Donde hablo de Vampire doll, una película japonesa de sustos que, oye, pues bien

Cada vez me interesa menos el cine actual.
No sé por qué ni me he parado a reflexionar por qué.
Me aburre. Quizá es que me estoy haciendo viejo, pero mis intereses actuales en cine van hacia atrás. Todo aquello que se hizo en los cincuenta, en los treinta, en el Japón de los setenta, los trescientos y pico slasher de los ochenta, etc. Y ver, encontrar y emocionarme con esa historia del cine que no nos han contado.

Hoy tenía un par de horas para ponerme delante del televisor y ver una película. Entre las cientos que tengo para ver, me decido por una de terror japones de la que tengo cero referencias, pero cuyos carteles me parecieron hermosísimos.


The vampire doll.
También conocida como Legacy of Dracula.
También conocida como Fear of the Ghost House: Bloodsucker Doll.
1970. Dirigida por un tal Michio Yamamoto y primera parte de una trilogía vampírica y cuyas partes veré en un futuro.
¿Y de qué va?
En una noche oscura y tormentosa un tipo llega a una casa buscando a su prometida. Le abre la puerta un criado jorobado y sordo y descubre para su consternación que ella ha muerto.
Y pasan cosas.
Una semana después a la misma casa llega la hermana del tipo y pasan más cosas.
¿El qué?
Pues cosas de susto muy poco japonesas.

Aunque por la imagen de una muchacha con los pelos en la cara parezca lo contrario.

Lo curioso de esta película de vampiros es que sus raíces no las hunde en el folclore japonés, si no que se nutre del goticismo de la Hammer, de las adaptaciones que Corman hizo de las novelas de Poe y de algún cuento de este mismo autor (la película podría entenderse como una versión muy libre de La verdad sobre el caso del señor Valdemar), de las historias terroríficas de Dan Curtis y, sobre todo, de Psicosis. Es una amalgama interesante.

¿Y qué tal la peli? Bien. Setenta minutos lo que tiene todo mi favor. Las apariciones de la chica vampira funcionan muy bien y crean un ambiente tenso y hermoso.


El goticismo de la propuesta es encantador (las sombras, la tormenta, los murciélagos, las telarañas...) y cuando se adentra en la propuesta de fantástico puro, funciona bien. Las partes donde los personajes hablan y hablan y hablan y desentrañan un misterio y buscan una explicación a lo que sucede pues no funcionan tan bien. 


Más ambiente y menos lógica porque si la lógica no funciona...

Me ha dejado con ganas de ver las otras partes de la trilogía y explorar con más atención el cine de terror japonés clásico y de la década de los setenta. 

Hay tanto cine por ver...

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