De lo bien que sienta leer una novela con aroma clásico y llena de dibujetes. "Atemporal" de Armand Baltazar


Han sido unos días estupendos.
No lo sabía, pero como lector necesitaba leer algo tan fresco y sencillo como Atemporal 1. Diego y los guardianes del Vastlántico que nos ha traído Hidra editorial; una aventura de sabor clásico donde están los buenos, están los malos y pasan muchas cosas en escenarios increíbles y con criaturas maravillosas. Porque, ojo, en esta novela salen:
- Naves voladoras.
- Piratas.
- Dinosaurios.
- Robots gigantes.
Vamos, la fantasía hecha realidad de cualquier crío. O por lo menos era mi fantasía y la novela con la que habría querido toparme con doce años.

¿De qué va? Según la web de la editorial...

La tierra ha cambiado: los continentes y los océanos han variado sus posiciones y sus formas. Los dinosaurios deambulan por las llanuras junto a las manadas de búfalos, y unos robots gigantes cruzan las mismas aguas que los barcos de vapor.

Diego Ribera nació en este mundo en el que coexisten el pasado, el presente y el futuro. En Nueva Chicago, en los pasillos del instituto de Diego, se oyen murmullos de niños y niñas de todas las eras de la historia y de todas las culturas del mundo. Al cumplir trece años, Diego descubre que tiene un don especial, algo que no puede ni empezar a comprender.
Cuando su padre, el ingeniero más importante de Nueva Chicago, es secuestrado por Aeternum, Diego deberá rescatarlo y prevenir que ese malvado grupo acabe con la frágil paz que la humanidad ha conseguido forjar.

Atemporal es una novela con un ojo puesto en Julio Verne, lo steampunk y en aquella versión que Disney hizo de La isla del tesoro ambientada en el futuro. Aventura pura, pasión por el desenfreno y cuando más grande y más ruido, mejor. Muy ágil, muy rápida, con personajes simpáticos (como suele pasar en este tipo de historias, más simpatía despiertan los secundarios que el protagonista) y donde la acción es continua y apabullante (con algún uso un poco chirriante del deus ex machina, pero que me molesta al lector que soy ahora con tanto y pocos años y no al que era con once).

Y las ilustraciones. 


Que funcionan tanto como complemento a la narración como en narración misma. Los dibujos explican parte de la historia (una batalla, una huida, una mirada, un gesto).



Imprescindibles y espectaculares.


Como en la novela Hugo Cabrett, texto e ilustración forman un todo. Por eso en ocasiones como lector causa extrañeza la parquedad en descripciones o ciertas elipsis bruscas; no es por torpeza del autor si no porque la ilustración ha hecho esa parte de narración. Como lector acabas encontrando el equilibrio y la novela fluye.

Hidra ha realizado una edición realmente buena. Las ilustraciones lucen espectaculares y la tapa dura, la calidad del papel, etc, hacen de Atemporal, además de una buena novela de aventuras, un precioso libro objeto.

Quedo pendiente de su segunda parte. Sienta muy bien volver a sentir parte de aquella maravilla que se sentía como lector y devoto de Verne, Salgari o Stevenson. La aventura por la aventura y el creer que con doce años se puede volar por el mundo y vencer a los piratas.

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