordi. Drácula, el Destripador y un escritor que con todo lo que he leído de él me lo ha hecho pasar muy bien (una reseña de su obra, aquí). Pues venga. Y en un par de días, leída. Después de la intensidad rusa, la diversión, el escapismo, la sátira de tintes algo gruesos, el pastiche, la referencia y la innegable calidad de la propuesta de Kim Newman era justo lo que necesitaba. Lo dicho, y pese a todos los peros que se le pueden poner a La era de Drácula, qué bien me lo he pasado.
Kin Newman nos presenta una realidad alternativa, una dimensión donde la frontera entre la época victoriana real y la literaria han desaparecido y se han convertido en un todo. Donde Lestrade y Abberline comparten oficina en Scotland Yard, donde encontramos a un vampirizado Oscar Wilde en una fiesta o contamos con la ayuda de los extraños doctores en medicina Jekyll y Moreau para investigar unos crímenes. Y pese a que en algún momento la referencia, el personaje o el juego cae en lo gratuito y no acaba de aportar a la historia, me gustaría destacar de esta propuesta lo natural y "realista" que acaba siendo el resultado. Funciona. Y funciona muy bien. Como lector que me ha resultado ni raro ni forzado, sino que este universo alternativo discurre con una normalidad apabullante. Y esto se consigue gracias a que se percibe
1. El amor que Kim Newman tiene por la novela de terror, la novela decimonónica y toda una época literaria que dio al mundo verdaderas obras de arte de cuya influencia aun estamos empapados (no es solo Drácula, tambien son las obras de Stevenson, de H.G. Wells, de Le Fanu, Wilde, Shaw, Potter, Conan Doyle, etc.). Y por la figura del conde, cuya presencia en la novela se reduce a un solo capítulo, pero cuya sombra domina cada una de las páginas.
2. El profundo conocimiento de la época victoriana en sus niveles políticos y sociales. Y sus contradicciones, claro. Los movimientos religiosos, reformistas. Los profundos abismos de diferencias de clase, etc.
3. Pese a alguna vacilación, algún diálogo algo forzado, algún vacío narrativo, lo excelente de la prosa de Newman conjugando todos estos factores en un pastiche narrativo que funciona con naturalidad y en la creación de una novela muy divertida y entretenida que funciona a muchos niveles; el homenaje, la parodia, la novela de terror, la sátira social y literaria, etc.
Lo estupendo de esta novela es que no se queda en el mero juego de referencias, sino que construye una historia muy interesante que le sirve para hablar del racismo, la explotación, la ignorancia o la superstición. Una investigación, unos crímenes, una reimaginación histórica y literaria.
Y la siempre fascinante Geneviève Sandrine d'Isle Dieudonné, una prima lejana de aquella otra Geneviève Dieudonné que aparece en las novelas de Warhammer. Una vampira antigua con un cuerpo de dieciséis años proviniente de un linaje vampírico que la aleja de Drácula (interesante la idea de diferentes linajes de vampiros siendo el del conde el más corrupto y degradado). ¿Algo gratuito nombrar a este personaje cuando no menciono a ningún otro? Sí, pero es que tengo debilidad por este carácter en cualquiera de sus encarnaciones.
La era de Drácula es una divertida, entretenida y muy fascinante novela de aventuras que sabre recrear y jugar con una época histórica y literaria. Un puro entretenimiento de género excelentemente construido que me ha proporcionado una excelente horas de diversión. Si no me extiendo más en personajes y trama es por el convencimiento de que quien quiera adentrarse en esta obra tiene que hacerlo sin saber mucho de ella para irse topando con las sorpresas, los giros y con una historia mínima que se mantiene muy bien. Una buena novela vampírica y un excelente entretenimiento de uno de esos autores que me gusta seguir de cerca y que me caen la mar de bien.
Y solo me queda pedir a Alamut que se lance a la reedición de El sangriento barón rojo y la publicación de Judgement of tears para completar esta trilogía sobre Drácula (tranquilos, de lectura independiente), así como las novelas del Club Diogenes o, qué demonios, cualquier cosas de Newman. Con su obra la diversión está asegurada.
Otras opiniones
Sagacómic
Fantasy mundo
Creo que en algunos países está prohibido pasárselo tan bien con un libro.
1885. Van Helsing y sus compañeros no consiguen derrotar al monstruo conocido como Drácula. Por ese funesto error, su cabeza está en una pica frente al palacio de Buckingham. Drácula se ha convertido en el príncipe consorte, se puede encontrar a sus enemigos empalados por las calles de Londres, la nobleza se vampiriza imitando a la casa real y las clases bajas hacen lo mismo. Poco a poco los llamados "cálidos" lo tienen más difícil para tener una vida algo normal y los vampiros de clase más baja están cada vez más degradados. Pero entonces una serie de horribles crímenes sacude Londres; un asesino que descuartiza a prostitutas vampiras en el barrio de Whitechapel y al que bautizan Cuchillo de plata y amenaza con desestabilizar el nuevo sistema social.
Después de la intensidad emocional y literaria que me supuso la lectura de Ante el espejo de Veniamín Kaverin (novela de la que hablaré en cuanto me haya recuperado) necesitaba puro escapismo, juego y entretenimiento. Y rebuscando en la biblioteca de casa entre los centenares de volúmenes que dormitan en los anaqueles, me encuentro con el libro que A. me compró el pasado Sant Jordi. Drácula, el Destripador y un escritor que con todo lo que he leído de él me lo ha hecho pasar muy bien (una reseña de su obra, aquí). Pues venga. Y en un par de días, leída. Después de la intensidad rusa, la diversión, el escapismo, la sátira de tintes algo gruesos, el pastiche, la referencia y la innegable calidad de la propuesta de Kim Newman era justo lo que necesitaba. Lo dicho, y pese a todos los peros que se le pueden poner a La era de Drácula, qué bien me lo he pasado.
Kin Newman nos presenta una realidad alternativa, una dimensión donde la frontera entre la época victoriana real y la literaria han desaparecido y se han convertido en un todo. Donde Lestrade y Abberline comparten oficina en Scotland Yard, donde encontramos a un vampirizado Oscar Wilde en una fiesta o contamos con la ayuda de los extraños doctores en medicina Jekyll y Moreau para investigar unos crímenes. Y pese a que en algún momento la referencia, el personaje o el juego cae en lo gratuito y no acaba de aportar a la historia, me gustaría destacar de esta propuesta lo natural y "realista" que acaba siendo el resultado. Funciona. Y funciona muy bien. Como lector que me ha resultado ni raro ni forzado, sino que este universo alternativo discurre con una normalidad apabullante. Y esto se consigue gracias a que se percibe1. El amor que Kim Newman tiene por la novela de terror, la novela decimonónica y toda una época literaria que dio al mundo verdaderas obras de arte de cuya influencia aun estamos empapados (no es solo Drácula, tambien son las obras de Stevenson, de H.G. Wells, de Le Fanu, Wilde, Shaw, Potter, Conan Doyle, etc.). Y por la figura del conde, cuya presencia en la novela se reduce a un solo capítulo, pero cuya sombra domina cada una de las páginas.
2. El profundo conocimiento de la época victoriana en sus niveles políticos y sociales. Y sus contradicciones, claro. Los movimientos religiosos, reformistas. Los profundos abismos de diferencias de clase, etc.
3. Pese a alguna vacilación, algún diálogo algo forzado, algún vacío narrativo, lo excelente de la prosa de Newman conjugando todos estos factores en un pastiche narrativo que funciona con naturalidad y en la creación de una novela muy divertida y entretenida que funciona a muchos niveles; el homenaje, la parodia, la novela de terror, la sátira social y literaria, etc.
Lo estupendo de esta novela es que no se queda en el mero juego de referencias, sino que construye una historia muy interesante que le sirve para hablar del racismo, la explotación, la ignorancia o la superstición. Una investigación, unos crímenes, una reimaginación histórica y literaria.
Y la siempre fascinante Geneviève Sandrine d'Isle Dieudonné, una prima lejana de aquella otra Geneviève Dieudonné que aparece en las novelas de Warhammer. Una vampira antigua con un cuerpo de dieciséis años proviniente de un linaje vampírico que la aleja de Drácula (interesante la idea de diferentes linajes de vampiros siendo el del conde el más corrupto y degradado). ¿Algo gratuito nombrar a este personaje cuando no menciono a ningún otro? Sí, pero es que tengo debilidad por este carácter en cualquiera de sus encarnaciones.
La era de Drácula es una divertida, entretenida y muy fascinante novela de aventuras que sabre recrear y jugar con una época histórica y literaria. Un puro entretenimiento de género excelentemente construido que me ha proporcionado una excelente horas de diversión. Si no me extiendo más en personajes y trama es por el convencimiento de que quien quiera adentrarse en esta obra tiene que hacerlo sin saber mucho de ella para irse topando con las sorpresas, los giros y con una historia mínima que se mantiene muy bien. Una buena novela vampírica y un excelente entretenimiento de uno de esos autores que me gusta seguir de cerca y que me caen la mar de bien.
Y solo me queda pedir a Alamut que se lance a la reedición de El sangriento barón rojo y la publicación de Judgement of tears para completar esta trilogía sobre Drácula (tranquilos, de lectura independiente), así como las novelas del Club Diogenes o, qué demonios, cualquier cosas de Newman. Con su obra la diversión está asegurada.
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Sagacómic
Fantasy mundo
"Embassytown" de China Miéville
Embassytown, China Miéville, Fatascy, 2013Primer acercamiento al universo literario de China Miéville, un autor del que llevo mucho tiempo oyendo hablar y que amigos, clientes de la librería y lectores me recomiendan una y otra vez. ¿Por qué no lo he leído antes? Ni idea. ¿Tendría que haberles hecho caso? Sin duda, porque la lectura de Embassytown ha sido una de las que más he disfrutado en los últimos meses.
Siguiendo lo que es cada día más costumbre en este blog, cuatro pinceladas del argumento. Un planeta fronterizo entre el universo conocido y lo desconocido. Una ciudad que funciona como embajada. Un frágil equilibrio entre los llegados y los indígenas, conocidos como Anfritiones. Un extraño idioma que solo hablan unos pocos humanos genéticamente modificados llamados Embajadores. El discurso de un nuevo embajador que lo cambia todo.
Hay que entrar en esta novela con la menor información posible para que la maravilla estalle en todo su esplendor y que las expectativas no empañen el desarrollo de un argumento que roza lo perfecto. Eso hice yo y ha sido entrar en un viaje duro, por momento extenuante, pero que resulta feliz, estimulante y apasionante. Y sabiendo que China Miéville no lo pone fácil. No puedo estar más de acuerdo con lo que escribe la amiga Sub_Zero en la reseña que hizo de esta novela en su blog.
"(...) la experiencia de sumergirse en las abismales profundidades de Embassytown es la misma que la de lanzarse al vacío desde un avión sin paracaidas."
No solo viajamos al confín del universo conocido, sino que entramos de ello en una nuevo mundo, en una estructura social que desconocemos y en un uso de la lengua y el lenguaje que resulta árido y críptico al lector. Miéville no se entretiene en explicar qué significan los nuevos términos, cómo se configura la ciudad, cuáles son las relaciones políticas, sociales, etc., de la ciudad. La narradora de la novela conoce todo eso y es lógico que no lo explique en su relato ya que va destinado a lectores familiarizados con ese universo. Pero el lector no lo está. Y puede provocar extrañeza y rechazo. Y fascinación.
La novela espera, pide y exige la colaboración del lector, su participación activa para desentrañar el lenguaje y entender de qué hablan, a qué se refieren y conseguir aprehender el complejo universo del autor. Y esta "dificultad" redunda en el beneficio que el lector extrae de la novela y en su propio argumento. Embasytown es una novela sobre el lenguaje y como éste puede unir y separa a razas, personas y universos. Una reflexión sobre los límites del lenguaje, su superación y su refundación.Y todo por medio de unos personajes bien perfilados, un argumento duro y cohesionado que presenta giros y sorpresas que resultan fascinantes y apasionantes. El lenguaje, la política, el colonialismo, las relaciones personales, son algunos de los temas que trata esta compleja novela. Además de una de las más brillantes y hermosas reflexiones sobre la verdad y la mentira (y por añadidura de la creación literaria) que me he encontrado en mucho tiempo. Una novela de temas complejos y muy bien ensamblados con el desarrollo y el argumento. Porque además de todo eso, Embassytown resulta una novela altamente adictiva y muy entretenida.
Embassytown es un ejemplo perfecto de la grandeza de un género como la ciencia ficción y de una novela que puede gustar tanto a los aficionados al género como a los que no les interesa. Trasciende el género y se convierte en una gran obra literaria. Una novela para aquellos que buscan ese algo más en una historia que hace que sigamos leyendo libro tras libro.
Una grandísima novela.
Realmente cuando una novela me apasiona se me nota.
Otras opiniones
Generación reader
La estanteria de Ithil
Galletas chinas
Sense of wonder
"La sociedad Juliette" de Sasha Grey
La sociedad Juliette, Sasha Grey, Grijalbo, 2013
La societat Juliette, Sassha Grey, Rosa dels vents, 2013
Esta novela la he leído única y exclusivamente por quien la ha escrito. Si la autora de esta historia fuera Jane World, Linda Hammerchichi o la Antonia la de la calle arriba, mi interés por ella no habría pasado de leer la contraportada, buscar alguna escena picantona entre las página y colocarla en la mesa de novedades.
Pero la autora se llama Sasha Grey y la curiosidad por ver qué ha escrito una de mis actrices porno favorita, un personajes que me interesa y quien me proporcionó la entrada más visitada de la historia en mi blog de Mil matices de gris (ésta), alguien retirado de la indutria del cine para adultos y que empieza a trabajar en el convencional, que se declara fan de Herzog, Joy Division o Goddard y debuta en la narrativa con una novela erótica que promete fuertes emociones, hace que la pille y le dedique una lectura sin muchas expectativas, pero sí mucha curiosidad. Y así ha sido. Leída en menos de veinticuatro horas y dejando una sensación muy ambivalente. Lo que podría haber sido y lo que es. Lo que ambicionaba y en lo que se ha quedado.
Vayamos por partes.
¿De qué va? La sociedad Juliette no deja de ser una mezcla demasiado evidente de Belle de jour y Eyes wide shut (no descubro nada porque esto es explícito en la novela). La historia de una chica insatisfecha con su pareja que gracias a un cicerone (la figura de la amiga) descubre un mundo de lujuria donde los deseos más extremos se hacen realidad gracias a entrar en contacto con una extraña sociedad, la tal Juliette. Nada muy original, pero tampoco es lo que andamos buscando.
Y así empieza una novela erótica repleta de referencias culturales, homenajes cinéfilos, citas a Foucoult o Kinsey, un poco de Sade y de O, escenas sexuales explícitas donde abundan las descripciones de jugos y salivazos. Con un estilo pobre y algo ramplón que intenta ser Palaniuk, pero sin llegar al irónico nihilismo del autor de Asfixia. Donde la realidad de nuestra protagonista, Catherine, se ve empañada con sus fantasías. Lo que imagina y su día a día. La obsesión con su profesor en la univerdad de cine. Sus masturbaciones soñando con lo que desearía que su desganado novio le hiciera. La atracción que siente hacia su amiga Anna. Reflexiones sobre el deseo, la fantasía, el amor, el sexo. Algo pedantes, pero con un poso interesante. No es una gran novela, pero ese aire que va adquiriendo onirista hace que la historia gane puntos. Y las escenas sexuales son intensas, sucias y vívidas. La sociedad Juliette no aparece por ninguna parte y el lector no se acuerda de ella. Más interesado en esa maraña de fantasías que va tejiendo sobre su vida Catherine. Lo dicho, no hay estilo ni está especialmente bien escrita, pero funciona por la naturalidad del sexo, lo cultureta de la narración, lo vívido del sexo y el morbo que desprende las vivencias de Catherine.
Pero a mitad de novela me cambían la historia. Y en mi opinión, naufraga. Porque a lo que era una simple novela erótica sobre la fantasía, la realidad y la insatisfacción se intenta dotar de una intriga y de profundad que la conduzca a ser una reflexión sobre el poder, la impunidad de los poderosos y otros temas a los que ya no presté mucha atención. Y esta parte no funciona porque poco de lo que hay en ella estaba preparado en las páginas anteriores, porque el tono no acaba da cuajar y por una estructura poco trabajada. Si la intención era hacer una novela con "algo más" que una simple sucesión de excenas sexuales, hubiera necesitado más trabajo, más cocción y más cuidado.
Y al final todo esto se acaba diluyendo en nada. Porque la intriga es poca cosa, porque no está bien llevada y no resulta creíble. Esa reflexión final sobre el poder y la impunidad de quien lo sustenta no encaja bien con las páginas precedentes y como lector no dejé de preguntarme a qué venía todo esto. Supongo que dotar a la historia de mayores matices y más profundidad que la de ser una simple colección de escenas sexuales, pero no funciona. ¿Problema? Estructura y planteamiento. Y no quiero profundizar más porque acabaría cayendo en los spoilers y no quiero destruirle la historia a nadie.
En mi opinión La sociedad Juliette es una historia fallida con algún momento interesante. Un simpático refrito y pastiche de películas y novelas que no acaba de cuajar del todo. Es corta, entretenida y, aunque no es una maravilla, mucho mejor escrita que otras historias eróticas de ventas millonarias. ¿La recomendaría? A los curiosos, a los muy fans de la novela erótica, a los que se divierten rastreando referencias entre escenas sexuales. A los que busquen una buena novela, no tanto.
Eso sí, entretenida lo es un rato y tiene un par de escenas sexuales que funcionan muy bien, de las que invitan a sostener el libro con una sola mano.
La societat Juliette, Sassha Grey, Rosa dels vents, 2013
Esta novela la he leído única y exclusivamente por quien la ha escrito. Si la autora de esta historia fuera Jane World, Linda Hammerchichi o la Antonia la de la calle arriba, mi interés por ella no habría pasado de leer la contraportada, buscar alguna escena picantona entre las página y colocarla en la mesa de novedades.
Pero la autora se llama Sasha Grey y la curiosidad por ver qué ha escrito una de mis actrices porno favorita, un personajes que me interesa y quien me proporcionó la entrada más visitada de la historia en mi blog de Mil matices de gris (ésta), alguien retirado de la indutria del cine para adultos y que empieza a trabajar en el convencional, que se declara fan de Herzog, Joy Division o Goddard y debuta en la narrativa con una novela erótica que promete fuertes emociones, hace que la pille y le dedique una lectura sin muchas expectativas, pero sí mucha curiosidad. Y así ha sido. Leída en menos de veinticuatro horas y dejando una sensación muy ambivalente. Lo que podría haber sido y lo que es. Lo que ambicionaba y en lo que se ha quedado.
Vayamos por partes.
¿De qué va? La sociedad Juliette no deja de ser una mezcla demasiado evidente de Belle de jour y Eyes wide shut (no descubro nada porque esto es explícito en la novela). La historia de una chica insatisfecha con su pareja que gracias a un cicerone (la figura de la amiga) descubre un mundo de lujuria donde los deseos más extremos se hacen realidad gracias a entrar en contacto con una extraña sociedad, la tal Juliette. Nada muy original, pero tampoco es lo que andamos buscando.Y así empieza una novela erótica repleta de referencias culturales, homenajes cinéfilos, citas a Foucoult o Kinsey, un poco de Sade y de O, escenas sexuales explícitas donde abundan las descripciones de jugos y salivazos. Con un estilo pobre y algo ramplón que intenta ser Palaniuk, pero sin llegar al irónico nihilismo del autor de Asfixia. Donde la realidad de nuestra protagonista, Catherine, se ve empañada con sus fantasías. Lo que imagina y su día a día. La obsesión con su profesor en la univerdad de cine. Sus masturbaciones soñando con lo que desearía que su desganado novio le hiciera. La atracción que siente hacia su amiga Anna. Reflexiones sobre el deseo, la fantasía, el amor, el sexo. Algo pedantes, pero con un poso interesante. No es una gran novela, pero ese aire que va adquiriendo onirista hace que la historia gane puntos. Y las escenas sexuales son intensas, sucias y vívidas. La sociedad Juliette no aparece por ninguna parte y el lector no se acuerda de ella. Más interesado en esa maraña de fantasías que va tejiendo sobre su vida Catherine. Lo dicho, no hay estilo ni está especialmente bien escrita, pero funciona por la naturalidad del sexo, lo cultureta de la narración, lo vívido del sexo y el morbo que desprende las vivencias de Catherine.
Pero a mitad de novela me cambían la historia. Y en mi opinión, naufraga. Porque a lo que era una simple novela erótica sobre la fantasía, la realidad y la insatisfacción se intenta dotar de una intriga y de profundad que la conduzca a ser una reflexión sobre el poder, la impunidad de los poderosos y otros temas a los que ya no presté mucha atención. Y esta parte no funciona porque poco de lo que hay en ella estaba preparado en las páginas anteriores, porque el tono no acaba da cuajar y por una estructura poco trabajada. Si la intención era hacer una novela con "algo más" que una simple sucesión de excenas sexuales, hubiera necesitado más trabajo, más cocción y más cuidado.
Y al final todo esto se acaba diluyendo en nada. Porque la intriga es poca cosa, porque no está bien llevada y no resulta creíble. Esa reflexión final sobre el poder y la impunidad de quien lo sustenta no encaja bien con las páginas precedentes y como lector no dejé de preguntarme a qué venía todo esto. Supongo que dotar a la historia de mayores matices y más profundidad que la de ser una simple colección de escenas sexuales, pero no funciona. ¿Problema? Estructura y planteamiento. Y no quiero profundizar más porque acabaría cayendo en los spoilers y no quiero destruirle la historia a nadie.
En mi opinión La sociedad Juliette es una historia fallida con algún momento interesante. Un simpático refrito y pastiche de películas y novelas que no acaba de cuajar del todo. Es corta, entretenida y, aunque no es una maravilla, mucho mejor escrita que otras historias eróticas de ventas millonarias. ¿La recomendaría? A los curiosos, a los muy fans de la novela erótica, a los que se divierten rastreando referencias entre escenas sexuales. A los que busquen una buena novela, no tanto.
Eso sí, entretenida lo es un rato y tiene un par de escenas sexuales que funcionan muy bien, de las que invitan a sostener el libro con una sola mano.
"Seguros mortales" de Claudia del Moral. Quinta entrada
(pincha sobre el enlace)
- ¿Qué ha pasado, Derrota? - volvió a preguntar Álex mirando a su alrededor. La sangre, la suciedad, el desorden.
- No lo sé... - ¿Qué le podía decir? ¿Qué una especia de monstruo me había atacado en casa? ¿Qué ese monstruo había dicho que le había pagado para atacarme? ¿Que me habían perseguido y que había acabado en esta casa sosteniendo parte de la cabeza de Fred? No me creería. ¿Y podía culparlo? Los monstruos no existían y, además, ¿quién querría hacerme daño? -. Había salido a dar un paso por el lago, oí ruido, me asusté, vi la casa de Fred y cuando entré... fue una pesadilla.
- Pero, ¿estás bien? - dijo arrodillándose a mi lado y envolviéndome en sus enormes y fuertes brazos - ¿Sabes quien ha sido?
Un monstruo que solo existe en las novelas románticas.
- No vi a nadie... unos críos, seguro. Ya sabes como son los niños de este pueblo con sus bromas.
- Entiendo. Lo más importante es que tú estás bien. Luego hablamos - y me apretó el hombro de esa forma tan cariñosa que tenía cuando de pequeño él veía un foto de animales vestidos con ropa humana y rompía a llorar. Es tan humillante para ellos, decía.
Alcé la mirada y lo vi mirándome con una sonrisa en los labios.
- Te he echado mucho de menos, Derro.
- ¿Qué dices, loco? Estoy horrible - dije -. Necesito con urgencia un peine y una ducha.
- ¿Qué dices, Derro? Estás preciosa.
- Bobo - pero no pude evitar que una sonrisa floreciera en mis labios. Parece que a pesar del tiempo, la distancia y el hacha seguimos siendo amigos. Con una mirada busqué un abrazo. Después de todo lo que había pasado, necesitaba un hombro amigo en el que llorar, refugiarme y no pensar en los ojos de Viktor. Álex me entendió sin que entre nosotros necesitara mediar una palabra y abrió sus brazos. Pero ese abrazo que tanto necesitaba nunca tuvo lugar.
- ¿Qué tienes en las manos?
- Oh, esto, es un trozo de la cabeza de Fred. Se le desprendió...
- ¡Dios mío, Fred! Me había olvidado de él. Eres una mala influencia, Derro. Haces que se me olvide mi trabajo - Me dejó sin abrazo para acercarse al cadáver del viejo loco. Todos me acababan dejando siempre -. El bueno de Fred...
Se acuclilló al lado del cuerpo de Fred y le puso dos dedos en el cuello. Frunció el ceño.
- Que extraño... - musitó.
Acercó su rostro al pedazo de nariz que aun se aguantaba en la cara del viejo que me había arrebatado a mi amigo.
- Aun respira...
- ¿Qué? - pregunté mientras hacía una pelota con mi orgullo herido y me lo tragaba.
- Rápido, acércame ese trozo de cabeza que tienes. ¡Fred aun respira! No puede ser... Parece imposible, pero creo que todavía tiene una posibilidad.
Mientras le acercaba la cabeza que antes había estado acunando como la muñeca que nunca tuve de niña, oí como Álex llamaba a los servicios de emergencia pidiendo una ambulancia, refuerzos y una esteticiene. ¿Tan horrible estaba?
- Toma.
- Gracias, Derro.
- Derrota.
- ¿Qué?
- Me llamo Derrota. Nadie me llama Derro. Ya no soy una niña.
- Perdona.
Tomo con mucho cuidado la mitad de la cabeza de Fred que le había dado y la observó con detenimiento. Sabía muy bien lo que Álex estaba intentado hacer. Era complicado, pero era una posibilidad de salvar a Fred de una muerte casi segura y de evitar que su perro se quedará sin dueño.
- Derrota, necesito que tomes a Fred de una de sus manos.
- ¿Cuál? Ambas están sucias. No quiero estropear nada.
- Cualquiera. No importa.
- Contaré hasta cinco y que sea lo que dios quiera.
Con una precisión casi de cirujano, Álex reunió en un solo ser las dos parte de la cabeza de Fred intentando que venas, nervios, cerebro y carne coincidieran. Era complicado porque parte de lo que había sido ese viejo bobo que me levantaba la falda cuando era niña y quería comprarme besos a cambio de caramelos estaba por las paredes, en el suelo o en mi ropa, pero si conseguíamos que la mayor parte de tejido volviera a conectarse, tendría alguna posibilidad. Aunque no lo dijéramos, ambos éramos conscientes de que una operación como esta requeriría una equipo médico especializado y un par de horas de operación por delante, pero no teníamos ni una cosa ni otra. O lo hacíamos ahora, o Fred pronto no sería más que olvido y heces de gusano. Y si conseguíamos salvarlo, quizá no fuera totalmente el de antes y empezara a olvidar el orden de los días de la semana. cambiar el canal del televisor o que el papel higiénico se utiliza antes y no depués, pero mejor eso que vivir con media cabeza sin poder subir a una noria por miedo a que en una vuelta algo brusca se cayera el cerebro. Lo único que me preocupaba era que si Fred se recuperaba, ¿confirmaría mi historia o descubriría ante Álex que había dicho una pequeña mentira?
¿Por qué todo era tan complicado?
- Vale - dijo Álex después de unos minutos -. Conseguido. Mira, Derrota, vuelve a parpadear.
Los viejos y cansados ojos de Fred volvían a abrirse y cerrarse a un mundo del que no quería partir.
- Hola Fred, viejo loco.
- Nimbbbwsaw...
- Ssssh. No hables -. ¿Qué habría querido decir? ¿Qué el monstruo lo había traído yo?
- Derrota, necesitamos aguantarle la cabeza mientras vienen los servicios de emergencia. Quítame el cinturón de los pantalones.
- ¿Qué?
- Necesito que me quites el cinturón.
- Pero...
- Por favor, es la única forma.
¿Por qué Álex me pedía aquello? ¿Acaso quería aprovecharse de mí? A lo mejor he vivido en lugares exóticos y sensuales como Bali o Vilanova del Camí, pero aun seguía siendo una decente chica de pueblo. No pensaba hacerlo. Nunca había tocado a un hombre de cintura para abajo y no iba a empezar ahora. Pero fue una mirada, una simple mirada del bueno de Fred suplicando que le ayudara a acabar sus años en este mundo entero lo que consiguió que me armara de valor, suspirara con fuerza y extendiera mis manos hacia los bajos de Álex.
- No sé si podré, Álex. ¿Y si te hago daño?
- Por favor, Derrota. Confío en ti. Solo tienes que soltarlo. Funciona igual que un cinturón femenino. Necesitamos sujetarle la cabeza a Fred con alguna cosa que impida que se le caiga la cabeza y mi cinturón es la única forma. Te necesitamos.
- Sionfosssss.
Inspiré y busqué todo el valor que llevaba oculto en ese rincón de mi interior que está entre mi corazón y mis pechos, el apartamento de mi albma. Empecé a desabrocharle el cinturón. Tenía razón, era igual que desabrochar uno de los míos. Entonces, ¿por qué estaba tan nerviosa? Lo supe en el momento en que sin querer acaricié un extraño bulto que tensaba sus pantalones de policía. Fue sin querer, una leve caricia con el dorso de la mano, como quien acaricia de forma inconsciente la suave piel de un melocotón en la frutería, pero aquel bulto reaccionó como si a un gatito le hubiera enseñado una paloma herida. Seguí forcejeando con el cinto, pero no cedía y no podía seguir acariciando, golpeando con suavidad, rozando aquel émulo de un perro de las praderas.
Álex gimió.
- Lo siento.
- Derrota - dijo.
- He dicho que lo siento - me disculpé con el rostro lleno de rubor -. Soy una torpe. ¿Te he hecho daño?
Lo mirá a la cara esperando encontrar la decepción pintada en sus ojos, pero solo me encontré con las pupilas dilatadas, los labios entreabiertos y pequeñas gotas de sudor en la frente.
- No pasa nada. Continua. Pero más suave, más tranquila...
Seguí luchando con el cinturón y sin querer continuaba rozando el bulto de Álex, cada vez más grande y redondo. Parecía que algo en su interior estuviera a punto de estallar. Como una gran burbuja de lodo.
- Está muy apretado.
Tiré, forcé, maldije, pero la hebilla no salía del agujero.
- Derrljlksjaaaa
- Ya vamos, Fred, ya vamos - dije.
- No era Fred - dijo Álex en un jadeo -. Era yo. Sigue.
En un último esfuerzo, tiré con fuerza de la hebilla y conseguí abrir el cinturón. Álex lanzó un pequeño grito que concluyó en un largo y lastimero suspiro.
- Ahora - dijo con voz entrecortada -. Pasa el cinturón alrededor de la cabeza de Fred por donde tiene la herida y aprieta con fuerza. Tenemos que hacer un semitorniquete; con fuerza, pero dejando que parte de la sangre circule con normalidad por la cabeza para que le vuelva a regar el cerebro. Así, muy bien. Ahora solo queda esperar que vengan los servicios de urgencia.
Dejamos recostado a Fred en el suelo.
- Te pondrás bien, viejo loco - le dije en un susurro acariciándole con cariño la mejilla.
A lo lejos, empezaron a oírse sirenas.
- Parece que ya están aquí - dijo Fred.
- Qué pena - dije con un suspiro - no hemos tenido la oportunidad de hablar un momento.
- Salgamos fuera. Aun tenemos unos minutos.
Era una noche fría. Intenté envolverme entre mis brazos para atrapar algo más de calor, pero resultó imposible. El tamaño absurdo de mis pechos impedían que pudiera cerrar el abrazo. Me sentía frustrada. Este pequeño contratiempo (sí, pequeño, ¡ja!) fue la gota que colmó el vaso y solo tenía ganas de llorar y refugiarme entre los huesudos y afilados brazos de mi abuelita como hacía las veces que me confundía con un gato y no me echaba a patadas de su regazo. Me sentía tan sola. Entonces sentí como la camisa de Álex se cerraba a mi alrededor. Me arrebujé en ella.
- Gracias.
Hizo un pequeño gesto, como si no le diera importancia.
- Gracias a ti. Por lo de antes.
- Soy una torpe.
- No, has estado muy bien. Muy delicada. Has hecho mucho bien a un hombre. Y has salvado la vida a Fred.
Se encontraba a mi lado, sin camisa en la fría noche, enseñando un poderoso y amplio pecho tapizado con una delicada alfombra de vello. Vaya, pensé, realmente barrilete ha cambiado. Es gracioso verlo así. Con tanto músculo, tanto pelo, tan seguro.
- Así que los rumores eran ciertos - dijo Álex rompiendo el silencio -. Has vuelto.
- Sí, hace meses.
Está guapo, pero no puedo dejar de pensar que dentro de él está aquel niño que se orinaba de miedo cada vez que hacía una imitación de su madre diciendo que o se acababa la cena o le encerraría en el armario con la bruja.
- Estás muy guapa.
- Calla, zalamero, y no seas mentiroso - me senté en el porche -. Estoy como siempre.
- Sí, como has sido siempre - dijo en un susurro mientras me miraba a los ojos. El frío de la noche le daban un brillo especial.
- ¿Y cómo te ha ido la vida, Álex? ¿O deberá decir agente Álex?
- Para ti siempre Álex y lo que quieras, Derro. Perdona, Derrota.
- No me hagas caso. Para ti siempre Derro, estaba algo cansada.
- Imagino que ha sido un golpe muy duro.
- Sí, no te lo puedes imaginar. Tanto ruido, tanta sangre, tanta suciedad. Y lo de Fred también ha sido muy desagradable.
- ¿Me vas a explicar qué ha pasado?
- Ya te lo he dicho. Oí ruido en la finca de Fred, me acerqué y, bueno, el resto es historia - sentía una inmensa vergüenza por mentir al que había sido mi mejor amigo.
- Te conozco y sé que algo me estás ocultado, pero no importa. Ya me lo contarás cuando estés preparada.
- Gracias, Álex.
- Ya vienen los servicios de emergencia.
Dos coches de policía, una ambulancia y una peluquera que trabajaba para las fuerzas del orden para casos de emergencia se pararon ante la puerta de Fred. Álex tomó con velocidad el control de la situación. Pidió una camisa y mando a los polis a que acordonaran la zona y empezaran a hacer cosas de esas con las huellas y todo lo demás. Los dos muchachos de la ambulancia pasaron por mi lado y me sonrieron e incluso oí como uno de ellos decía "has visto qué angel". Estúpidos, siempre encontraba estúpidos que se mofaban de mí. Y la peluquera vino conmigo y empezó a arreglarme el cabello.
Pero a los pocos minutos un nuevo vehículo entró en el jardín de Fred. Se abrieron las puertas y de él salieron tres hombres que con rapidez se internaron en la casa.
Del asiento del conductor salió un cuarto hombre.
Sus ojos me atraparon al primer vuelo.
Eran del color miel más dulce que había visto en mi vida.
No.
Viktor.
Paseó su masculina belleza hacía mí. En vez de mixtura y lisura, lo que en su amplio pecho parecía llevar era todo el aplomo y toda la arrogancia del universo.
- Hola, Derrota.
Esa voz que era un guante de terciopelo acariciando zonas prohibidas que solo visitaba con vergüenza y el señor Dodo, mi hamster disecado preferido.
- Hola.
- No te preocupes. No te pasará nada. Ya estoy aquí.
Alzó su poderosa mirada.
- ¿Quién está al mando? - dijo en voz alta.
Álex salió de la casa.
- Yo.
- Vaya - dijo Viktor con un deje de cansancio -. Tenía que ser usted, agente James.
- ¿Qué le trae por aquí Viktor? Pensaba que el puerta a puerta había dejado de ser una práctica habitual en el mundo de los seguros.
- Tomo el control de la investigación.
- ¿Qué? - exclamó Álex -. No pueden...
- Sí que puedo. Fred Williamson tenía contratado un seguro de todo riesgo con "Seguros inmortales" y según lo que dispone la ley 453/32 de 14 de abril de 2013 la policía no tiene jurisdicción en una investigación si la correduría o agencia de seguros dispone de servicios de investigación particulares. Y este es el caso.
- Pero...
- No hay peros. Dele a mis hombres toda la información que posea. Ahora el caso es nuestro. Usted no pinta nada.
Y sonrió.
En esa sonrisa se concentraba la fuerza, el poder, la astucia y la animalidad.
Y yo... yo...
Vergüenza me dio ser consciente de mis sentimientos, pero por primera vez en mi vida estaba...
Cachonda.
CONTINUARÁ...
"Los dientes de los ángeles" de Jonathan Carroll
Los dientes de los ángeles, Jonathan Carroll, La factoría de ideas, 2007
En mitad de sus vacaciones en Cerdeña, Ian McGann conoce a la Muerte en un sueño. Ésta promete responderle cualquier pregunta que formule, pero si él no consigue comprender sus respuestas, tendrá que pagarlo con la vida.
En los Ángeles, la actriz Arlen Ford ha dejado de ser feliz. Lo abandona todo y se traslada a Austria, donde encuentra a un apasionado corresponsal de guerra. Desde el principio, Arlen se da cuenta de que se trata del hombre al que ha estado esperando toda la vida.
Y en Viena, Wyatt Leonard, enfermo terminal, descubre de repente que posee el poder de resucitar a los muertos. La convergencia de estos tres destinos conforma el núcleo de esta novela audaz y provocativa.
Los dientes de lo ángeles no es una novela agradable ni una historia que pueda gustar a todo el mundo. No hay un argumento fijo ni lineal. Y, por momentos, parece que no hay más historia que las cartas que cruzan medio mundo entre personas heridas y enfermas. Y la presencia de una muerte que responde preguntas y si no las comprendes, te deja cicatrices por lo que te quede de vida. No es tampoco una de las mejores novelas de Jonathan Carroll. En mi opinión le faltan unas pocas páginas que para desarrollar algunas de las ideas y lospersonajes de la trama. Y en algún punto peca en algún momento de estática y discursiva.
Pero todo eso no cuenta ante una historia que me resulta fascinante. El discurso de Jonathan Carroll ejerce un poder hipnótico y durante las horas que me duran sus novelas estoy en un estado de suspenso. La forma de hacer que lo fantástico (en este caso la presencia de la Muerte) inunde la cotidianidad sin que chirríen resortes ni la credibilidad del relato. La novela es casi en su totalidad conversaciones y largas carta entre los personajes. La acción casi en su totalidad se encuentra en diferido lo que da al relato un aire fantasmagórico, inasible y casi intangible.
Buenos personajes, en especial Arlen y Wyatt. El lector se los hace suyo pronto y los acompaña en una historia que versa sobre la enfermedad y la muerte. No es agradable. Una historia que habla de SIDA, de cáncer y de los pocos minutos que nos quedan. Sobre el miedo a morir, a sufrir y a que eso llegará pronto. No es una lectura feliz y tiene uno de los giros argumentales más crueles que he leído en tiempo. Cuando la novela parece que no conduce a ninguna parte, un par de páginas y todo cobra sentido. Como lector me vi sobrecogido y pensé que Jonathan Carroll era un hijoputa por hacerle eso a los personajes y por añadidura, al lector. Como comprenderéis no me extiendo en este punto.
La Muerte es el centro y un personaje más. Pero no nos encontramos con una representación antropomórfica como la encantadora Muerte de los cómics de Sandman o la pragmática y profesional Muerte de Mundodisco. Es otra visión. Más negra, más dura y mucho más terrible. No es complaciente ni conforta.
Y es una novela sobre el amor, claro. Sobre el sacrificio, la pasión y el amor hacia otra persona. Ya sea pareja, familia o amigo. Y, claro, al final de todo, cuando no queda nada, es el amor lo que nos salva.
Los dientes de los ángeles es una buena novela no tan apasionante o deslumbrante como otras del mismo autor, pero que resulta fascinante a la par que terrible. No la recomiendo a todo el mundo. No es un relato de fantasía al uso y no es una lectura ni fácil ni complaciente. Y eso es precisamente lo que a mí como lector más me ha gustado. Es exigente, dura, algo arisca para conducirte por medio de una historia terrible hasta un final duro con un punto de fugaz esperanza que solo tienen los locos y los niños.
Sea como sea, un autor que merece la pena conocer.
Otras opiniones
Libro Génica
Bibliopolis
El posalibros
En mitad de sus vacaciones en Cerdeña, Ian McGann conoce a la Muerte en un sueño. Ésta promete responderle cualquier pregunta que formule, pero si él no consigue comprender sus respuestas, tendrá que pagarlo con la vida.
En los Ángeles, la actriz Arlen Ford ha dejado de ser feliz. Lo abandona todo y se traslada a Austria, donde encuentra a un apasionado corresponsal de guerra. Desde el principio, Arlen se da cuenta de que se trata del hombre al que ha estado esperando toda la vida.
Y en Viena, Wyatt Leonard, enfermo terminal, descubre de repente que posee el poder de resucitar a los muertos. La convergencia de estos tres destinos conforma el núcleo de esta novela audaz y provocativa.
Los dientes de lo ángeles no es una novela agradable ni una historia que pueda gustar a todo el mundo. No hay un argumento fijo ni lineal. Y, por momentos, parece que no hay más historia que las cartas que cruzan medio mundo entre personas heridas y enfermas. Y la presencia de una muerte que responde preguntas y si no las comprendes, te deja cicatrices por lo que te quede de vida. No es tampoco una de las mejores novelas de Jonathan Carroll. En mi opinión le faltan unas pocas páginas que para desarrollar algunas de las ideas y lospersonajes de la trama. Y en algún punto peca en algún momento de estática y discursiva.
Pero todo eso no cuenta ante una historia que me resulta fascinante. El discurso de Jonathan Carroll ejerce un poder hipnótico y durante las horas que me duran sus novelas estoy en un estado de suspenso. La forma de hacer que lo fantástico (en este caso la presencia de la Muerte) inunde la cotidianidad sin que chirríen resortes ni la credibilidad del relato. La novela es casi en su totalidad conversaciones y largas carta entre los personajes. La acción casi en su totalidad se encuentra en diferido lo que da al relato un aire fantasmagórico, inasible y casi intangible.
Buenos personajes, en especial Arlen y Wyatt. El lector se los hace suyo pronto y los acompaña en una historia que versa sobre la enfermedad y la muerte. No es agradable. Una historia que habla de SIDA, de cáncer y de los pocos minutos que nos quedan. Sobre el miedo a morir, a sufrir y a que eso llegará pronto. No es una lectura feliz y tiene uno de los giros argumentales más crueles que he leído en tiempo. Cuando la novela parece que no conduce a ninguna parte, un par de páginas y todo cobra sentido. Como lector me vi sobrecogido y pensé que Jonathan Carroll era un hijoputa por hacerle eso a los personajes y por añadidura, al lector. Como comprenderéis no me extiendo en este punto.
La Muerte es el centro y un personaje más. Pero no nos encontramos con una representación antropomórfica como la encantadora Muerte de los cómics de Sandman o la pragmática y profesional Muerte de Mundodisco. Es otra visión. Más negra, más dura y mucho más terrible. No es complaciente ni conforta.
Y es una novela sobre el amor, claro. Sobre el sacrificio, la pasión y el amor hacia otra persona. Ya sea pareja, familia o amigo. Y, claro, al final de todo, cuando no queda nada, es el amor lo que nos salva.
Los dientes de los ángeles es una buena novela no tan apasionante o deslumbrante como otras del mismo autor, pero que resulta fascinante a la par que terrible. No la recomiendo a todo el mundo. No es un relato de fantasía al uso y no es una lectura ni fácil ni complaciente. Y eso es precisamente lo que a mí como lector más me ha gustado. Es exigente, dura, algo arisca para conducirte por medio de una historia terrible hasta un final duro con un punto de fugaz esperanza que solo tienen los locos y los niños.
Sea como sea, un autor que merece la pena conocer.
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