Almas gemelas, Elizabeth Chandler, Planeta, 2011
Resumen argumental tomado de la contraportada:
Ivy es nueva en el instituto de Stonehill, una localidad cercana a Nueva York a la que acaba de mudarse con su hermano y su madre. Es una chica responsable, tímida, buena estudiante y un poco solitaria. Pronto hace amigas que la ayudan a integrarse en su nueva vida y en el instituto.
Tristan es el capitán del equipo de natación. Es guapo, inteligente y uno de los más populares del instituto, aquel por el que suspira la mayoría de las chicas. Cuando Ivy y Tristan se conocen no pueden evitar sentir que están hechos el uno para el otro, son almas gemelas, y pronto se convierten en la pareja perfecta.
Todo cambia cuando Tristan muere repentinamente en un accidente de coche. Ivy no consigue superarlo, siente que lo ha perdido todo... hasta que empieza a percibir cosas extrañas a su alrededor; como si una misteriosa presencia la acompañara, estuviera junto a ella, la protegiera...
Seré sincero... con esta contraportada me aparecen todos los males en el cuerpo. Concentrados en tres párrafos casi todos los tópicos posibles de la novela romántica juvenil. Chica nueva que se cree poca cosa. Chico popular y uno de los más guapos. Amor a primera vista. Cosas extrañas alrededor de la protagonistas... amor eterno... Para arrancarse los ojos. Así que al llegar la novela a la librería la deje a un lado en la pila de los libros a los que no me acercaría (a no ser que me apeteciera hacer sangre con ellos). Pero los amigos de la editorial Planeta me dicen un día que me mandan un libro y yo les digo que sí, que gracias, y me llega el paquete y lo abro y...
Almas gemelas. Pues bueno, pienso, ya que lo tengo, lo leo. Y después de disfrutar con el despliegue de desmembraciones de
Dead Space. Mártir, pues un poco de azúcar puede ser recomendable.
Y leída. Y sí, azúcar. Pero me encuentro con una novela que es mucho mejor de lo que esperaba. Entretenida, graciosa, cursi y con bastante encanto. ¿Justificamos?
Almas gemelas es el título genérico de una popular trilogía de novelas de romance juvenil que se publicaron en Estados Unidos hace unos quince años si no me equivoco. Planeta ha tenido el acierto de publicar la trilogía en un solo volumen evitándonos la espera a los seguidores de la saga y ahorrando espacio en las estanterías de la librería. Y es un formato perfecto porque esta trilogía creo que debe leerse como una novela dividida en tres partes. Explico.

Las dos primeras partes plantean misterios, pero no resuelven ninguno. No es como las trilogías que se suelen publicar actualmente que más o menos plantean y resuelven misterios en el mismo capítulo y dejan hilos que comunican con el volumen posterior. Aquí no. Aquí todo son misterios que van sumándose unos a otros y que acaban eclosionando en las últimas páginas de la tercera parte. Primera y segunda parte tienen unos finales abruptos y duros que los acercan más a los finales de serial televisivo que a los finales novelescos.
El beso de un ángel es el nombre de la primera parte. Introducción. Presentación de los personajes. Cien páginas de almíbar. La parte que menos me ha gustado. Ivy conoce a Tristan. Tristan conoce a Ivy. Se enamoran y durante ciento treinta y cuatro páginas asistimos a este amor. Y, la verdad, con la mitad era suficiente. Es donde más se concentra el almíbar y el azúcar. Si continúe leyendo es por unos pocos destellos en las páginas. Los enamorados se pelean. Sip. Y no porque uno descubre que el otro es un cambiaformas que las noches de luna en tres cuartos de convierte en hombre-armadillo. Se pelean por algo cotidiano, por un quítame de ahí esos ángeles. Vamos, no entiendo, cariño, tu obsesión con los ángeles. Realmente no me entiendes.

De tan cotidiano que es sorprendente encontrarlo en una novela de estas características. La relación entre Ivy y Tristán es almibarada y llena de cariñitos. También es una relación normal. Mucho dulce porque en los primeros compases de una relación hay mucho dulce. Y Tristan se muere. Y aquí hay mucho dolor y el primer apunte del misterio... quizá no fue un accidente... vamos, el recurso del folletín y de la telenovela (a la que me ha recordado de forma poderosa muchos de los giros de la trama).
Se presentan el resto de los personajes incluyendo a Gregory, el tercero en discordia y uno de los mejores personajes de la saga. Un chico malo de verdad. Y Lacey, la ángel borde, ex actriz malhablada y muy poco angelical. Para mí el mejor personaje. Escrito de forma sutil y contenida en contraposición a la exposición de sentimientos del resto de los personajes. Y las amigas y amigos. Y todos cumplen una función en las novelas. No existe un personaje cuya existencia no esté justificada por la narración y la estructura. Si hay dos amigas es por motivos narrativos. Si existe un cuarto en discordia es porque la novela lo va a necesitar. Si existen unos padres... no... unos padres no... porque la novela incurre de forma clara en la figura de "padre ausente" para justificar una y otra vez que la protagonista esté sola en casa.

Y esto se mantiene a lo largo de las dos siguientes partes,
El poder del amor y
Almas gemelas. No se añaden nuevos personajes porque los que hay están bien definidos y son narrativamente válidos. Incluido el hermano pequeño, un personaje que esquiva con aprobado alto convertirse en repelente niño consiguiendo un personaje lleno de ternura e imprescindible para el correcto desarrollo de la trama.
Para mí gusto personal la mejor parte de la trilogía es
El poder del amor, una novela que una vez liberada de la presión de la introducción, se convierte en un vehículo perfecto para ir punteando el misterio de la muerte de Tristan, el acercamiento de Gregory a Ivy y los intentos del ángel de comunicarse con su amada. Es donde hay más humor, donde los personajes están mejor trabajados y su lectura me dejó una impresión muy agradable que continuo en la tercera parte, pero un poco menos.
Almas gemelas mantiene las constantes, pero su desarrollo final para mi gusto peca de algo exagerado. Sí que funciona, pero la credibilidad pende de un hilo muy fino. Y quizá la resolución de todo el misterio (que está bien llevado y resulta interesante... no muy sorprendente porque un lector un poco atento descifra las claves en un momento, pero funcional y escrito con la suficiente tensión como para seguir el relato) me dejó un punto insatisfecho. Nada grave.
Vamos que
Almas gemelas me ha dejado un buen sabor de boca. No la considero una de las grandes novelas del año ni uno de los mejores descubrimientos, pero sí que es una novela pequeña, sencilla y honesta. Escrita con la gracia suficiente para pasar unas buenas horas. Sí que es bastante endulcorada, no muy original, tiene una primera parte un tanto repetitiva, algún momento vacío asoma de vez en cuando y que los secundarios se ventilan sin problemas a la pareja protagonista, pero también tiene buenos momentos de tensión, la lectura es fluida y dinámica, y dos personajes estupendos, Gregory (sobre todo en la segunda parte y la mitad de la tercera) y Lacey en todas y cada una de sus apariciones. Vamos, una novela correcta y entretenida que he digerido bien después de la explosión de sangre y vísceras de la novela anterior... supongo que esto también influye.
Ah, y cerrada en su argumento. Así que no entiendo qué pinta una cuarta parte publicada este año.
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El blog de Wendy
Libro Joven
Gracias a la editorial
Planeta por darme la oportunidad de leer la historia de estos angelotes sin alas.