Un mundo devastado. Una princesita. Un malo malísimo que quiere matar a su familia y tomar el poder. Un huída, una revolucion, un libro apresurado, mal estructurado y mal explicado. Una mala novela.
Dejemos las cosas claras desde el principio, La última princesa me ha parecido una mala novela. Su lectura no ha llegado a molestarme ni irritarme, pero no he encontrado en ella nada que me permitiera salvar la historia o la forma de explicar la misma. En ella se atisba alguna idea interesante (sobre todo en el campamento, pero no es nada que no hubiéramos leído antes), pero todo presentado de forma descuidada y atropellada. Al leer la novela tenía la sensación de estar leyendo un primer borrador a una historia que necesitaba de mucho trabajo; en ningún momento vi en La última princesa una historia acabada. Es un prometedor primer narrador, una mala novela.
¿Por qué digo todo esto? Vamos por partes.
El marco: una Inglaterra en ruinas después de unos brutales desastres naturales. Una población perdida y empobrecida. Parece ser. Porque al leer la historia el mundo pasa de postapocalíptico a campiña ideal de una página a otra. De lugar inseguro y peligroso, a país donde dos viejecitas encantadoras pueden vivir solas. Poco desarrollado (¿qué pintan los Merodeadores en toda esta historia? ¿Y los Recolectores? ¿Dónde está el gobierno? ¿Qué opina de todo lo que se monta?) ya que parece olvidar lo que ha presentando en capítulos anteriores para crear otro futuro según las necesidades de la escritora y no las necesidades de la historia que es lo que importa.
Personajes: poco desarrollados, predecibles, tópicos. Eliza como protagonista no funciona. Se agradece el intento de crear un personaje fuerte y que no tiene miedo de ponerse en peligro, pero sus reacciones son erráticas y contradictorias. El chico de la historia es prescindible. Si se hubiera amputado la historia de amor de esta novela no hubiera pasado nada porque no es creíble ni funciona ni interesa ni aporta algo nuevo a la narración ya que rompe con cualquier credibilidad. Y mi pregunta, ¿es necesario que en toda novela juvenil aparezca una historia de amor? ¿Por qué? Hay historias en las que no funciona. La última princesa es una de ellas porque en un sentido estricto, la protagonista no tiene tiempo para ponerse mimosa con el primer ojitos de miel que aparece y menos en las circunstancias que la rodean. Y como está explicado... no hay transición entre el "pues es mono" a "no puedo ni respirar y lo amo". Un vistazo, una caza, una promesa de secretos y ya está, romance eterno al canto. Y se incluye una escena en una cabaña perdida en mitad del bosque (nuevo marco que empieza a poblar la narrativa juvenil) de vergüenza ajena.
Y el malo... bueno... no se explican sus motivaciones, su pasado, su porqué quiero destruir la familia real y coronarme como rey. Es una figura que aparece, se frota las manos diciendo lo malo que es y comete torpeza tras torpeza. Si el malo no funciona, la tensión no funciona. De los secundarios, paso. Figuras que aparecen, se les da importancia para no volver a encontrarlos. Desvaídos, meras comparsas que van apareciendo por necesidades de cubrir huecos y no porque la historia lo necesita (¿qué pinta la chica que conoce Eliza en su primera noche en el campamento? ¿Para qué dedicarle páginas y palabras para no concluir su historia?)Estructura: errática y poco trabajada. Repito lo que digo un poco más arriba, la novela me parece un primer borrador. Ese que se escribe al calor de lo que salga y que sirve para dar una idea general de la historia, un primer armazón sobre el que luego se debe trabajar, reescribir, borrar, amputar, volver a reescribir, y reescribir, y reescribir y borrar y leer y criticar y eliminar y reescribir y... Un ritmo que se atropella desde el principio para dar la mayor cantidad de información y hechos en el mínimo espacio (la novela es muy breve, párrafos grandes y letra de tamaño generoso) acaba provocando la confusión en el lector. Y tiene uno de esos recursos narrativos que tanto me molestan; hay una dependencia extraordinaria de la casualidad. Abro una puerta y casualmente me encuentro con un personaje que estaba a cien kilómetros, conozco a alguien y casualmente me da un objeto que había perdido, me caigo y casualmente llego donde me conocen, etc. La casualidad fuerza la credibilidad y o lo justificas muy bien, o el argumento hace aguas.
Y todo explicado con un estilo pobre, repetitivo y poco trabajado. Lo que sale después del primer borrador de una historia... ese que lees a las seis semanas y se cae la cara de vergüenza y que solo sirve de acicate para hacerlo mejor. Una lástima porque la novela tiene alguna idea interesante que con un mejor desarrollo hubiera podido dar lugar a una entretenida novela de aventuras. Pero todo se queda en destellos fugaces... lo que ha llegado a las librerías es una mala novela
Ah, y es la primera parte de lo que se puede intuir una serie gracias a un innecesario y ridículo epilogo que deja incógnitas en el aire. No era necesario, la verdad.
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