Hija de lobos, Víctor Conde, ed. Minotauro, 2011
"Rhum era el último lugar que se me habría pasado por la cabeza a la hora de buscar refugio, pues sus campos deshabitados, sus mares de jacintos y las verdes jorobas del Cullin se quedarían grabados para siempre en mi cabeza como el lugar donde todo empezó."
Escocia, 1826. La isla de Rhum está siendo desalojada con el fin de dedicarla a la cría de ganado. Sin embargo, un erudito en los misterios de la ciencia llega para ocupar la única casa que hay en la isla, una mansión de rotundos muros, acompañado por su hija adolescente y su hijo pequeño, que padece una terrible enfermedad (y la mujer y la abuela y unos cuentos criados... el paréntesis es mío).
Pero la presencia de los extranjeros parece haber despertado algo en la isla, algo antiguo y malvado que hasta entonces vivía sólo en las leyendas locales. La hija mayor, Sabine, deberá dejar atrás sus sueños de adolescente para enfrentarse a un mundo lleno de sombras y peligros, si quiere salvar su propia vida y la de su hermano...
Y hasta aquí el resumen de la contraportada... que sitúa algo, despista un poco más y proporciona al lector un par de pistas falsas. La historia de Hija de lobos se mete en terrenos mucho más estimulantes de lo que una lectura rápida del argumento podría aventurar. Porque la novela empieza como una perfecta novela de ambiente gótico para acabar en su tercera parte en terrenos más atávicos y hasta aquí puedo leer porque destriparía muchas cosas. No es que la evolución de la novela sea una sorpresa para el lector (tampoco creo que sea la intención del autor, la verdad), pero merece la pena el camino hasta sus últimas páginas. Sobre todo porque uno de los alicientes de esta novela es el juego que propone Víctor Conde, en un ambiente muy conocido por el cine y la literatura vamos a contar una historia de licántropos, pero subvirtiendo las expectativas del lector.
Me explico. De forma parecida a lo que hizo Nina Blazon en su reivindicable novela La novia maldita, para la confección de su "monstruo", Víctor Conde rastrea en la tradición medieval con sus leyendas, supersticiones y cuentos y olvida la tan rica tradición del licantropo cinematográfico. Vamos, ni luna llena ni balas de plata. Resulta apasionante este viaje ya que nos lleva directamente al mundo de la superstición y a los terrores más primarios del ser humano. La proliferación de imágenes y de leyendas resulta apasionante y es lo que más me interesó. Una forma diferente de presentar el motivo del hombre lobo recurriendo a su mismo origen. De esta forma se trasciende el goticismo que más o menos esperaríamos y vamos a algo mucho más primario y que, salvando distancias, estilos e intenciones, me hizo pensar en algunos pasajes de la bellísima y apasionante novela Los pasos perdidos del maestro Carpentier.
La historia en sí no es muy diferente de cosas ya vistas o leídas, pero funciona gracias a una forma de contar muy cuidada y atmosférica. La atención por el detalle que importa, el ritmo (pausado, pero muy intenso) y a la evolución de los personajes principales. Sabine, que empieza siendo una heroína algo irritante, evoluciona y madura. De adolescente a mujer. El lector acaba sintiendo muy cerca a esta mujer. Y poderosas figuras la del padre o el antagonista con un irónico y acertado final. ¿Algo que no me gustara? Algún momento de la primera parte de la novela se me hizo cuesta arriba y el redondeo de algún secundario, pero tampoco es definitorio para la valoración de la novela.
Licantropía, familia, leyendas, fanatismo, fuerzas atávicas. Y el amor, claro. Porque Hija de lobos es una novela sobre el amor. Y, por favor, no penséis en el chico más popular del pueblo y la joven hija del forastero. Algo mucho más complejo y adulto. Y, en algún momento, cruel.
Hija de lobos es mi primera experiencia con el mundo literario de Víctor Conde y aseguro que no será la última. Una novela de terror bien construida, bien narrada, con una visión de la licantropía fascinante, buenos personajes y una tercera parte muy envolvente, terrible y hermosa.
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