Cuando un reconocido autor de novela para adultos cambia de género y escribe su primera novela juvenil suelo echarme a temblar porque en general los resultados son bastante pobres (entre los más recientes la incursión de James Patterson con aquel ejemplo de mala estructura y de que más no es mejor que era Witch & Wizard, las muy moralistas y paternalistas aventuras del niño abogado de John Grishman o el fallido intento de Ray Loriga).
Y otros autores cambian de género y consiguen mejores libros, pero que no consigo ubicar dentro del género (pienso en John Connolly, uno de mis autores favoritos que tiene dos novelas que dicen que son de corte juvenil, pero que se acercan más al terror y a unas explosiones de violencia turbadoras y, por momentos, muy desagradables. Por ejemplo, la muy recomedable El libro de las cosas perdidas me parece que está escrito más para el adulto que recuerda el paso de niño a joven que para un joven).
Así que cuando llega a la librería Refugio de Harlan Coben, reconocido autor de novela criminal para adultos y del que no había leído nada antes de este libro, me escamo y me pongo a la defensiva. Prejuicio, lo sé. Pero los prejuicios se vencen, así que lo llevé a casa para leerlo sin tenerlas todas conmigo. Y, sorpresa, me gusta. No demasiado, pero encuentro una novelita de investigación muy entretenida, bien estructurada, bien dialogada, divertida, con algún punto que exigía demasiado la suspensión de la credibilidad y con la que pasé una tarde de domingo (su lectura no dura más de tres o cuatro horas) la mar de entretenido.
Mickey Bolitar; padre muerte, madre en rehabilitación, mala relación con su tío y una novieta desaparecida. Y siguiendo su rastro, Mickey acabará entrando en un mundo duro y sórdido.
Argumento clásico para novela clásica de detectives. No depara muchas sorpresas, abre muchos interrogantes (alguno de ellos no muy conseguidos) y acaba en un buen clímax que no alcanza la apoteosis por un deux ex machina algo torpe y ciertas dosis de humor que no cuajan. Lo mejor son unos personajes bien conseguidos y por los que el lector va leyendo. Con el protagonista se consigue evitar caer en los tópicos de la popularidad o de la marginalidad. Mickey no es una cosa ni otra convirtiéndose en un personaje que se hace real a ojos del lector. Un chaval que solo aspira a que le dejen tranquilo y jugar a baloncesto. Las dos chicas que le acompañarán en sus pesquisas funcionan como personajes que consiguen alejarse algo de los estereotipos de "gorda simpática" y "zorra popular". El resto de personajes... bueno, se cae en que los deportistas son idiotas, los malos, megalómanos y los adultos, ausentes. Y el personaje de Spoon... bueno, cuesta de creer.El argumento funciona a medias. Hay dos líneas argumentales: la desaparición de la novia de Mickey y el misterio de la casa abandonada que conducirá a algo que modificará la concepción que tiene el protagonista de su propio pasado. Mientras que la primera línea funciona bien por sencilla (desaparece, investigar, secretos, etc.), la segunda creo que no logra cuajar. Pide al lector que suspenda en mucho su credibilidad y crea un quiebro argumental que se me antojó difícil. Quizá con más desarrollo hubiera cuajado mejor, pero tal como está presentado se rebela insuficiente. La sensación que me dejó el final de Refugio es el de una novela que con menos pretensión sería efectiva, rápida y entretenida, pero que quiso ser más y naufraga en un intento de crear un argumento de mayor calado que una simple desaparición. Y, joder, qué difícil que es hablar de todo esto sin entrar al trapo y destripar el argumento de arriba a abajo.
Así que me quedo con la parte que me gusta. Un escritor con fuerza que domina bien el estilo y mejor el diálogo. Una novela que no aburre en ningún momento, divierte en bastantes y tiene un par de momentos de gran tensión. Harlan Coben en mi opinión salva con aprobado justo la primera incursión en el género juvenil y promete progresar adecuadamente en el segundo capítulo de la serie. ¿Recomiendo la novela? Sí, si se busca algo ligero, rápido y sin complicaciones para pasar un buen rato. Poco más.

