Espero que quede bien. Es mi primera vez y estoy nervioso...
Temporada de Navidad. Junto con Sant Jordi y la odiosa temporada de libros de texto los momentos más duros de la vida de un librero. Donde en un instante, un librero simpático, medianamente atractivo, con importantes taras sociales, pero que gana mucho en petit comité pasa de esto
a esto
Y es que en general los días son movidos, pero paradojicamente, tranquilos. Gente que viene, que habla, que compra, pregunta y se deja aconsejar. Pero pasan cosas... pasan cosas... siempre pasan cosas...
Llaman al teléfono.
Le tengo pánico al teléfono.
- Llibreria Aqualata, diga.
- Hola, mira, hará cosa de un mes compré un libro para un módulo que iba a hacer y ya no lo hago y quería saber si me cambiaríais el libro.
- Bueno, en principio los libros de texto no los cambiamos.
- Pero, mira, te explico. Es que yo iba a hacer el módulo, pero yo trabajo y al final no podré hacerlo y, claro, ahora tengo un libro que no voy a utilizar. Si no he ido a clase ni nada porque yo trabajo.
- Los libros de texto no los cambiamos, pero pasa por aquí y vemos qué se puede hacer. ¿El libro está bien?
- ¿Qué quieres decir?
- Si está en buen estado.
- Mira, te explico. Es que yo iba a hacer un módulo y entonces, claro, como iba a hacerlo pues forré el libro y le puse el nombre...
- Entonces no te lo puedo cambiar.
- No, escucha, es que ahora no voy a hacer el módulo y por eso quiero cambiar el libro porque si no voy a hacerlo, ¿para qué tener el libro?
- Ya, pero si el libro tiene el nombre puesto y está forrado no podemos aceptar el cambio.
- Pero el nombre se quita con tipex y le quité el forro.
- Ya, pero...
- Lo que pasa es que al quitar el forro se rompió la tapa. Tiene una raja.
- Está roto, entonces.
- Sí, pero ya no tiene forro.
- Si el libro está roto no te lo puedo cambiar.
- Ya, pero es que ya no hago el módulo. Como trabajo pues no puedo hacerlo.
- Sí, ya, no haces el módulo, pero el libro está roto.
- Sí.
- No te lo puedo cambiar.
- ¿Por qué?
- Porque está roto.
- Pero si ya no hago el módulo.
- Pero el libro está roto.
- Claro, al quitarle el forro se rompió, pero es que ya no hago el módulo.
- Sí, pero no te puedo cambiar el libro.
- ¿Por qué?
- Porque lo has roto.
- Claro, al quitarle el forro.
- Y por eso no te lo puedo cambiar.
- Pero es que no hago el módulo.
- Sí, pero has roto el libro. Y si lo has roto, no hay devolución.
- No entiendo por qué no.
- Porque está roto. Es como si te compras unos zapatos, los llevas a casa, no te van bien y antes de cambiarlos les tiras un café encima. No te los cambiaran.
- Sí, claro, pero no me vas a comparar unos zapatos con un libro.
- Lo siento, pero no lo cambiamos.
- Es que no lo entiendo.
- Porque el libro tiene la tapa rota.
- Se rompió al quitarle el forro, pero te explico. Yo iba a hacer un módulo...
***
- Sí, un momento.
- Sí, tú, el gordaco de las gafas, ¿qué precio tiene este libro?
***
- ¿Y cuentos clásicos para niños de tres años, tenéis?
- Sí, mira, están por aquí.
- Había una colección que tenía texturas que le gusta mucho.
- Debe ser esta.
- Sí, esta. ¿Solo tenéis estos títulos?
- Ahora mismo sí.
- Es que casi todos ya los tiene.
- El de Ricitos de oro es gracioso.
- Es para un niño.
- Bueno, da igual, ¿no? Los cuentos no tienen sexo.
- Ya, pero es para un niño. No le voy a leer un cuento a un niño donde el protagonista sea una niña. A mi hijo no le he leído ni le leeré Blancanieves o La Cenicienta porque, claro, que va a pensar. Es como si a una niña le leyeras Los tres cerditos. Es ridículo.
***
Conversación oída. Un tipo que se creía interesante alardeaba de profundos conocimientos literarios para impresionar a su acompañante. Se detiene ante la sección de cómics y toma en sus manos From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell.
- ... es como esto. Los cómics. Que leer cómics está bien, pero, claro, no puedes tomartelos en serio. Leer cómics es... no sé... como leer 50 sombras de Grey. Para pasar el rato están bien, pero los que se los toman en serio no son verdaderos lectores. Se han quedado a medio camino.
***
- Oye, nene.
- Diga.
- ¿Los libros que tenéis en el escaparate son de dar o de vender?
- De vender.
- ¿Los vendéis?
- Sí.
- ¡Pero si ya los ha visto todo el mundo!
***
- ¿Tenéis velas?
- No.
- Como es una librería he pensado que tendríais velas.
- Pues no.
- Para regalar con el libro.
- No tenemos.
- Es que había pensado regalar un libro con la vela.
- Ya.
- Pero si no tenéis velas.
- Pues no.
- ¿Ahora qué puedo regalar?
- Puede regalar un libro.
- Pero sin la vela no es lo mismo.
- Es lo que hay.
- Pues ya me has fastidiado el regalo.
- Perdona, para una chica de quince años, ¿qué me puedes recomendar? ¿Blue Jeans, Moccia, Espinosa o con quince años ya puede leer algo de Coehlo?
- No tenemos.
- Es que había pensado regalar un libro con la vela.
- Ya.
- Pero si no tenéis velas.
- Pues no.
- ¿Ahora qué puedo regalar?
- Puede regalar un libro.
- Pero sin la vela no es lo mismo.
- Es lo que hay.
- Pues ya me has fastidiado el regalo.
***
- Perdona, para una chica de quince años, ¿qué me puedes recomendar? ¿Blue Jeans, Moccia, Espinosa o con quince años ya puede leer algo de Coehlo?
***
Entra un representante.
- ¿Qué? ¿Hablamos un poco de Sant Jordi?
Sale un representante.
***
- Perdona, ¿tenéis el libro que le vi una vez a una chica?
- No sé, ¿sabes algo más?
- Sí, follaban.
***
Y el momento más triste de las navidades fue cuando entró una de las clientes habituales. Joven lectora voraz que he visto crecer, que nos recomendamos mutuamente libros y pasamos minutos muertos hablando de libros, la vida, el universo y todo.
- Vengo a despedirme.
- ¿Y eso?
- Dicen mis padres que leo demasiado y me han prohibido comprarme más libro.
- ¿Cómo?
- Que si quiero leer, tengo un ordenado bien grande y que me los baje, pero que ellos no se gastan más dinero en chorradas de estas. Que ya he leído bastante.
Y a los padres.
PD. Ya está. Fin. Hecha la entrada con gifs. No sé si haré más. Esto da mucho trabajo.



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