"Seguros mortales" de Claudia del Moral. Sexta entrada

(pincha sobre el enlace)

La tensión se paseaba como dueña y señora de aquel pedazo de mundo. Como emanación que tanta violencia había dejado en el ambiente. Entre Viktor y Álex; parecían un perro sabiamente adiestrado para el combate y una rata rabiosa que había perdido cincuenta kilos de grasa y había ganado treinta de músculo. Y la sentía en mis bragas como una miriada de nuevas y desconocidas sensaciones. ¿Acaso el hecho de que alguien (o algo) me despojara del vello que cubría mi secretum había sido el acicate para que conociera nuevos sentimientos y nuevas ansías? ¿Por qué me veía siempre atraída de forma irremediable a este tipo de competiciones entre dos guapos hombres que se disputaban mi amistad? En Manila, en París, en Carme. Una y otra vez la misma historia. Estaba agotada. Pero esta vez era diferente porque unos extraños sentimientos habían nacido en mi interior y pugnaban por romper las celosías donde atesoraba mi alma y dejarse acariciar por las nubes. A un lado, Viktor, tan grande, tan arrogante, tan bien vestido. Agente de seguros. Al otro mi querido Barrilete.
- Vámonos, Derrota - dijo Viktor -. Tenemos que hablar.
- Derrota, no te vayas con él - la voz de Alex sonó apremiante y un poco desesperada.
- Por favor, agente James, no lo complique más. La investigación del suceso la llevaremos desde Seguros inmortales. Usted y su grupo de investigadores aficionados no pintan nada aquí. La señorita Derrota es una testigo de lo que a primera vista parece un crimen y, por tanto, está bajo mi protección - mientras decía esto me pasó el brazo por encima de los hombros y dejó en mi cuello el aleteo de una caricia.

Una caricia que fue como beber una copa de vino en la bota de un leñador. Noté como se inflamaba una nueva vida en el calor que albergaba vientre. Me vi arrastrada a otro lugar donde el cielo era azul e infinito y donde la verde hierba se extendía hasta donde la vista no alcanzaba. Viktor estaba conmigo y me conducía a un cobertizo. Yo tenía miedo y quería huir, pero a la vez me sentía arrobada por su fuerza y su seguridad y no podía evitar seguir sus pasos y fijarme con sentimiento culpable en la curva que su trasero dejaba en los pantalones. ¿Qué me pasaba? ¿Cómo podía mirar a un hombre allí abajo? Me sentía sucia y pecadora... y me gustaba.
Entramos en el cobertizo. Pequeño, oscuro, húmedo. Solo alcancé a ver el suelo cubierto de paja y un pequeño taburete antes de que Viktor me arrancara la ropa y la lanzara de forma descuidada sobre un montón de heces. Empezó a recorrer mi cuerpo de forma ruda y dominante. Me sentía transportada a cotas de sensaciones que no conocía, pero que no quería abandonar. Me gustaba lo que me hacía y no quería que lo dejara de hacer nunca. Su cuerpo duro, trabajado en forja y sudor, se imponía a la delicadeza de mi piel cobriza. Su barba arañaba mi piel y me abandone a él, a su rudeza, a su autoridad. Me agarró del pelo con una mano, con la otra me dio dos toques en las piernas y caí al suelo a cuatro patas. Y aunque estaba asustada lo deseaba, lo quería, lo necesitaba. Todo mi mundo se había reducido a un solo pensamiento y a un solo deseo. Quería que Viktor me...
me...
... ordeñara.
Sus manos acariciando mis pechos, sopesándolos y palpándolos mientras coloca un cubo debajo de mí y me dice palabras tiernas para que me relaje. Entonces, cuando estoy confiada y me dejo llevar por su caricias que me encantan, de forma autoritaria, pero suave, como si en cada caricia viajara una parte de él, agarrara mis ubres, enlaza entre el pulgar y el indice uno de mis pezones y con los otros tres empieza a tirar con fuerza, de forma autoritaria, algo rudo, pero sin hacerme daño mientras me dice venga bonita, venga. Siento miedo de lo que quiere hacerme y no me siento segura, pero no puedo resistir que mi cuerpo se pliegue a sus caricias y tirones y sin poderlo evitar me derramo y empapo su mano con mis jugos. Y mayor es la sorpresa que me invade al ver que lo que me está haciendo me gusta, me arrebata y me moja. Un deseo que se escurre entre mis piernas y entre sus dedos. Él sonríe.
- Sí, oh sí, nena, sigue así, vacíate para mí.
Y lo hago hasta acabar agotada porque quiero y porque él me lo dice. Lo hago y soy feliz hasta que de mi no sale nada más. Viktor retira el cubo, me mira a los ojos y se lo lleva a los labios. Y me bebe.
Oh dioses míos. Me bebe y ahora formo parte de él.

El contacto se interrumpió y volví a la realidad de una noche de pesadilla, de unos ojos color miel, un amigo que había perdido peso y un anciano que había vuelto a nacer gracias a un cinturón bien colocado.
¿Qué me pasaba? ¿Por qué había imaginado eso? ¿Por qué cada vez que Viktor me tocaba me veía transportada a otro lugar?
Porque es vuestro destino...
¿Qué?
... alteza.
- ¿Qué?
- Que subas al coche, Derrota - me dijo Viktor -. Te llevo a casa.
 - ¿Cómo?
- Sube, no tienes por qué estar aquí.
- No subas a ese coche, Derrota - dijo Alex acercándose a mí -. Este Viktor no es de fiar.
- Vámonos, Derrota. Mis chicos se ocuparán de todo.
- No lo hagas - me suplicó Alex -. Quédate conmigo.
- Lo siento, Alex -dije. No quería hacerle daño, pero Viktor tenía razón. Él llevaba la investigación, yo era una testigo, él tenía que protegerme -. Tengo que hacerlo. Además, ya no pintas nada aquí. La investigación la lleva la correduría y tú solo eres...
- ¿Qué? ¿Qué soy Derrota? Puedes decirlo.
- ... un simple polícia.
- ¿Y eso no es bastante para ti, verdad? Adelante Viktor, llévesela. Y cuídela bien -. Y diciendo esto se dio la vuelta y entró en la casa para ayudar a sus hombres a recoger sus trastos.
También eres mi mejor amigo, pensé.
- Vamos, Derrota, te llevaré a casa.

Subí a su coche. Era un auto amplío y confortable. Me arrellané en el asiento del acompañante y cerré los ojos. Solo quería dormir durante mil siglos y que cuando despertara todo volviera a ser como cuando era menos infeliz. Volver a tener trece años y mi pecho aun no había eclosionado deformándome el cuerpo. Mi madre bailaba en Constantinopla y me mandaba postales diciéndome lo mucho que me quería y lo que se alegraba de estar lejos. Mi abuela en la cocina me explicaba qué significaba ser una dama y por qué yo no lo sería nunca mientras se servía una copa de ginebra y mascullaba que mi madre no era más que una cabra loca y yo iba por el mismo camino. Y Álex no me odiaba, era mi amigo y estaba en su casa vestido con las ropas de su hermana desaparecida y respondiendo al nombre de Rosita. Todo era feliz, luminoso, sin complicaciones. La voz de Viktor me arrancó de la ensoñación.
- Derrota, ¿estás bien?
Abrí los ojos y vi como acercaba su mano a mi mejilla.
- ¡No me toques!
Que no me tocara, por favor. No podría soportar otra visión.
Detuvo su mano en el aire. Su rostro era la muestra perfecta de la incomprensión.
- Lo siento, no quería...
- ¡Qué no me toques!
Viktor puso ambas manos en el volante y mantuvo la mirada al frente.
- Lo siento, Viktor - dije -. Es solo que no me gusta que me toquen. Tengo la piel sensible... Me sale lepra al menor contacto. No quería molestarte.
- No te disculpes, Derrota. Es mi habitual falta de delicadeza. Cuando estoy al lado de una chica guapa...
Guapa, claro.
- ... no puedo evitar tocarla para saber si es real o un hada
Sonreí. A pesar de su exageración no pude evitar sentirme un poco halagada. ¡Qué demonios!, pensé, juguemos a engañarnos y a pensar que soy guapa.
- Y dime, Derrota, ¿hace mucho que conoces al agente James?
- Sí, mucho. Desde que éramos niños.
- Parece un buen hombre.
- Lo es - confirmé.
- Y guapo.
- Imagino que alguna chica lo debe encontrar atractivo. Me cuesta verlo como un hombre de verdad. Piensa que lo he visto muchas veces mearse encima cuando los niños le llamaban princesita en el patio del colegio y más veces lo he consolado cuando se quedaba a dormir en mi casa y nos escondíamos de la escopeta de mi abuela.
- Entiendo.
- ¿No te cae bien Alex? - pregunté -. Por lo que he visto antes hay cierta tensión entre vosotros.
- Sí que lo aprecio, pero...
- ¿Pero?
- No ha superado que lo recházaramos.
- ¿Qué?
- Cuando anunciamos que abríamos la correduría recibimos muchas solicitudes de personas del pueblo que querían ser agente de seguros. Y una de ellas era de...
- Alex.
- Sí. La gente imagina que ser agente de seguros es una tarea sencilla, pero se equivoca. Exige un gran compromiso a muchos niveles. Un buen físico que al margen de ser fuerte y capaz, sea diestro y ágil. Capacidad de compromiso, seriedad y ser consciente que el cliente es lo primero. Ante todo. Ante cualquier cosa. El asegurado es lo prioritario y su satisfacción, nuestra prioridad. Y para conseguir esto, como he dicho antes, necesitamos hombres y mujeres fuertes, preparados, capaces, centrados y con una gran fortaleza psicológica.
- Y Álex cumple con todo de forma sobrada, ¿no?
- Sí, con todo. Menos.
- ¿Qué?
- Álex demostró una gran fortaleza física y una capacidad de compromiso y sacrifico que pocos de mis agentes pueden igualar. Su puntuación en la prueba de tratar con abuelas fue de las más altas en los últimos cincuenta años, pero...
- ¿Pero?
- Fracasó de forma estrepitosa en las pruebas psicológicas. Se presentó como un sujeto inestable con varias carencias afectivas que le daban un cuadro psicológico proclive al maltrato y al abuso. Ideal para ser policía, pero no para ser agente de seguros. Además...
- ¿Además?
- Presentaba tendencia a odiar a las mujeres.
- ¿Qué?
- En el test psicotécnico había una pregunta que pedía que dijera cinco cosas que odiaba de forma visceral. Alex contestó: los espárragos, los restos de corcho en el vino, la gente que imita a urogallos en el cine, la música melódica y a todas esas putas mujeres que merecerían perecer bautizadas en cal viva. Cinco de nuestros psicólogos coincidieron en era una respuesta significativa.
- No lo puedo creer.
- Lo siento.
- Conozco a Alex desde que era un niño gordo y adorable que vivía con su madre, sus tías y sus siete hermanas. Yo lo conozco. Ni tú ni vuestros psicólogos lo conoce. Y es una persona buena incapaz de albergar odiar nada. Excepto a los franceses, claro.
- Siento si la he disgustado...
- No te preocupes, Viktor.
Permanecimos en silencio unos segundos. La noche estaba tranquila y los cervatillos saltaban por encima de nuestro coche con su habitual elegancia. Resultaba difícil de creer el infierno que acababa de vivir.
- Derrota - dijo Viktor con delicadeza -. ¿Estás preparada para hablar de lo que ha pasado esta noche?
¿Qué podía decirle? Estaba claro que debía continuar con la historia que le había explicado a Alex. Pero esos ojos color miel que tenían el poder de convertirme en un osezno que solo aspiraba a lamerlos me impedía mentirle. Necesitaba tiempo.
- ¿Podemos hablar de esto mañana, Viktor? Estoy agotada. Necesito de forma urgente una ducha y dormir hasta que el universo implosione.
-  Darte un largo baño, meterme en la cama, dormirte abrazada al Señor Calcetines y olvidarte del mundo, ¿no?
- Sí, exacto - sonreí.
- ¿Y si me lo explicas cenando?
- ¿Qué?
- Si querrías cenar conmigo. Así hablamos de eso y de todo lo que se nos ocurra. Tengo contactos en el mejor restaurante de cocina prusiana de la ciudad.
- No sé.
- Por favor, Derrota. Piensa que no es una cita. Es trabajo. Una investigación en curso.
Su sonrisa me desarmó. Dobló la curva que nos llevaba a casa de mi abuela. Iba a decirle que sí cuando vi que la expresión de su rostro pasó de la esperanza, al desconcierto, al horror.
- ¿Qué demonios...?
- ¿Qué pasa, Viktor?
- Mira.
Un resplandor que venía de casa de mi abuela me hizo temer lo peor. Imaginaba la casa incendiada con todos los recuerdos perdidos en las lenguas del fuego. No, eso no. Mis muñecas, mis animales disecados, mis acuarelas de autopsias famosas. ¿De verdad estaba ardiendo todo mi mundo?
No. La casa apareció ante nosotros intacta. Pero en el jardín ardía una enorme A invertida de madera.
- No - musitó Viktor -. No es posible.
Paró el coche y salimos de él.
- ¿Qué significa esto?
Pero Viktor no me contestó. Había sacado su teléfono móvil. Marcó un número y espero menos de tres segundos.
- Mara, vuelves a estar en servicio... No... No... Sí, lo sé, lo soy... No, Mara, esto es importante así que trágate tu orgullo, ponte tus bragas de combate y ven a casa de Derrota Hawkins. Es la gran casa de la ladera. Al lado del lago y del campamento de verano. Hay una marca... Sí... Están en la ciudad.
Colgó y me miró con expresión preocupada.
- ¿Qué ha pasado? ¿Qué es ese símbolo? ¿Por qué está ardiendo en mi jardín?
Viktor se acercó a mí e hizo amago de abrazarme. Me aparté.
- Estás en peligro, Derrota. No puedes pasar la noche en tu casa. ¿Tienes algún familiar en la ciudad?
- No.
- ¿Alguna amiga con la que puedas pasar la noche?
- Está Darla.
- Vamos pues. Cuanto antes salgamos de aquí, mejor. Mara está en camino. No tienes porque preocuparte. Es la mejor.
Volvía a subir al coche de Viktor, pero ya no quería dormir y desaparecer. Sentía el miedo recorriendo mi cuerpo. El ataque, el fuego, esa marca de la que hablaba Viktor. Y esa pregunta que revoloteaba mi cabeza y me llenaba de inquietud.
¿Cómo sabía Viktor dónde estaba mi casa? Y lo más inquietante, ¿cómo conocía la existencia del Señor Calcetines?

CONTINUARÁ...

"Los colores olvidados" de Silvia G. Guirado e ilustrado por David García Forés, Desiree Aracibia, Marta García.

Los colores olvidados y otros relatos ilustrados, Silvia G. Guirado e ilustrado por David García Forés, Desiree Aracibia, Marta García, ed. Play Attitude

Carmesina tiene un don especial. No lo sabe, claro. Hasta que un Gato Negro se lo descubre; aportar una gota de color en un mundo gris. ¿Cómo? Carmesina y el lector tendrán que iniciar un viaje junto para descubrirlo. Un viaje que empieza con ella y abarca catorce relatos más donde el lector encontrará un poco de todo, fabulas, cuentos de aire oriental, de corte humorístico, cotidianos, pinceladas de ciencia ficción y mucha, mucha fantasía.

Los colores olvidados no es el tipo de libro que suelo reseñar por estos lares. Aunque soy lector y consumidor de libros ilustrados y álbumes ilustrados y me considero no experto, pero sí entendido, no suelo reseñar este tipo de libro porque nunca he sabido muy bien como encarar la reseña y no quería caer en el "es bonito" y a otra cosa. Así que mi pasión por Shaun Tan, Roger Olmos, Leo Lionni, Maurice Sendak, algunas de las cosas de Jimmy Liao, Pablo Auladell, Dave McKean, Roberto Innocenti, la simpatía de los dibujos Lucia Serrano, los trabajos de Rebecca Dautremer, etc. se queda en casa. Igual que los cómics o los libros de historia cubana. Entonces, ¿por qué Los colores olvidados? Supongo que porque el entusiasmo con que se comunican los responsables de este libro es contagioso y como lector y librero uno quiere dar a conocer proyectos interesantes y propuestas diferentes. Y Los colores olvidados es esto.

Quince relatos. Quince historias muy diferentes entre sí y que basculan en la formualción de diferentes géneros: fabulas como "Serafín, el desafinado", relatos con aire legendario como "La alianza", fantasías orientales como "Chew Wang. La leyenda del guerrero que sintió miedo", pinceladas de ciencia ficción en "Futuro (Im)perfecto" o relatos de corte cotidiano como los simpáticos cuentos del lunes y del viernes. Pero todos tienen un elemento en común: un fondo de reflexión, un mensaje, lo que antes se conocía como moraleja, que invita al lector a una reflexión y a iniciar un debate consigo mismo o con otro sobre lo que ha leído.

Un tipo de lectura con una clara intención que en ocasiones, y en mi opinión, se hace demasiado explicita rompiendo en algún momento la magia del relato. Prefiero cuando esa "moraleja" es más sutil como en los cuentos de lunes y el viernes, que cuando se hace más explícita, como en el simpático "Hazme le humor". Quizá existía el miedo de que no se entendiera el mensaje o la intención, pero la simpatía y la viveza con la que están escritos los relatos hace que ese mensaje positivo y optimista sea muy claro. A veces, no era necesario enfatizarlo.

Los colores olvidados se revela como un libro muy simpático repleto de buenas ideas, historias encantadoras y una excelentes ilustraciones. Una de las grandes virtudes de este libro es que consigue que texto / ilustración estén en sintonía y se complementen a la perfección apoyándose y trabajando para conseguir el mismo objetivo. Técnicas muy distintas, formas de ilustración muy diferentes, pero todas en perfecta sintonía con el texto y en equilibrio con el libro en general.






Destacar también una edición muy cuidada y que se ha hecho, permitirme la cursilada, con amor. Hay cuidado, cariño y dedicación en la edición del libro. En un momento en que parece que las editoriales más grandes relajan sus niveles de exigencia permitiendo que se publique casi cualquier cosa y de cualquier modo, se agradece que pequeñas editoriales cuiden y mimen el libro como objeto y mantengan el nivel de exigencia para ofrecer un producto bien acabado, bonito y en consonancia con el interior.

Porque Los colores olvidados, además de tener unos bonitos relatos y una excelentes ilustraciones, es un objeto bien acabado; un libro bonito en el mejor sentido del término.

"Cazadores de sombras I. Ciudad de hueso" de Cassandra Clare

Cazadores de sombras 1. Ciudad de hueso, Cassandra Clare, ed. Destino, 2010

Aviso: no pongo resumen argumental porque considero que es una serie lo suficientemente conocida para que casi todo el mundo sepa de qué va esto.
- Pero es que pertenezco a ese casi que mencionas y no tengo ni puñetera idea de nada.
- Vale, pues va de una chica que descubre cosas de su vida y su pasado y muchos secretos que ponen los pelos como escarpias y un chico que va de graciosete que va buscando una hostia, pero es que también ha sufrido lo suyo y un mundo secreto con sus monstruos y su magia y tal y asuntos que ponen en peligro el universo tal y como lo conocemos. Ah, y sale un mejor amigo muy majo y otra chica con más tetas.
- Me suena a resumen algo tendencioso y reduccionista.
- Pues será.

Desde hace años tengo, vendo y repongo esta saga en la librería. Es una de las series juveniles con ventas más constantes y con un público más fiel. Y nunca me había dado por leerla. El motivo básico, pereza. Cada vez que me decidía a leer el primer volumen, al final me echaba para atrás. No me apetece y ese instinto lector que dice que esos libros no son para mi. Pasan los años y no me acerco a una de las series más conocidas, populares y que más veo recomendar por estos lares de bitácoras literarias juveniles.

Hace un par de meses, en uno de los puestos de libros de segunda mano que cada último domingo de mes (exceptuando junio, julio y agosto) hay en la plaza del ayuntamiento de Igualada, me encuentro con el primer volumen de la saga. Dos euros por un ejemplar en muy buen estado. Y a pesar de que la pereza seguía allí y que el instinto me decía que no era una historia para mí, decidí que había llegado el momento de empezar a leer Cazadores de sombras. Adquirí el ejemplar y lo dejé en una de las estanterías de casa hasta que hace un par de semanas lo leí. ¿Conclusión?

Tendría que haberme fiado de mi instinto.

La conclusión a la que he llegado después de la lectura de Cazadores de sombras 1. Ciudad de hueso es que es una de las novelas más aburridas a las que me he enfrentado en los últimos tiempos. No es que me haya parecido una mala historia (es una más dentro de las historias de fantasía urbana) ni una mala escritora, es solo que... por favor, qué aburrimiento más grande. Qué falta de tensión o de un mínimo ritmo narrativo. De un cuerpo estructura, de gracia en el cómo explicar una historia que nos sabemos, pero en eso estaría el asunto, en que parezca nuevo lo que es conocido.

Y a falta de esto, pues unos personajes con los que pueda empatizar mínimamente (ojo, he dicho empatizar y no identificar, que es algo muy diferente), pero me encuentro con una protagonista más preocupada por la ropa que lleva o por si mira o no al chico borde que por las posibles torturas que le puedan estar inflingiendo a su madre, por un prota masculino que me habían dicho que era lo no va más en héroes literarios y con lo que me encuentro es con la enésima revisión del chico malo / borde / graciosete con pasado turbulento y sufrimiento y con unos personajes secundarios que en mi opinión son lo de siempre explicado de la misma forma. Una forma algo pobre y torpe... ¿pero esto último es debido a la autora o a una traducción que deja mucho que desear?

Pero nada, no he encontrado en Cazadores de sombras nada que me interera y me sacudiera el sopor de encima. De acuerdo que el marco parece interesante y el plus de los monstruos ayuda, pero todo eso si no viene acompañado de un mínimo de agilidad o gracia en la exposición no funciona. O, por lo menos, a mí no me funciona visto el éxito y la pasión que despierta esta serie.

Y poco más puedo decir de un libro leído hace un par de semana y del que he olvidado casi todo. No me ha dejado mayor impresión que unas tardes de profundo aburrimiento. Por cierto, si alguien quiere un ejemplar de Cazadores de sombras I. Ciudad de hueso que me lo diga y le paso el mío. Está estupendo y tiene ganas de ir a una casa donde lo aprecien más.

Otras opiniones

Letras y escenas
El camaleón azul

Puesta a punto

- ¿Hola? ¿Hola? ¿Hay alguien?
- No hay nadie.
- ¿Hola? ¿Hooooola?
- Que te digo que no hay nadie.
- ¿HOOOOOOOLA!!!
- Que no hay nadie, joder, hostias, joder, joder, que no hay nadie.¿No ves como está el blog? Todo sucio, todo tirado... las entradas por hacer, las visitas dejadas a la mano de vete a saber quien. No hay nadie. Está abandonado.
- Temporalmente.
- Temporalmente lo que quieras, pero esto está hecho unos zorros.
- Ha estado sin ordeandor y sin un ordenador pues no podía entrar a poner un poco de orden.
-. Ya lo sé, ya lo sé, pero joder... solo ha pasado un mes y mira cómo está todo.
- Hecho un asco.
- Si solo fuera eso, pero esas pintadas trolleras que aparecieron en las paredes pues joden con todo eso de idiota y calvo de los cojones y...
- Ya, pero no hay que darles importancia. También están los ramos de flores y las tarjetas de felicitación. Lo que ocurre es que es un deprimido y un pesimista.
-  Ya te digo.
- ¿Por dónde empezamos?
- Pues recogemos las mesas y las sillas, barremos, quitamos el polvo, fregamos el suelo, hacemos los baños, volvemos a poner la decoración que tiraron los hunos, llamamos a los proveedores y nos metemos en la cocina para dejarlo todo bien puesto y bien limpio.
- Pero pon algo de música... algo rico y animado.


- Mejor, ¿no?
- Mucho mejor.
- ¿Y qué ha hecho este mes?
- Poca cosa interesante.
- Si no contamos la boda de Claudia, claro.
- Si no contamos la boda de Claudia, por supuesto.
- Qué fuerte.
- Qué exagerada que es.
- Riete tú de las bodas dothraki.
- Pero a parte de eso...
- ¿Qué?
- Poca cosa. Que si trabajo, que si películas, que si leer, que si partidas de rol...
- No es que tenga una vida muy interesante.
- A parte de lo del cadáver en la ducha.
- Menudo día le dio a A.
- Si es que se mete en unos fregados...
- Y todo por no saber ruso.
- O lo de la cabeza de Hitler.
- Qué risa aquel día...
- Madre del amor hermoso qué buen rato que pasamos entre la cabeza, la vaquilla y el aceite de coche.
- Sea como sea, y con contadas excepciones, no ha hecho nada de provecho.
- Pero ya tiene ordenador. 
- Sí, viejo, lento, cascado, estresado y pendiente de un hilo, pero ya tiene ordenador.
- Y volverá con sus tonterías de siempre.
- ¿Nos deberíamos alegrar, no?

- Supongo...


- Mañana vuelve, ¿no?
- Mañana... Fresco como una rosa y con ganas...
- Miedo me da...
- Na, mucho ladrar, pero nada. Hará lo de siempre.
- Y esperamos que esta vez le dure el ordenador.
- Por lo menos hasta fin de año.
- Por lo menos.

Interrumpimos la emisión...

... de forma indefinida. ¿El motivo? Nos hemos quedado sin ordenador. Después de seis años de leal y diario servicio, el ordenador de casa ha pasado a mejor vida dejándonos desamparados y sin posibilidad de actualizar o ver vídeos tontos por internés. Desconocemos la duración de esta interrupción porque no está el horno para otro ordenador.

En todo caso esperamos que no se demore mucho.

Estad atentos a vuestras pantallas. Volveré.

"La era de Drácula" de Kim Newman

La era de Drácula, Kim Newman, Alamut, 2010

Creo que en algunos países está prohibido pasárselo tan bien con un libro.

1885. Van Helsing y sus compañeros no consiguen derrotar al monstruo conocido como Drácula. Por ese funesto error, su cabeza está en una pica frente al palacio de Buckingham. Drácula se ha convertido en el príncipe consorte, se puede encontrar a sus enemigos empalados por las calles de Londres, la nobleza se vampiriza imitando a la casa real y las clases bajas hacen lo mismo. Poco a poco los llamados "cálidos" lo tienen más difícil para tener una vida algo normal y los vampiros de clase más baja están cada vez más degradados. Pero entonces una serie de horribles crímenes sacude Londres; un asesino que descuartiza a prostitutas vampiras en el barrio de Whitechapel y al que bautizan Cuchillo de plata y amenaza con desestabilizar el nuevo sistema social.

Después de la intensidad emocional y literaria que me supuso la lectura de Ante el espejo de Veniamín Kaverin (novela de la que hablaré en cuanto me haya recuperado) necesitaba puro escapismo, juego y entretenimiento. Y rebuscando en la biblioteca de casa entre los centenares de volúmenes que dormitan en los anaqueles, me encuentro con el libro que A. me compró el pasado Sant Jordi. Drácula, el Destripador y un escritor que con todo lo que he leído de él me lo ha hecho pasar muy bien (una reseña de su obra, aquí). Pues venga. Y en un par de días, leída. Después de la intensidad rusa, la diversión, el escapismo, la sátira de tintes algo gruesos, el pastiche, la referencia y la innegable calidad de la propuesta de Kim Newman era justo lo que necesitaba. Lo dicho, y pese a todos los peros que se le pueden poner a La era de Drácula, qué bien me lo he pasado.

Kin Newman nos presenta una realidad alternativa, una dimensión donde la frontera entre la época victoriana real y la literaria han desaparecido y se han convertido en un todo. Donde Lestrade y Abberline comparten oficina en Scotland Yard, donde encontramos a un vampirizado Oscar Wilde en una fiesta o contamos con la ayuda de los extraños doctores en medicina Jekyll y Moreau para investigar unos crímenes. Y pese a que en algún momento la referencia, el personaje o el juego cae en lo gratuito y no acaba de aportar a la historia, me gustaría destacar de esta propuesta lo natural y "realista" que acaba siendo el resultado. Funciona. Y funciona muy bien. Como lector que me ha resultado ni raro ni forzado, sino que este universo alternativo discurre con una normalidad apabullante. Y esto se consigue gracias a que se percibe

1. El amor que Kim Newman tiene por la novela de terror, la novela decimonónica y toda una época literaria que dio al mundo verdaderas obras de arte de cuya influencia aun estamos empapados (no es solo Drácula, tambien son las obras de Stevenson, de H.G. Wells, de Le Fanu, Wilde, Shaw, Potter, Conan Doyle, etc.). Y por la figura del conde, cuya presencia en la novela se reduce a un solo capítulo, pero cuya sombra domina cada una de las páginas.

2. El profundo conocimiento de la época victoriana en sus niveles políticos y sociales. Y  sus contradicciones, claro. Los movimientos religiosos, reformistas. Los profundos abismos de diferencias de clase, etc.

3. Pese a alguna vacilación, algún diálogo algo forzado, algún vacío narrativo, lo excelente de la prosa de Newman conjugando todos estos factores en un pastiche narrativo que funciona con naturalidad y en la creación de una novela muy divertida y entretenida que funciona a muchos niveles; el homenaje, la parodia, la novela de terror, la sátira social y literaria, etc.

Lo estupendo de esta novela es que no se queda en el mero juego de referencias, sino que construye una historia muy interesante que le sirve para hablar del racismo, la explotación, la ignorancia o la superstición. Una investigación, unos crímenes, una reimaginación histórica y literaria.

Y la siempre fascinante Geneviève Sandrine d'Isle Dieudonné, una prima lejana de aquella otra Geneviève Dieudonné que aparece en las novelas de Warhammer. Una vampira antigua con un cuerpo de dieciséis años proviniente de un linaje vampírico que la aleja de Drácula (interesante la idea de diferentes linajes de vampiros siendo el del conde el más corrupto y degradado). ¿Algo gratuito nombrar a este personaje cuando no menciono a ningún otro? Sí, pero es que tengo debilidad por este carácter en cualquiera de sus encarnaciones.

La era de Drácula es una divertida, entretenida y muy fascinante novela de aventuras que sabre recrear y jugar con una época histórica y literaria. Un puro entretenimiento de género excelentemente construido que me ha proporcionado una excelente horas de diversión. Si no me extiendo más en personajes y trama es por el convencimiento de que quien quiera adentrarse en esta obra tiene que hacerlo sin saber mucho de ella para irse topando con las sorpresas, los giros y con una historia mínima que se mantiene muy bien. Una buena novela vampírica y un excelente entretenimiento de uno de esos autores que me gusta seguir de cerca y que me caen la mar de bien.

Y solo me queda pedir a Alamut que se lance a la reedición de El sangriento barón rojo y la publicación de Judgement of tears para completar esta trilogía sobre Drácula (tranquilos, de lectura independiente), así como las novelas del Club Diogenes o, qué demonios, cualquier cosas de Newman. Con su obra la diversión está asegurada.


Otras opiniones

Sagacómic
Fantasy mundo