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"Hex Hall" de Rachel Hawkins

Hex Hall 1. Condena, Rachel Hawkins, ed. Destino, 2011

Aunque he leído este año otras novelas que quería reseñar, y que esta Hex Hall al ser la última en principio tendría que ponerse a la cola, he decidido reseñarla en lugar porque corre el peligro que en pocos días caiga en el olvido. Y no porque sea una mala novela (no... esas las recuerdo muy bien y mi venganza será terrible), sino porque es una de esas historias simpáticas que hay a patadas que proporcionan unas horas de lectura agradable y luego a otra cosas mariposa.

Empezamos.

Primero, la portada. Los que siguen habitualmente este blog ya saben que no suelo hablar de portadas ni de estética. Con Hex Hall hago una excepción porque la primera vez que oi hablar de la novela de Rachel Hawkins fue por un concurso que había organizado la editorial Destino para que las lectoras (supongo que también los lectores, pero parecía que sólo se dirigían a ellas) eligieran la portada que se pondría a la novela. Las lectoras votaron y ganó esa cosa que ahora está en las librerías. Y digo cosa por dos razones: es fea de cojones (me recuerda a un anuncio de cigarrillos y creo que forma parte de la tendencia que está adquiriendo la editorial con caras de muchacha y mucho humo) y no tiene nada que ver con la historia. Esto último no es culpa de las personas que votaron, claro. Cada uno votó lo que le gustó, pero sin saber si esa portada era adecuada para el libro o no. Se contaron los votos y parece ser que ganó eso. Una portada que transmite oscuridad y aburrimiento para una historia luminosa, divertida y juvenil. Nada que ver con el cuento que Rachel Hawkins nos cuenta. En cambio, la portada original sí que nos explica algo de la historia y sí que es la adecuada.


Y mi pregunta es, ¿por qué teniendo una portada tan estupenda como ésa, la editorial se lanza al embolao de cambiar la portada y hacerlo por sorteo y concurso y todo eso? ¿No será porque le da más importancia a la publicidad que le puedan hacer y a la campaña de marketing que, no sé, a corregir los errores de edición que hay en el texto? ¿No será porque importa más que se hable a hacer bien el trabajo?

Segundo, el argumento. Hex Hall entra de lleno en ese subgenero literario de colegio/internado/reformatorio/hospital para personas especiales. Sophie Mercer descubre que es bruja, se mete en lios y deciden matricularla en un colegio para prodigiums problemáticos, o sea, brujos, licántropos, matemorfos, etc., que no saben dejar sus poderes quietos. Allí conoce a un chico guapo, una compañera de habitación retraida y marginada, se gana la enemistad de las populares y conocerá secretos que la llevarán a aumentar sus habilidades mágicas, pero también a que su vida se tambaleé.

Sí. Lo sé. Y es que cuando uno se enfrenta a la rápida lectura de Hex Hall (unas cinco horas con la cena por medio), se hace evidente una clara constatación: en esta novela no hay un solo elemento original o diferente. Los que hemos leído un mínimo de literatura juvenil romántica contemporánea (joder que largo que es esto), absolutamente todo lo que nos cuenta Rachel Hawkins ya lo hemos leído. Más en concreto, Hex Hall es una mezcla de la saga Medianoche y la saga La casa de la noche cogiendo lo mejor de cada una. En el caso del rollo de la Gray, una estructura narrativa prácticamente idéntica y una cantidad de personajes perfectamente intercambiables (profesores, la compañera de habitación, etc). En el caso de las novelas de las Cast, el sentido del humor. A esto se le añade la saga de Potter y la película Jóvenes y brujas (The craft, Andrew Fleming, 1996).


Y pam, Hex Hall.

¿Es esto malo? No necesariamente. La novela de Rachel Hawkins se presenta como un divertimento, una comedia fantástica con toques de romance y secretos de familia, una novela para leer y olvidar. Es como una comedia romántica que ya has visto un millón de veces, pero como esta vez la protagonista es Amy Adams pues tiene un encanto especial. Rachel Hawkins escribe con gracia y con humor y esto es lo mejor de la novela. No tiene ese tono postizo de falsa trascedencia, de "la historia que te voy a explicar es la leche puta de fuerte y puff... vas a fliparlo y llorar y emocionarte y..." que sí tienen otras novelas (pienso en Medianoche, en Hush Hush, o en esa famosa saga de vampiros gusiluz), sino la ligereza de una historia conocida, pero bien contada y divertida. Sophie es simpática, las malas son tópicas, pero majas a su manera, el chico es lo de siempre, pero como no mete la baza en la historia de amor es tolerable (aunque uno se cansa de chicas que ven al chico y a la primeras de cambio ya están enamoradas y con las bragas deslizándose, pero no puedo hacerlo porque no se fijará nunca en mí y soy poquita cosa... ¡si hasta tengo pecas y todo! En serio, ¿qué pasa con las pecas?).

Tercero, la conclusión. Una novela ya leída en otras novelas, pero divertida, agradablemente escrita y con la suficiente gracia e ingenio como para leerla con una sonrisa. ¿Merece la pena? Indudablemente. Ya sabéis que en este blog se agradecen mucho las novelas ligeras, simpáticas y sin pretensiones. Y ese colegio lleno de los seres que protagonizan todas las novelas (hadas, metamorfos, vampiros, brujos, etc) es lo suficientemente simpático como para volver en su continuación. Pese a que seguramente ya la habré leído.


Ah, y de momento, la mejor novela juvenil leída este año.