Como al principio de esta novela hace su protagonista, hago una pequeña y superficial declaración de principios.
No me gustan los libros que en pleno siglo XXI están escritos como si el siglo XX no hubiera existido, las novelas ambientadas en la posguerra española, las interminables sagas familiares, las novelas sobre campos de concentración donde hay algo de esperanza (en el infierno no existe la esperanza), las novelas de más de cuatrocientas cincuenta páginas, las novelas de enigmas disfrazadas de novelas de género negro, las novelas cuyos autores utilizan expresiones como "negro como la boca de un lobo" o "dientes como perlas", los protagonistas con ojos color miel, las novelas eróticas monógamas, las novelas donde en medio del caos la protagonista piense en lo bueno que está el chico, las historias de treintañeros con problemas de mierda que se van al campo a pensar en sus problemas de mierda, las novelas cuyos narradores son objetos o animales, las historias de jóvenes con enfermedades terminales que viven el presente, las historias de enfermedades terminales en general, las novelas donde la aparición de un bebé transforma a mejor la vida de un soltero huraño...
Naturalmente, hay excepciones a esto. Sin embargo, Las mil y una historias de A.J. Fikry no es una de ellas. Esta es una novela donde una niña pequeña transforma la vida de un adulto huraño, donde hay una enfermedad y donde aparecen entre sus páginas momentos y detalles que como lector detesto encontrar en una novela. Todos tenemos nuestras manías y, sí, yo tengo bastantes.Las mil y una historias de A.J. Fikry es una novela que no me ha gustado, pero que puedo recomendar. ¿Qué quiero decir con esto? Ni yo mismo lo sé muy bien, pero intentaré explicarme. Antes de todo, ¿de qué va esto?
Pues hay un librero malhumorado y huraño que maltrata a los representantes, que vende lo que no le gusta, que ve todo aquello que adora languidecer en los anaqueles de la librería, que no se corta en su opinión y que defiende hasta la muerte aquello que le gusta. Vamos, un librero normal y corriente de los buenos. Un día, bueno, una noche alguien deja una niña de dos años en su librería y tras el susto y los días, adopta. Su vida, claro, se transforma y para mí empiezan los buenos sentimientos y el aburrimiento. Porque Las mil y una historias de A.J. Fikry es una novela de buenos sentimientos, una novela sobre la magia cotidiana, sobre los momentos mágicos y sobre los libros y su capacidad para evocar o transformar vidas. Y a mí todo esto como que no. Si no viene acompañado de personajes profundos, de una historia poderosa y buena técnica que consiga que no se caiga en el melodrama, para mí no funciona. Porque Las mil y una historias de A.J. Fikry es una historia que cargada de buenos sentimientos, con personajes sencillos y que acaba teniendo un giro hacia el melodrama de telefilm de sobremesa que no funciona.
Y eso que empieza como una historia simpática sobre libros y librerías. Más realista de lo que parece a primera vista y con algún buen diálogo, pero la apuesta de la autora por la sentimentalidad y el melodrama, en mi opinión, lastran una historia prometedora. A ver, no creo que sea una mala novela, es solo que esta novela a mí no me ha gustado. Se lee bien, es sencilla y nada pretenciosa, resulta entretenida a ratos (aunque su parte central resulta bastante aburrida) y, en algún momento, divertida. Los personajes son funcionales, pero simpáticos. Para quien busque una historia entretenida y sencilla para soportar los calores del verano, perfecta. A quien le guste las historias de buenos sentimientos con puntito de melodrama, también.
Pero no es una historia para mí. No me gusta el melodrama ni las historias construidas en torno a niños recuperadores de sonrisas. Además, a la historia le falta profundidad, hay algún giro argumental que chirría y un desequilibrio en la trama (por ejemplo, el personaje de Maya, la niña abandonada que da la sensación de pasar de personaje principal con voz narradora a secundaria cuya historia parece no concluir) que hacen que la novela sea entretenida, pero no pase de lo correcto con reservas. Tengo la sensación de que esta historia hubiera podido funcionar mejor como cuento que como novela. Y sin la parte de la niña y la adopción, mejor. Un buen relato sobre un librero, sobre libros, conversaciones... el retrato de una vida sencilla y como desde su silencio afecta a la vida de los que le rodean. Podría haber sido esto, pero el melodrama, la búsqueda de la lágrima, la emoción afectada hacen que la novela tome otros caminos en los que se embarra y no avanza.
Y no quiero que se entienda que no me gustan las historias optimistas o con sentimiento. Sin ir más lejos, La librería ambulante es un canto delicioso al amor, a los libros y a los caminos, pero sin un ápice de melodrama. O, en cambio, La librería es un ejemplo de relato irónico y dramático, pero ni sentimental ni tramposo. Y para mí, Las mil y una historia de A.J. Fikry cae en lo sentimentaloide y el melodrama que hacen que me aleje totalmente de la propuesta del libro. Que, repito, no es malo, pero que a mí no me ha gustado.
Tengo la sensación de que no me he explicado como querría...
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