Los dientes de los ángeles, Jonathan Carroll, La factoría de ideas, 2007
En mitad de sus vacaciones en Cerdeña, Ian McGann conoce a la Muerte en un sueño. Ésta promete responderle cualquier pregunta que formule, pero si él no consigue comprender sus respuestas, tendrá que pagarlo con la vida.
En los Ángeles, la actriz Arlen Ford ha dejado de ser feliz. Lo abandona todo y se traslada a Austria, donde encuentra a un apasionado corresponsal de guerra. Desde el principio, Arlen se da cuenta de que se trata del hombre al que ha estado esperando toda la vida.
Y en Viena, Wyatt Leonard, enfermo terminal, descubre de repente que posee el poder de resucitar a los muertos. La convergencia de estos tres destinos conforma el núcleo de esta novela audaz y provocativa.
Los dientes de lo ángeles no es una novela agradable ni una historia que pueda gustar a todo el mundo. No hay un argumento fijo ni lineal. Y, por momentos, parece que no hay más historia que las cartas que cruzan medio mundo entre personas heridas y enfermas. Y la presencia de una muerte que responde preguntas y si no las comprendes, te deja cicatrices por lo que te quede de vida. No es tampoco una de las mejores novelas de Jonathan Carroll. En mi opinión le faltan unas pocas páginas que para desarrollar algunas de las ideas y lospersonajes de la trama. Y en algún punto peca en algún momento de estática y discursiva.
Pero todo eso no cuenta ante una historia que me resulta fascinante. El discurso de Jonathan Carroll ejerce un poder hipnótico y durante las horas que me duran sus novelas estoy en un estado de suspenso. La forma de hacer que lo fantástico (en este caso la presencia de la Muerte) inunde la cotidianidad sin que chirríen resortes ni la credibilidad del relato. La novela es casi en su totalidad conversaciones y largas carta entre los personajes. La acción casi en su totalidad se encuentra en diferido lo que da al relato un aire fantasmagórico, inasible y casi intangible.
Buenos personajes, en especial Arlen y Wyatt. El lector se los hace suyo pronto y los acompaña en una historia que versa sobre la enfermedad y la muerte. No es agradable. Una historia que habla de SIDA, de cáncer y de los pocos minutos que nos quedan. Sobre el miedo a morir, a sufrir y a que eso llegará pronto. No es una lectura feliz y tiene uno de los giros argumentales más crueles que he leído en tiempo. Cuando la novela parece que no conduce a ninguna parte, un par de páginas y todo cobra sentido. Como lector me vi sobrecogido y pensé que Jonathan Carroll era un hijoputa por hacerle eso a los personajes y por añadidura, al lector. Como comprenderéis no me extiendo en este punto.
La Muerte es el centro y un personaje más. Pero no nos encontramos con una representación antropomórfica como la encantadora Muerte de los cómics de Sandman o la pragmática y profesional Muerte de Mundodisco. Es otra visión. Más negra, más dura y mucho más terrible. No es complaciente ni conforta.
Y es una novela sobre el amor, claro. Sobre el sacrificio, la pasión y el amor hacia otra persona. Ya sea pareja, familia o amigo. Y, claro, al final de todo, cuando no queda nada, es el amor lo que nos salva.
Los dientes de los ángeles es una buena novela no tan apasionante o deslumbrante como otras del mismo autor, pero que resulta fascinante a la par que terrible. No la recomiendo a todo el mundo. No es un relato de fantasía al uso y no es una lectura ni fácil ni complaciente. Y eso es precisamente lo que a mí como lector más me ha gustado. Es exigente, dura, algo arisca para conducirte por medio de una historia terrible hasta un final duro con un punto de fugaz esperanza que solo tienen los locos y los niños.
Sea como sea, un autor que merece la pena conocer.
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"El fantasma enamorado" de Jonathan Carroll
El fantasma enamorado, Jonathan Carroll, La Factoría de Ideas, 2010
Fue un cliente de la librería quien me puso sobre la pista de este autor. Es un tipo que suele aparecer unas ocho/nueve veces a la semana y ojea, compra, encarga y pregunta. Suelo llevar un seguimiento muy atento de sus lecturas y nos vamos descubriendo autores y novelas. Hace unos años me pidió una novela llamada El museo del perro y vete a saber por qué me quedé con el nombre de su autor guardado en alguna parte de mi cerebro. Años después, el nombre del autor vuelve a emerger y gracias a Victalian, me hago con cuatro de sus novelas. Y sin saber por dónde empezar, al azar escojo El fantasma enamorado novela.
¿Y qué me encuentro? Un hombre que debería haber muerto. Un perro llamado Piloto. Una mujer alta muy enamorada que no puede continuar. Un fantasma reducido a ser niñera del hombre y perdidamente enamorado de la mujer. Un ángel de la muerte. Un montón de verzes. Y un viaje al pasado para reconciliarse con él, entender el presente y poder encarar el futuro.
Aviso, no es una novela juvenil, ni romántica. Si tuviera que definirla sería algo así como relato onírico fantástico con toques de novela de terror. No tiene un argumento definido, ni una estructura convencional. El lector no encuentra un punto A que le lleva a un punto D pasando por B y C. El fantasma enamorado en G para ir a Z para volver a H para perderse en S. Una ambientación onírica con perros que hablan, con monstruos que salen de la nada como si fueran ingredientes para una cena perfecta, nubes de cáncer que recorren la ciudad, viajes al pasado para discutir en un pícnic con uno mismo. Todo al servicio de una historia de amor alejada de exageraciones o melodramas; una historia madura de silencios y reproches. Y, sobre todo, una historia de reconciliación con el propio pasado. Y siempre con la sombra de la muerte planeando en todas y cada una de las páginas.
La novela me ha resultado fascinante. Su forma y su fondo, sus personajes, el mundo extraño que me plantea y en el que me he sentido muy comodo y que he reconocido. Pero podría entender que hubiera lectores que sintieran rechazo por la forma de narrar de Jonathan Carroll, de plantear y estructurar la historia. Con tanto onirismo, surrealismo y ligera subversión de las estructuras narrativas convencionales. No es una novela ni un autor convencional. A mí eso me gusta. Me gustan los autores que dan un paso más y se arriesgan y con el que el lector arriesga. Un reto y una dificultad. La novela tiene continuos saltos en el tiempo, es desordenada y abigarrada y tiende a dejar historias inconclusas (lo que va a favor de una historia tan onírica como la que estamos hablando), pero todo esto no es más que una fachada para una novela muy bien estructurada y muy bien escrita. Sin saber qué decir y cómo decirlo, este argumento no se aguanta.
Amor, muerte, enfermedad, sacrificio, pasado. Personajes cercanos y reconocibles en sus defectos. Y Carroll hace un fascinante ejercicio de retrato de todos esos silencios y alegrías de la vida en pareja. Levanta la alfombra de esas zonas oscuras que todos negamos y hace que personajes y lector se enfrenten a cosas que no gustan y que preferimos ignorar. Y no solo en la relación de pareja, sino con uno mismo. Una de las partes más brillantes de la novela es un viaje al pasado para hablar con todos los que fuímos para poner las cosas claras. Y una reflexión de que no somos solo nuestra visión, sino que somos la visión de los demás y...
Una novela infinita y está repleta de grandes momentos y reflexiones. Amen de ser terriblemente entretenida, rápida y provista de un humor negro, irónico, cruel y mordaz a la vez que tierno y absurdo (desde el sofisticado juego de palabras hasta el splastick). Y de ser capaz de que uno no pueda volver a mirar nunca igual a un perro.
Dicen que Jonathan Carroll es uno de esos autores que no aceptan tintas medias: o se adora su universo y uno se convierte en adicto, o se odia profundamente. Adivinad en qué bando me ha colocado la lectura de esta novela.
Otras opiniones
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Fue un cliente de la librería quien me puso sobre la pista de este autor. Es un tipo que suele aparecer unas ocho/nueve veces a la semana y ojea, compra, encarga y pregunta. Suelo llevar un seguimiento muy atento de sus lecturas y nos vamos descubriendo autores y novelas. Hace unos años me pidió una novela llamada El museo del perro y vete a saber por qué me quedé con el nombre de su autor guardado en alguna parte de mi cerebro. Años después, el nombre del autor vuelve a emerger y gracias a Victalian, me hago con cuatro de sus novelas. Y sin saber por dónde empezar, al azar escojo El fantasma enamorado novela.
¿Y qué me encuentro? Un hombre que debería haber muerto. Un perro llamado Piloto. Una mujer alta muy enamorada que no puede continuar. Un fantasma reducido a ser niñera del hombre y perdidamente enamorado de la mujer. Un ángel de la muerte. Un montón de verzes. Y un viaje al pasado para reconciliarse con él, entender el presente y poder encarar el futuro.
Aviso, no es una novela juvenil, ni romántica. Si tuviera que definirla sería algo así como relato onírico fantástico con toques de novela de terror. No tiene un argumento definido, ni una estructura convencional. El lector no encuentra un punto A que le lleva a un punto D pasando por B y C. El fantasma enamorado en G para ir a Z para volver a H para perderse en S. Una ambientación onírica con perros que hablan, con monstruos que salen de la nada como si fueran ingredientes para una cena perfecta, nubes de cáncer que recorren la ciudad, viajes al pasado para discutir en un pícnic con uno mismo. Todo al servicio de una historia de amor alejada de exageraciones o melodramas; una historia madura de silencios y reproches. Y, sobre todo, una historia de reconciliación con el propio pasado. Y siempre con la sombra de la muerte planeando en todas y cada una de las páginas.
La novela me ha resultado fascinante. Su forma y su fondo, sus personajes, el mundo extraño que me plantea y en el que me he sentido muy comodo y que he reconocido. Pero podría entender que hubiera lectores que sintieran rechazo por la forma de narrar de Jonathan Carroll, de plantear y estructurar la historia. Con tanto onirismo, surrealismo y ligera subversión de las estructuras narrativas convencionales. No es una novela ni un autor convencional. A mí eso me gusta. Me gustan los autores que dan un paso más y se arriesgan y con el que el lector arriesga. Un reto y una dificultad. La novela tiene continuos saltos en el tiempo, es desordenada y abigarrada y tiende a dejar historias inconclusas (lo que va a favor de una historia tan onírica como la que estamos hablando), pero todo esto no es más que una fachada para una novela muy bien estructurada y muy bien escrita. Sin saber qué decir y cómo decirlo, este argumento no se aguanta.
Amor, muerte, enfermedad, sacrificio, pasado. Personajes cercanos y reconocibles en sus defectos. Y Carroll hace un fascinante ejercicio de retrato de todos esos silencios y alegrías de la vida en pareja. Levanta la alfombra de esas zonas oscuras que todos negamos y hace que personajes y lector se enfrenten a cosas que no gustan y que preferimos ignorar. Y no solo en la relación de pareja, sino con uno mismo. Una de las partes más brillantes de la novela es un viaje al pasado para hablar con todos los que fuímos para poner las cosas claras. Y una reflexión de que no somos solo nuestra visión, sino que somos la visión de los demás y...
Una novela infinita y está repleta de grandes momentos y reflexiones. Amen de ser terriblemente entretenida, rápida y provista de un humor negro, irónico, cruel y mordaz a la vez que tierno y absurdo (desde el sofisticado juego de palabras hasta el splastick). Y de ser capaz de que uno no pueda volver a mirar nunca igual a un perro.
Dicen que Jonathan Carroll es uno de esos autores que no aceptan tintas medias: o se adora su universo y uno se convierte en adicto, o se odia profundamente. Adivinad en qué bando me ha colocado la lectura de esta novela.
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