Penúltima reseña de las quince.
Y resumen argumental tomado de la edición de DeBolsillo. Ya sabéis la pereza que me dan estas cosas...
Leningrado, 1941: la guerra parece lejana en esa ciudad de antigua grandeza donde dos hermanas, Tatiana y Dasha Metanov, comparten un minúsculo apartamento con su familia. La vida bajo el gobierno de Stalin es dura, pero las privaciones que les esperan ni siquiera son imaginables: el ejército de Hitler está a punto de invadir su querdia patria. Bajo el terror y la dificultad se esconden la belleza y la esperanza: Tatiana ha conocido a Alexandr, un joven oficial del Ejército Rojo de misterioso y turbulento pasado. Mientras el ejército alemán y el duro invierno cercan la ciudad, los amantes se ven abocados a un amor imosible que puede desgarrar la familia de Tatiana y ser para Alexandr tan destructivo como la guerra. Y, mientras tanto, la corriente de la Historia arrasa a su paso el mundo tal y como ellos lo han conocido y amenaza con cambiarlos para siempre.
Quiero dejar clara una cosa muy importante antes de meterme con esta reseña / comentario / opinión. El género histórico no me gusta. Nada. Es uno de mis grandes huesos. La novela histórica se me suele caer de las manos y no llego a pasar de las primeras sesenta páginas. Y el subgénero de de drama histórico romántico, me gusta menos. Uno de los motivos es que encuentro que se suele dar excesiva importancia a la historia de amor de los protagonistas convirtiendo el entorno histórico (lo que da el sentido de novela histórica) en un mero marco intercambiable. Vamos, la misma historia de amor funciona en la Roma clásica, en la posguerra española o en la conquista y expolio de América. ¿Un ejemplo? En el país de la nube blanca de Sarah Lark, donde lo que menos importa es dónde sucede la acción y se supedita todo a un argumento trillado y melodramático.Todo esto lo explico porque pese a que El jinete de bronce pertenece de pleno a un género que no me gusta y con el que no me identifico ni me siento cómodo, para mi sorpresa ha sido una lectura que me ha gustado. Bastante. Sin entusiasmo y con algún que otro pero, pero lo suficiente como para tener un lugar destacado entre estas quince lecturas "obligadas".
Y esto teniendo en cuenta que parte de un material que a priori me escamaría. A saber, amor a primera vista, cuarteto amoroso y protagonista masculino con pasado misterioso. Vamos, lo que ya no conocemos. Pero si con el tema del enamoramiento a primera vista lo encuentro una concesión innecesaria al género y que, la verdad, no me resulta verosímil, sorprende la elegancia, complejidad y tristeza de la evolución amorosos (sobre todo en su primera mitad) y el misterio que rodea al Alexandr está justificado por su propio pasado y por el entorno histórico. Porque esto último que apunto es lo que más me ha gustado de la novela: los personajes, todos, protagonistas y secundarios, no se sitúan por encima de la historia y el autor manipula esta a su interés y conveniencia. Ocurrieron unos hechos históricos y el devenir de los personajes está marcado por ellos. Pocas cosas me irritan más en una novela que pretende ser histórica que las licencias con la historia por motivos que son puramente la pereza del escritor (aun recuerdo con temblores aquella novela que retrasaba una batalla doscientos años "porque le venía bien"). En esta novela, el contexto histórico no chirría con la historia de los personajes.
Paullina Simons consigue una primera mitad de libro apasionante. Los prolegómenos y el sitio de Leningrado están explicados con mimo y gracia. El lector se hace partícipe del frío, del hambre, del cansancio... y los problemas de los personajes se diluyen o desaparecen porque hay algo más importante: la supervivencia. En esas páginas, el frío se siente.
Y son tan intensas estas páginas que en mi opinión la segunda mitad de la novela pierde intensidad. Sobre todo en su tercera parte hay un exceso de páginas que resulta algo agotador. Repetición, repetición, repetición que hace un flaco favor a la historía. Y el desenlace se mueve en unos muy correctos códigos donde las páginas se van llenando de una mayor tristeza que da nuevos bríos a la novela, pero que no llega a la altura de la primera mitad del libro. Y, joder, qué difícil ha sido explicar esto sin caer en destripes argumentales.
¿Qué más? Personajes bien trazados e historia interesante. Aquí podríamos entrar en valoraciones de gusto o si los personajes principales caen o no caen bien, lo que considero una peligrosa trampa. Tatiana por momentos es excesivamente pusilánime y dócil. Alexandr tiene comportamiento de macho dominante y es algo gilipollas, pero esto no quita la fuerza que ambos tienen como personajes. Y en el contexto en que se mueve la novela, recordemos que se trata de un drama histórico romántico, funcionan. Con su más y sus menos. Por ejemplo, Tatiana, sí, juega un papel por momentos demasiado dócil, pero tiene una gran capacidad de supervivencia y acaba siendo un personaje que se demuestra más fuerte de lo que ella y el lector esperaban. Esto no quiere decir que el personaje que empieza la novela y la acaba sean completamente diferentes. Ni el mismo. Hay una evolución lógica donde el personaje crece, respira, evoluciona, pero conserva quien ha sido. El lector se cree el viaje de Tatiana.
Resumiendo, El jinente de bronce me ha parecido una buena novela, una historia muy entretenida con una primera mitad excelente y una segunda mitad demasiado cargada de páginas y donde se cae en un bucle de repetición que apaga los entusiasmos. Una buena historia, buenos personajes y acertado estilo y ritmo. ¿Recomendable? Mucho. ¿Leeré su continuación? No lo creo, no soy mucho de drama histórico romántico...
Otras opiniones
Forbidden Planet
A Petrie le gustan los libros
La estantería de Ithil
Cajón de girasoles


