miércoles, 20 de octubre de 2010

"La soledad del corredor de fondo" de Alan Sillitoe


La soledad del corredor de fondo, Alan Sillitoe, El tercer nombre, 2007 (ed. original 1959)

No sólo de novedades vive el lector.

Hacía tiempo que por las estanterias de casa corría un ejemplar de esta colección de relatos de Alan Sillitoe y esta tarde decidí que me iba leer el primero, ese que da título al libro y que dio origen a aquella estupenda película de Tony Richarson. La verdad es que no sabía muy bien con qué me iba a encontrar, e iba con un poco de reserva hacia un relato que para varios conocidos míos es mítico e imprescindible. La historia me la sabía y conocía por esos conocidos que me relataron una y otra vez lo importante y simbólica que es la carrera de fondo de Colin Smith.

Y, la verdad, esta breve novela (o cuento largo) no era lo que esperaba ni lo que imaginaba, sino algo completamente diferente de lo que me habían contado. Es un relato que contiene esa grandeza de las grandes obras: por mucho que te hayan hablado de ellas, al leerlas no son lo que habías imaginado y sorprenden.

La soledad del corredor de fondo es un largo monólogo del protagonista mientras participa en una carrera de fondo. Al compas de sus pasos, de su respiración, de los árboles que deja atrás, Colin repasa su ingreso en el Borstal (una especide de prisión para jóvenes) por un pequeño robo, su vida fuera de la cárcel, su amigos y familia, el descubrimiento de un especial talento para la carrera de fondo y su participación en una en la que participan los mejores corredores de todos los Borstal de Inglaterra. Instado a participar por el director del centro, Colin se preguntará mientras corre el sentido de sus pasos, el sentido de la carrera y su propia vida.

Alan Sillitoe pertenecía a esa generación de novelistas y dramaturgos británicos conocida como Angry Young Men (jovenes airados) a la que también se asoció nombres imprescindibles como Harold Pinter o John Osborne. Un movimiento literario de fuerte engarce en la clase media baja y que hablaba del descontento de este segmento de la socidad y apostaba por un inconformismo radical, una crítica a la burguesia acomodada de la posguerra,  la denuncia a la mecanización del hombre, a su soledad, etc. Una corriente corta, pero muy importante en la narrativa inglesa que tuvo su correspondiencia en el movimiento cinematográfico del Free Cinema (con Tony Richardson, Jack Clayton o Richard Lester como representantes).

Este cuento es una muestra perfecta de ese inconformismo, de esa crítica a la sociedad, de esa tristeza que inundaba ese movimiento. Colin Smith se encuentra en la tesitura de elegir qué hace con su vida y mientras corre deja aflorar toda su ira, toda la rabia por sociedad, por lo que significa ganar esta carrera, por un sistema que quiere reconvertirlo, que no juega con cartas limpias. Colin Smith corre y su carrera acaba convertida en símbolo de rebeldía e inconformismo.

Todo explicado con un estilo seco, acerado, preciso y cortante. Un bisturí que disecciona el cerebro del protagonista de una forma precisa y hermosa dejando ver lo que interesa e insinuando miles de matices. Porque como lector uno se ve impelido a releer este cuento dentro de un tiempo para encontrar nuevas lecturas e implicaciones. Además, es quizá el mejor relato que explica qué es correr y qué siente esa persona que kilómetro tras kilómetro está sólo con su respiración y con el horizonte.

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