viernes, 16 de noviembre de 2012

Un fragmento de "Te conozco", la nueva novela de Claudia del Moral

La entrada de hoy es muy especial.

Esta mañana cuando he abierto el correo electrónico y me he encontrado un mail ni más ni menos que de Claudia del Moral. Lo he abierto nervioso y emocionado (Claudia raramente se escribe, relaciona o reconoce la existencia de sus admiradores) y me he encontrado con esto.

Querido Jorge,

ante todo, cierra la boca. Es de muy mala educación leer los correos con la boca abierta y esa estúpida sonrisa en los labios. 

Gracias. 

Hoy es tu cumpleaños. Felicidades. Es un día afortunado porque el mundo recibió en su seno cubierto de sangre y mucosidades al que sería mi más fiel lector y admirador. Y como muestra de afecto y agradecimiento, a parte de como un muy especial regalo de cumpleaños, te mando un pequeño fragmento de mi próxima novela para que te deleites y compartas con los lectores de tu blog de literatura juvenil. Ten en cuenta que no es el redactado definitivo sino un pequeño esbozo de lo que pienso será una de las escenas más intensas de mi nueva novela. Disculpa los pequeños fallos que puedas encontrar en él. Disfrútalo en todo lo que se merece.

Un saludo en la distancia, tu admirada


Claudia del Moral

PS. En serio, cierra la boca.

Así que hoy cedo el protagonismo a Claudia y a la que aventuró que será una nueva obra maestra. Consideraos privilegiados.

Fragmento de Te conozco, una novela inédita de Claudia del Moral.

"- Pásalo bien - dijo mi madre intentado esbozar una sonrisa -. Y haz amigos. Que no sea como la última vez.
- Lo intentaré, mamá - dije bajando los ojos y mordiéndome el labio.
- No lo intentes. Hazlo. No pienso volver a mudarme. ¿De acuerdo? Intégrate.
- Sí, mamá.
Me miró como si anticipara la decepción. Suspiró y cerró con fuerza la puerta del coche y aceleró dejándome sola ante la puerta de otro instituto donde sería la nueva. Respiré hondo y me tragué los nervios haciendo con ellos una pelotita que guardé en mi estómago. Cuando por la noche estuviera en mi cuarto, la sacaría en forma de amargas lágrimas maldiciéndome por ser la fracasada que era. Pero ahora no era el momento. Una nueva aula llena de desconocidos que se fijarían en mis ojos rasgados de gata, en mi pelo rizado del color de ese oro viejo que se podía ver en algunos cuadros del museo del Louvre y que caía como una cascada algo más abajo de mis omóplatos, en mi figura que según Tea, una antigua amiga que murió atropellada por un tractor, recordaba a las de las modelos de lencería de los catálogos que su hermano mayor escondía en la cisterna del váter  Eso decía ella, pero para mí mi cuerpo no era más que un trozo de carne lleno de curvas y ondulaciones que me convertían en una muchacha en la que todos se fijaban para reírse de ella. 

Apreté con fuerza mis libros contra mi demasiado generoso pecho buscando aunque fuera una pequeña protección ante un mundo hostil, y enfilé hacia la puerta del instituto. Abrí las puertas y entré. El sonido de risas, gritos y carreras me golpeó en la cara haciéndome sentir más insignificante y pequeña y poca cosa de lo que en realidad era. No pertenecía a aquel mundo. Aquellos no eran mis amigos, dudo que un día lo llegarán a ser. Estaba completa y absolutamente sola. No pude reprimir una pequeña lágrima.

- Hola - dijo una voz a mis espaldas. Lancé un grito y me giré. Ante mí había un chico alto, rubio, de ojos grandes y profundos. Llevaba una camisa abierta que mostraba unos fuertes y bien perfilados músculos donde no había ni asomo de vello.
- Hola - dije tímida.
- ¿Cómo te llamas?
- Samantha. Aunque mis amigos me llaman Sam... - si tuviera amigos, pensé.
- Entonces yo te llamaré Sam - y sonrió mostrando unos blancos y resplandecientes dientes que me recordaron las perlas que guardaba mi madre como su vida. Fueron un regalo de mi abuela en su lecho de muerte y mi madre siempre decía de ellas que un día salvarían mi vida.
Le devolví la sonrisa, pero no podía dejar de preguntarme por qué un chico tan guapo perdía su tiempo hablando conmigo.
- ¿No preguntas mi nombre?
- Sí, perdona, ¿y tú? ¿Cómo te llamas?
- Tom. Aunque mis amigos me llaman Tommy y mis admiradoras me llaman "Oh, dios mío". ¿Eres nueva? No te tengo vista por el instituto y no creo que una muñeca tan hermosa como tú se me pasara.
¿Ya han empezado a burlarse de mí?
- Sí. Hoy es mi primer día y estoy un poco despistada - y asustada.
- ¿Qué clase tienes?
- No lo sé. Deja que mire el horario que me mandaron a casa.
Intenté abrir la carpeta mientras sostenía bajo un brazo los libros y con la barbilla mi agenda. Tommy no dejaba de sonreírme  ¿Me dejaría llamarle Tommy? No seas ridícula. Esos pensamiento hicieron que suspirara con tanta fuerza que no pude conservar el equilibro y todo, libros, agenda, librera y yo misma cayera al suelo. Me sentí avergonzada y más cuando Tom dejó escapar una carcajada que me hizo subir los colores. ¿Por qué era tan patosa? Seguro que pensaba que era una torpe inútil que nunca encajaría en ningún sitio. Recogí como pude los libros y los papeles y me levanté azorada del suelo. No podía mirarle a la cara.
- Lo siento yo... - balbucí.
- No pasa nada.
- Tengo que ir a clase. Lo siento.
Y me alejé corriendo de él.
- Nos veremos por aquí, Sam.

Por fin conseguí encontrar la clase me tocaba. Lengua inglesa en el aula 367 con el profesor King. Durante el camino al aula cuatro chicos más se ofrecieron a acompañarme a clase. Uno de ellos me invitó a ir con él al baile de fin de curso. Sentí suspiros y comentarios que alababan mi pelo, mis piernas largas y morenas, mis labios gruesos o la forma que tenía la blusa a ajustarse a mi pecho. Un grupo de chicas que debían ser las populares de esta escuela me preguntaron si comía con ellas y si quería ingresar en el equipo de animadoras. ¿Por qué todo el mundo sentía lástima de mí? ¿Tanto se notaba que era la nueva, la diferente, la rara? Conseguí entrar en clase aguantando a duras penas las lágrimas.

Busqué con la mirada un sitio apartado y esperé a que empezara la clase intentando pasar desapercibida aunque sentía los cuchicheos de mis nuevos compañeros. No podía oír lo que decían pero seguro que era algo así como mira la nueva, seguro que extraña y rara y poco sociable. ¿Por qué habíamos tenido que venir a este pueblo? Tenía ganas de llorar, pero recordé lo que mi abuela me decía cuando me encontraba llorando en la alacena. Deja de llorar, niñata, y sírveme un vaso de ginebra. Recordando a mi nani, me tranquilicé. Aunque todo a mi alrededor se desmoronara al menos tendría su recuerdo.

Al poco entró en el aula el señor King. Vestía el mismo traje que le había visto en la reunión de graduación y que a mi madre tanto la había alterado. Aun sentía la vergüenza de ver a mi madre coquetear con el que tenía que ser mi profesor. Con voz profunda y bien modulada nos dio los buenos días y pronunció las peores palabras que puede oír una adolescente del montón como yo.
- Hoy tenemos una alumna nueva y estoy seguro de que a toda la clase le gustaría que se presentara. Samantha, por favor...
Sentí como me ruborizaba. Quería desaparecer. Fundirme con la silla y ser un mueble. Me levanté poco a poco y fui para la mesa del profesor King.
- No me haga esto, por favor - susurré.
- Te irá bien. Y le prometí a tu madre que haría todo lo que estuviera en mi mano para que te integraras.
Me hizo girar y enfrentarme a toda la clase.
- Háblanos un poco de ti, Samantha.
-Yo...
Alcé la vista.
Y lo vi.
Se sentaba en la última fila. Tenía el pelo oscuro, despeinado, como si no le importara que sus largos mechones de cabello le cayeran por la cara. Ojos oscuros, penetrantes que me miraban atravesando mi alma. La boca llena y sensual. Manos grandes. Brazos musculados y expresión arrogante. Era el chico más guapo que había visto jamás y me miraba como si quisiera atravesarme el pecho. Se sentaba en la silla con una actitud como si estuviera allí por accidente.

Me quedé sin habla. Sentí sus ojos fijos en mí, taladrándome, atravesando quién era, quién había sido y quién podría ser. El cerebro se me vació. Al sentir sus ojos fijos en mí, no sabía quién era ni dónde estaba. Sentí como el corazón se me aceleraba y las manos me empezaron a sudar. Mi respiración se agitaba. Sus ojos... profundos como lagos que albergaban tesoros e incontables bellezas, pero también monstruos. Intenté tragar saliva, pero tenía la garganta seca como si me la hubieran forrado de esparto. No oía nada. Sé que el profesor King me decía algo, pero no lo oía. ¿Cómo podría? Para mí, en aquel momento, solo existía un sonido: el que hacían sus pestañas al parpadear. Solo podía mirar a los ojos de ese desconocido y pedir a quién fuera me mirara por toda la eternidad. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué no podía dejar de mirarlo? ¿Por qué no podía dejar de desear que me siguiera mirando? Con esa fuerza que emanaba de sus ojos podía conseguir cualquier cosa de mí, podía pedirme lo que quisiera. Necesitaba que me siguiera mirando, sentir que me recorría y estudiaba. El corazón se me aceleró y empecé a sentir palpitaciones en el brazo izquierdo. Y me guiñó un ojo. Mi boca dejó de estar seca para empezar a llenarse de saliva. No podía tragar, mi boca rebosaba saliva y un hilo de baba empezó a caer por una comisura de mis carnosos labios. Un temblor incontrolable en los hombros. Empezaba a ver puntos de luz que flotaban delante de mí y sentí que las piernas me fallaban y no me podían sostener. Caí al suelo golpeándome con el pico de la mesa del profesor King. Una flor de sangre eclosionó en mi cabeza y empezó a deslizarse por mi cara. El desconocido me miró directamente a los ojos.

Y sonrió.

El mundo estalló ante mí. Me había convertido en su esclava. Haría lo que él quisiera, lo que me pidiera. Era suya y de nadie más. Respiraría por él, pensaría por él y sería todo lo que él me pidiera que fuera. Me había enamorado y ni mi cuerpo era mío. Sentí una húmeda creciente en mi entrepierna y como mi vejiga dejaba de ser mía y pasaba a ser de él. Mi orina empapó mis pantalones nuevos y dejó una marca perecedera en el suelo del aula. Mi esfínter se relajó y un olor acre se adueño del aula. La cabeza me daba vueltas y antes de perder el conocimiento pude ver como él movía los labios y me hablaba.
- Te conozco - dijo.
Y perdí el mundo de vista."

20 comentarios:

  1. Oh, sí... Qué placer más culpable, ME HA ENCANTAOOOOO.
    Claudia del Moral debería estar escribiendo ahora mismo. Todos conocemos como sigue la historia, pero no importa, queremos leerla por dos razones muy poderosas. Por el lado fácil de decir: por la risa, la parodia y el descojone. Por el difícil de reconocer: porque no nos cansamos de escuchar los mismos cuentos con distintos nombres.
    POR FAVOR, un poco más, necesito saber qué pasó después del trauma de cagarse encima y delante de su, posiblemente oscura, alma gemela.
    Un abrazo!!!

    PD: ¿Es tu cumpleaños? ¡JODER! Al final no he salido hoy y podía haberte mandado la supersorpresa que ya la tengo, mañana sin falta os la lanzo, pero hubiera sido genial que llegase hoy :(
    MIL BESOTES, ANYWAY y tirones de orejas, of course, las veces que corresponda y una más ;)

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    1. Todo se andará... me ha dicho que si me porto bien y me como toda la verdura del plato, es posible que próximamente me avance un nuevo fragmento de la novela. O la primera conversación entre el chico y Sam, una escena de acción o cuando se prueban sombreros ridículos en una tienda mientras huyen de los malos.

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  2. ¡OH DIOS MIOOOO! :O Aun no sé si echar a correr y meter la cabeza en el WC o arrancar el cable del ordenador de la corriente eléctrica y darme a mi misma un electroshock...
    Menos mal que es viernes y puedo poner en remojo mi cerebro para que recupere un poco xDDD
    Por cierto ¿cerraste ya la boca?

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    1. Es curioso, las novelas de Claudia suelen provocar estos efectos en el lector. ¿Ya estás recuperada de este subidón de alta literatura? Comprendo los deseos de acabar con todo cuando se es consciente de que no se leerá nunca nada igual de bueno...

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  3. Deberías plantearte utilizar el pseudónimo Claudia del Moral para escribir una novela juvenil. Y lo partirías.
    BUENO, QUÉ DECIR que no te haya dicho ya. ¿Felicidades? ¿Es tu cumple de verdad? :3 Ante la duda... ¡FELICIDADES! :DDDDD

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    1. No podría suplantar a Claudia, es imposible. Sería una falta de respeto y mi habilidad como escrito no llega ni a la suela de la mierda que se le pega al zapato.

      Estoy intentando convencerla para que se lance e intente publicar algo, pero dice que ella está consagrada a otro tipo de arte. Seguiré insistiendo.

      Sí, ayer fue mi cumple. Muchas gracias.

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  4. ¡Muchas felicidades! Aquí otra gran fan de Claudia del Moral, estoy deseando ya leer su nuevo libro *__* XDD.

    Y de nuevo: ¡Felicidades! Espero que haya sido un gran día :)

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    1. El nombre de Claudia del Moral tiene que hacerse conocido y machacado y aprendido y admirado... Entre todos podremos y puede ser algo muy divertido.

      Ha sido un gran día, sí.

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  5. Hola

    Pues felicidades, por haber sido tu cumpleaños y por tener acceso a tales primicias literarias. A ver cuando se decide a publicar Claudia del Moral esta obra, que yo la reservo ya.

    Un saludo.

    Juan.

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    1. Gracias las felicitaciones.

      Claudia es muy celosa de sus textos y los publica muy de vez en cuando aunque escriba una media de cuatro novelas semanales. A ver si la puedo convencer.

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  6. ¡OH MY GOD! Ahora mismo te envidio tanto que no puedo ni mirar tu avatar por miedo a echarte un mal de ojo, que en tu cumpleaños quedaría muy feo. ¡¡¡FELICIDADES!!! (Llego tarde, lo siento xD)

    Claudia del Moral te ha hecho un regalazo, gracias por compartir esta obra de arte. Me preocupaba que en su nueva novela cambiase de rumbo o su protagonista dejase de ser una pobre beldad atormentada. Me alegra ver que me he equivocado. Está claro que Claudia ha seguido paso a paso la guía práctica de Cómo crear una Mary Sue en diez sencillos pasos. BRAVO. Me duelen las palmas de tanto aplaudir.

    - Tom. Aunque mis amigos me llaman Tommy y mis admiradoras me llaman "Oh, dios mío".
    Un epíteto genial. Qué ingenioso que es el pagafantas... digo... chaval.

    Cuando leí Sus ojos profundos como lagos albergaban... Creí que seguiría con un: tres o cuatros calamares gigantes cada uno xD.

    Me ha encantado la entrada =)

    Un beso,

    Morrigan

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    1. Tranquila, Morrigan, tranquila.

      Lo sé, soy digno de envidia. Tengo línea directa con la más grande, con la mejor de las mejores, con Claudia. Puedo escribirle siempre que quiera, aunque ella no siempre me recuerde.

      Y este fragmento no es nada con el resto (sí, he tenido acceso a más) donde el retrato psicológico de Sam se despliega. Las dudas, los miedos, los resquemores, los picores, los eccemas... es tan compleja, atormentada, dubitativa y sensible.. Y Tommy esconde muchos secretos...

      Intentaré convencer a Claudia de que me deje publicar algún fragmento más.

      Besos.

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  7. Dile a Claudia del Moral (xP) que se deje de ostris y que publique un libro. Ya. Para ayer. ¡Para reyes!

    Besos de los grandes y un feliz cumpleaños híper-retrasado.

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    1. Si Claudia trabaja y trabaja y escribe y escribe. La culpa es mía que soy lento con la corrección y edición de sus novelas... tengo que ponerme en serio, lo sé. "Amor caníbal" puede cambiar la historia de la literatura romántica.

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  8. genial genial GENIAL!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    "Deja de llorar, niñata, y sírveme un vaso de ginebra" ME HA ENCANTADO!!!! divertidisimo, ese final no me lo esperaba!

    y felicidades guapo! se te quiere

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    1. Gracias, gracias y gracias. De verdad.

      La abuela es un personaje estupendo. (spoiler) Está muerta, pero cuando sale es el despipote.

      También se te quiere, Nina.

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  9. Dios ha estado genial xDDDDDDDDDDDDDDDDD ten por seguro que se edita esta novela y se venderá como churros...

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    1. Claudia te lo agradece y entiende tu adoración por ella. Si llega a publicarse "Amor caníbal", tendrás un ejemplar firmado con un nombre parecido al tuyo.

      Es así de generosa.

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  10. "Deja de llorar, niñata, y sírveme un vaso de ginebra" las mas grandes palabras escritas que han salido de boca de una abuela.

    Vigila bien de cerca a esta promesa de la literatura romántica, a ese diamante que es Claudia del Moral: no sea que el medico le sane aquello que tiene, y que la hace tan especial, y se os acabe el filón. Esperando estoy su libro de maromos unicornios con cintas en el pelo

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    1. Sí, una frase antológica que pasará a la historia de la literatura.

      Claudia le tiene fobia a los doctores y a todo aquel que lleve una bata blanca o utilice palabras como resfriado. Ella es más de chamanes y que le tiren ceniza en la cara para limpiar su croquis interior.

      La novela de los guerreros unicornios es demasiado intensa... no sé si estáis preparados para ella.

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