Aislados, Megan Crewe, Roca Editorial, 2012
Novela de la que no tenía noticia hasta que no hice el pedido de novedades. ¿Aislados? ¿Y qué es esto? Poca información daba el boletín, así que pensé que se trataba de una nueva distopía juvenil. Pedí unos pocos ejemplares y cuando llegó de cara en la estantería. Y como me encuentro sin lectura, pillo un ejemplar. Lo distópico me empieza a cansar, pero a lo mejor me llevo una sorpresa.
Y sí, me llevo una sorpresa Primero, porque de distópico no tiene nada. Segundo, porque me gusta y me entretiene mucho pese a un pero bastante importante. Tercero, porque me anuncian una protagonista normal y me encuentro con... una protagonista normal. Porque consigue lo que La edad de los milagros no conseguía, que el relato cotidiano de personas normales se integre de forma casi perfecta con lo extraordinario del entorno. Porque que nadie se lleve a engaños, Aislados trata de personas normales viviendo vidas normales y tomando decisiones de forma normal. En esta novela no encontraremos ni malos malísimos, ni grandes escenas de acción, ni revelaciones extraordinarias en el último momento, ni talentos ocultos, ni amor a primera vista acompañado de palpitaciones y sudoraciones varias. En Aislados todo es muy normal y esta normalidad es la que hace que sea una novela a tener muy en cuenta.
¿De qué va? Un extraño virus asola una pequeña isla provocando un estado de paranoia y cuarentena. Una familia normal enfrentada a una situación excepcional. La búsqueda de una cura. El primer amor. La muerte de seres queridos. Impotencia ante un enemigo invisible y un doloroso camino hacia la madurez. Y hasta aquí puedo leer.
Y vamos a desarrollar los motivos por los que Aislados me ha gustado.
1. Como he dicho antes, la normalidad. Kaelyn, por ejemplo, se presenta como una muchacha tímida con serios problemas de relación. ¿Y cómo se comporta? Como una muchacha tímida con serios problemas de relación. No es una de esas protagonistas que dicen una cosa y actúan de forma completamente distinta. Es un personaje coherente consigo misma y honesto con el lector. No es una heroína y habrá momentos en los que no sabe actuar, se comporta con cobardía, es injusta y comete errores. Y aprende de esos errores y actúa en consecuencia. Madura y en el proceso de madurez no deja de ser una persona tímida para pasar a ser Ripley, sigue con sus cosas, pero más consciente de ella misma y de armas para superar los bloqueos.
2. Una situación de paranoia muy bien conseguida. La propagación tranquila y sin pausa del virus. El ir creando la tensión poco a poco. Primeros caso, cuarentena, muerte. Es creíble y angustioso. Realista. Hay un proceso de documentación y asimilación del peligro de un virus, pero no se come la historia y los momentos de explicación científica están bien integrados en la narración. En situaciones de emergencia sale lo peor del ser humano. Y también lo mejor.
3. Buenos personajes. Búsqueda de aristas y matices. Tessa es un ejemplo perfecto de personaje difícil, complejo y matizado. Su entereza, realismo y frialdad. Atención al detalle del invernadero. Padres ausentes con motivos. Secundarios individualizados.
4. Una historia de amor normal. Y enfatizo lo de normal porque no hay palpitaciones ni obsesiones ni vomitos ni amor a primera vista ni me preocupa mi hermano, hala qué guapo, ¿yo tenía un hermano? Chica conoce chico y hablan, ríen, coquetean, se conocen, etc. Y el amor es importante, pero hay otras cosas importantes. No es un amor que se erige centro motor de la novela, es un elemento más con el que jugar y definir a los personajes.
5. Un estilo agradable, fluido y rico que produce una lectura rápida. Un buen uso de la primera persona como punto de vista. Quizá se pueda criticar que pase por alto algunas escenas o momentos o se quede en la superficie de según qué (la investigación, qué pasa en el hospital, etc.), pero se comprende por utilizar el punto de vista de una adolescente normal que no está en todas partes y no puede estar en todas partes.
6. Un tono duro y pesimista. No escatima momentos de dureza, pero sin caer en el tremendismo. La muerte presentada en todo su dolor y miseria. Y algún pequeño apunte a la esperanza.
Entonces, ¿cuál es ese pero que consideras tan importante? A lo mejor es ser demasiado exigente, pero unas páginas de más a la novela no le habría venido nada mal. El final es demasiado abrupto. Un buen ritmo, una buena exposición de los hechos y de repente, PAM, se acaba la novela. El lector no tiene tiempo de asimilar la historia, de ubicar dónde y cómo están los personajes. La autora lleva la novela a un punto de gran profundidad emocional y de repente cambia de tercio y lo acaba todo demasiado rápido. Para mí, este punto hizo que rebajara mi entusiasmo con la novela y me dejara algo frío... se acaba demasiado pronto.
Y otro punto que no me acaba de convencer es que sea el primer capítulo de una trilogía... ahora todo es trilogiable (toma palabro) y aunque siento curiosidad por ver donde la autora conduce la historia, también añoro las historias que empiezan y acaban en un libro.
Sea como sea, una buena novela repleta de personajes normales y creíbles en una situación excepcional. Una historia pesimista, aunque mantiene la esperanza en el horizonte.
Otras opiniones
The Books Smugglers
At home with books
"El secreto de Julia" de Montse García-Moncó
El secreto de Julia, Montse García-Moncó, Versatil ediciones, 2012
Una chica nueva en el pueblo. Un misterioso profesor de universidad con acento alemán y pinta de culturista que busca a un ladrón de joyas. Un extraño collar. Y dos amigos muy curiosos. La aventura está servida.
Aunque la fecha oficial de publicación de esta novela es el día 8, el estupendo servicio de transporte del que disponemos en la librería hace que abra una caja de novedades y me aparezcan los ejemplares que pedí de El secreto de Julia; novela que me viene bien recomendada y a la que le tengo ganas. Me agencio un ejemplar y al llegar a casa, con gato en el regazo y la calma del mediodía, empiezo a leer las aventuras de Sánder, Toni y Julia. ¿Y qué me encuentro?
Una novela de investigación y aventuras de sabor clásico donde se percibe la huella, la herencia y el homenaje a Enid Blyton, Los Hollister, Puck y los Tres investigadores (los menores de treinta años puede que os suene de lejos o ni siquiera os suenen algunas de estas colecciones), pero sin que El secreto de Julia se convierta en ningún momento en un ejercicio de nostalgia o una recreación de aquellas historias. Consciente del género en el que se inscribe, aventuras de jóvenes investigadores improvisados, se revela como una novela con voz e historia propia. Montse García-Moncó construye una buena historia de aventuras e investigación que permite al joven lector (en el libro se habla de mayores de doce años, pero creo que para un buen lector de diez ya vale) pasar un buen rato y hacerse con unos personajes a lo que se desea reencontrar en próximas aventuras.
Cositas que destaco:
Un aire de sana inocencia, entender bien la palabra, en la forma y el modo de presentar la aventura. No hay subterfugios ni dobles lecturas, un misterio y unos muchachos que sin planteárselo mucho se lanzan a la aventura.
La elegancia y la naturalidad con el que el elemento fantástico o mágico se introduce en la historia. Es admirable la forma en que lo que a priori tendría que chirriar, se integra de forma natural y el lector lo acepta sin problemas. No desarrollo este punto para no fastidiar la sorpresa a nadie.
Unos caracteres protagonistas que cumplen muy bien su función dentro del libro y resultan carismáticos y cercanos. Quizá la animadversión que se establece entre Julia y Toni por momentos me pareciera muy fuerte y un poco increíble, pero sirve para establecer los polos y dar unos diálogos vivos. Los adultos se corresponden a ese prototipo de "adulto que no se entera" y el villano es una presencia amenazante, pero con un punto paródico que enlaza con aquel cine juvenil de los ochenta.
Y el realismo que se respira. Hermanos pequeños, deberes de clase, madres que se enfadan... e interesantes pinceladas de la crueldad de los adolescentes cuando deciden que alguien no está a la altura o merece la marginalidad. Julia es diferente y el resto de los compañeros de clase se lo hacen saber siempre. Montse García-Moncó consigue dar un punto de mayor profundidad a la historia gracias a estas pinceladas y al no cortarse al mostrar las cobardías y bajezas de los dos protagonistas masculinos en alguno momentos de su relación con Julia. Los personajes ganan y se evita eso tan irritante de la perfección protagonística: Sánder es algo cobarde y vive algo sometido por la opinión ajena, Toni es bocazas y poco sensible, Julia es fría y orgullosa. Pero los tres personajes lucharán contra lo que los limita y crecerán como personas.
El secreto de Julia es una buena primera novela que merece que se lea y se conozca porque corre el riesgo de perderse entre las montañas de novedades por falta de una correcta promoción. Un ejercicio honesto y sencillo de aventuras de investigación con aire clásico que entretiene, divierte y emociona (Julia y la playa).
PD. Y no puedo evitar que cada vez que aparece la palabra "entrometidos" recordar los viejos capítulos de Scooby-Doo en el momento de arrancar la máscara al falso monstruo de turno.
Una chica nueva en el pueblo. Un misterioso profesor de universidad con acento alemán y pinta de culturista que busca a un ladrón de joyas. Un extraño collar. Y dos amigos muy curiosos. La aventura está servida.
Aunque la fecha oficial de publicación de esta novela es el día 8, el estupendo servicio de transporte del que disponemos en la librería hace que abra una caja de novedades y me aparezcan los ejemplares que pedí de El secreto de Julia; novela que me viene bien recomendada y a la que le tengo ganas. Me agencio un ejemplar y al llegar a casa, con gato en el regazo y la calma del mediodía, empiezo a leer las aventuras de Sánder, Toni y Julia. ¿Y qué me encuentro?
Una novela de investigación y aventuras de sabor clásico donde se percibe la huella, la herencia y el homenaje a Enid Blyton, Los Hollister, Puck y los Tres investigadores (los menores de treinta años puede que os suene de lejos o ni siquiera os suenen algunas de estas colecciones), pero sin que El secreto de Julia se convierta en ningún momento en un ejercicio de nostalgia o una recreación de aquellas historias. Consciente del género en el que se inscribe, aventuras de jóvenes investigadores improvisados, se revela como una novela con voz e historia propia. Montse García-Moncó construye una buena historia de aventuras e investigación que permite al joven lector (en el libro se habla de mayores de doce años, pero creo que para un buen lector de diez ya vale) pasar un buen rato y hacerse con unos personajes a lo que se desea reencontrar en próximas aventuras.
Cositas que destaco:
Un aire de sana inocencia, entender bien la palabra, en la forma y el modo de presentar la aventura. No hay subterfugios ni dobles lecturas, un misterio y unos muchachos que sin planteárselo mucho se lanzan a la aventura.
La elegancia y la naturalidad con el que el elemento fantástico o mágico se introduce en la historia. Es admirable la forma en que lo que a priori tendría que chirriar, se integra de forma natural y el lector lo acepta sin problemas. No desarrollo este punto para no fastidiar la sorpresa a nadie.
Unos caracteres protagonistas que cumplen muy bien su función dentro del libro y resultan carismáticos y cercanos. Quizá la animadversión que se establece entre Julia y Toni por momentos me pareciera muy fuerte y un poco increíble, pero sirve para establecer los polos y dar unos diálogos vivos. Los adultos se corresponden a ese prototipo de "adulto que no se entera" y el villano es una presencia amenazante, pero con un punto paródico que enlaza con aquel cine juvenil de los ochenta.
Y el realismo que se respira. Hermanos pequeños, deberes de clase, madres que se enfadan... e interesantes pinceladas de la crueldad de los adolescentes cuando deciden que alguien no está a la altura o merece la marginalidad. Julia es diferente y el resto de los compañeros de clase se lo hacen saber siempre. Montse García-Moncó consigue dar un punto de mayor profundidad a la historia gracias a estas pinceladas y al no cortarse al mostrar las cobardías y bajezas de los dos protagonistas masculinos en alguno momentos de su relación con Julia. Los personajes ganan y se evita eso tan irritante de la perfección protagonística: Sánder es algo cobarde y vive algo sometido por la opinión ajena, Toni es bocazas y poco sensible, Julia es fría y orgullosa. Pero los tres personajes lucharán contra lo que los limita y crecerán como personas.
El secreto de Julia es una buena primera novela que merece que se lea y se conozca porque corre el riesgo de perderse entre las montañas de novedades por falta de una correcta promoción. Un ejercicio honesto y sencillo de aventuras de investigación con aire clásico que entretiene, divierte y emociona (Julia y la playa).
PD. Y no puedo evitar que cada vez que aparece la palabra "entrometidos" recordar los viejos capítulos de Scooby-Doo en el momento de arrancar la máscara al falso monstruo de turno.
"Insurgente" de Veronica Roth
Insurgente, Veronica Roth, Molino, 2012
Insurgent, Veronica Roch, Estrella Polar, 2012
Vosotros lo habéis querido. Segunda reseña de un libro que los lectores de este blog eligieron. Y esta vez se trata de la segunda parte de una novela que no me gustó. Y los que votaron lo sabían... sois más majos...
La novela empieza justo donde acaba la primera parte por lo que hacer una sinopsis me obligaría a desvelar asuntos de importancia y no quiero hacer eso al posible lector de esta serie. Solo diré que las aventuras de Tris y Cuatro continúan, hay muchos tiros, muchas explosiones y algunos secretos que se desvelan. Poco más.
Será una reseña breve porque no tengo mucho que decir de esta novela. Siguiendo la estela de su primera parte, Insurgente no me ha gustado. Ha sido una lectura más tranquila y menos crispada que con Divergente, y considero que es una novela bastante superior que su hermana, pero no me gusta ni el mundo que planeta Veronica Roth ni la forma que tiene de explicármelo. Lo que achacaba en su primera parte, creo que continúa aquí. Iremos por partes.
Sigo sin creerme el mundo distópico que nos propone Veronica Roth. Lo de las facciones no se aguanta, se dan cuatro pinceladas sobre el origen de las facciones, pero no se profundiza, la mutación de los divergentes sigue siendo un comodín para justificar sorpresas que no acaban de aportar nada a la trama y todo me acaba sonando demasiado... improvisado.
.
Continúo con la sensación de que no hay un plan definido para la estructura de la novela, sino que se escribe al momento y tomando las decisiones mientras se escribe. La acción avanza a golpe de efectos y el argumento se resiente. Un poco de diálogo, escena de acción, se camina un poco, escena de acción, volvemos a hablar, escena de acción. Esta estructura confieso que me agotó. Es demasiado trepidante y la autora parece apostar en exclusiva por la acción desenfrenada, los giros argumentales, unos más inesperados que otros la verdad, y la sorpresa por la sorpresa.
Los personajes son bastante planos y continúa la tónica de la primera parte. Nada nuevo en el horizonte. Tris empieza un proceso de maduración que la hace menos molesta que en la primera parte, pero continúa con esa tendencia bipolar de ir de ser lo más mejor que ha parido madre a ella, la peor de todas en la misma página. Aunque reconozco algo que sí me gustó, y es que en la relación entre Tris y Cuatro sucede algo que la diferencia ligeramente de otras parejas literarias juveniles, se pelean. Pero no se pelean por un has mirado de reojo el culo de esa chorba, si no por asuntos importantes, la guerra, la familia, el deber. Y para los personajes estas peleas no es el final de la relación, sino un peldaño más una correcta construcción de esta.
Tengo un problema de empatía con esta saga. No me importa lo que ocurre ni el destino de los personajes. La lectura que he hecho ha sido calmada y aburrida porque no me importaba nada de lo que leía. No estoy hablando de identificarme con los personajes, algo que siempre he considero sobrevalorado y no definitivo para el disfrute de una novela, sino sentir un mínimo de interés por lo que ocurría en las páginas que iba leyendo.
Y poco más puedo añadir. Sé que como reseña/comentario/opinión es bastante pobre, pero es que la lectura de Insurgente no me ha dado para más. Pasar páginas sin interés esperando que se acabara y olvidarla al segundo de cerrar del libro. Ahora sí que, a no ser que me volváis a obligar, he acabado con esta saga.
Otras opiniones
Book eater
La danza de las letras
Insurgent, Veronica Roch, Estrella Polar, 2012
Vosotros lo habéis querido. Segunda reseña de un libro que los lectores de este blog eligieron. Y esta vez se trata de la segunda parte de una novela que no me gustó. Y los que votaron lo sabían... sois más majos...
La novela empieza justo donde acaba la primera parte por lo que hacer una sinopsis me obligaría a desvelar asuntos de importancia y no quiero hacer eso al posible lector de esta serie. Solo diré que las aventuras de Tris y Cuatro continúan, hay muchos tiros, muchas explosiones y algunos secretos que se desvelan. Poco más.
Será una reseña breve porque no tengo mucho que decir de esta novela. Siguiendo la estela de su primera parte, Insurgente no me ha gustado. Ha sido una lectura más tranquila y menos crispada que con Divergente, y considero que es una novela bastante superior que su hermana, pero no me gusta ni el mundo que planeta Veronica Roth ni la forma que tiene de explicármelo. Lo que achacaba en su primera parte, creo que continúa aquí. Iremos por partes.
Sigo sin creerme el mundo distópico que nos propone Veronica Roth. Lo de las facciones no se aguanta, se dan cuatro pinceladas sobre el origen de las facciones, pero no se profundiza, la mutación de los divergentes sigue siendo un comodín para justificar sorpresas que no acaban de aportar nada a la trama y todo me acaba sonando demasiado... improvisado.
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Los personajes son bastante planos y continúa la tónica de la primera parte. Nada nuevo en el horizonte. Tris empieza un proceso de maduración que la hace menos molesta que en la primera parte, pero continúa con esa tendencia bipolar de ir de ser lo más mejor que ha parido madre a ella, la peor de todas en la misma página. Aunque reconozco algo que sí me gustó, y es que en la relación entre Tris y Cuatro sucede algo que la diferencia ligeramente de otras parejas literarias juveniles, se pelean. Pero no se pelean por un has mirado de reojo el culo de esa chorba, si no por asuntos importantes, la guerra, la familia, el deber. Y para los personajes estas peleas no es el final de la relación, sino un peldaño más una correcta construcción de esta.
Tengo un problema de empatía con esta saga. No me importa lo que ocurre ni el destino de los personajes. La lectura que he hecho ha sido calmada y aburrida porque no me importaba nada de lo que leía. No estoy hablando de identificarme con los personajes, algo que siempre he considero sobrevalorado y no definitivo para el disfrute de una novela, sino sentir un mínimo de interés por lo que ocurría en las páginas que iba leyendo.
Y poco más puedo añadir. Sé que como reseña/comentario/opinión es bastante pobre, pero es que la lectura de Insurgente no me ha dado para más. Pasar páginas sin interés esperando que se acabara y olvidarla al segundo de cerrar del libro. Ahora sí que, a no ser que me volváis a obligar, he acabado con esta saga.
Otras opiniones
Book eater
La danza de las letras
"Cincuenta sombras de Grey" de E.L. James
Cincuenta sombras de Grey, E.L. James, Grijalbo, 2012
Cinquanta ombres d'en Grey, E.L. James, Rosa del vents, 2012
Advertencia: en el trascurso de la lectura de esta cosa que algunos llaman novela, el cerebro de Jorge ha experimentado una plaga de suicidios colectivos de neuronas. Esto ha convertido al muchacho majo que todos conocéis en un desconocido que se pasea en calzoncillos por el supermercado predicando el amor hacia las morsas, contesta mal a los clientes en la librería y que se despierta a mitad de la noche entre sollozos y otros sospechosos fluidos gritando, el señor Grey no, el señor Grey no, me comeré toda la verdura, lo prometo. Los que votasteis porque Jorge hiciera la lectura de esta novela tened esto presente y en vuestra conciencia.
Vosotros lo habéis querido. Aquí va mi opinión de Cincuenta sombras de Grey.
Una buena amiga me dijo que le habían definido esta novela como la historia de "una tipa que busca su diosa interior con un puño metido en el culo". Ojalá hubiera sido esto.
Primero, una confesión. No he podido leer de cabo a rabo la novela de E.L. James. A partir de la página 340 empecé a sentir el cerebro cada vez más embotado y pequeños gritos agudos que surgían de mi cabeza que se despedían de sus madres. Esto y la voz profunda y reverberante de la neurona jefa que me planteó un ultimatum: o dejas de leer esta bazofia o los suicidios en masa continuarán y acabarás convertido en un amasijo de carne tembloroso adicto a los programas matinales. Ante semejante amenaza, a partir de esa página (en concreto desde el momento de la primera azotaina en serio y la condescendencia de Grey), la lectura se convirtió en un ir pasando páginas para comprobar que todo seguía igual hasta llegar a un final burdo, ridículo y sin sentido.
Como habréis podido imaginar al leer esa pequeña introducción, no me ha gustado Cincuenta sombras de Grey. Nada. Cero. La peor novela que he leído en lo que llevo de década y una de las peores de mi vida. Llamarla novela es ser generoso ya que no tiene nada de literatura. Nada. Ni un triste atisbo tembloroso. Está mal escrita, mal explicada, mal estructurada, confusa, repetitiva, aburrida, repleta de clichés, demasiado larga (¿en serio son necesarias 540 páginas para explicar... esto?), personajes planos en los que no hay ni un atisbo de vida, entre otras muchas faltas. La lectura de esa novela ha sido una tortura. No esperaba nada de ella. Mis expectativas estaban enterradas y lo único que pedía era algo medio entretenido que me hiciera lanzar un par de carcajadas. Pero no. Me he encontrado con una muy mala novela y una pregunta que golpeaba mis sienes a cada paso de página, ¿por qué ha tenido tanto éxito esta bazofia? Si no tiene nada nuevo ni nada bueno, ¿por qué?
Anastasia es la prota de siempre que conoce a un tipo misterioso que le ofrece un juego de amo / sumisa. Ella acepta porque se enamora y se dan cuatro cachetes y follan por aquí y por allá y ya está.
Y, concretando, ¿qué es lo que no me ha gustado? Todo. ¿Más en concreto? Vale, para empezar considero que la novela está mal escrita. Punto. Un estilo pobre y ramplón que se apoya en las continuas repeticiones. Los personajes parecen más robots programados para tener una o dos reacciones e irlas repitiendo durante todo el relato. ¿Ejemplo? Muerdo labio, dedos largos, obseso del control... La continua repetición de las mismas estructuras para describir las reacciones de los protagonistas. Y todo queda mascado y remascado. La autora repite una y otra vez las mismas ideas para dejarlas machacadas en el lector y que a este le quede claro puntos que la autora no sabe decir de forma literaria, por medio de las acciones de los personajes y de forma más sutil y trabajada. No existe la sutileza, ni la sorpresa, ni la insinuación, ni el respeto por la inteligencia del lector. En Cincuenta sombra de Grey es a lo bruto. ¿Cuántas veces se repite que Grey es un obseso del control durante las doscientas primeras páginas? Casi un centenar. ¿Para qué? Para dejar claro al lector que es un obseso del control y que será quien lleve las riendas de la relación. ¿Y cómo lo explica? ¿Por medio de las acciones del personaje o dejando entrever esa faceta suya tan controladora? No, porque eso sería hacer algo cercano a la literatura. Lo que se hace aquí es repetir una y otra vez y otra vez y otra vez que Grey es controlador. Por si no te habías dado cuenta. Y la repetición se convierte en recurso. ¿Cuántas veces se dice que Ana tiene que estudiar? ¿Por qué aparece dos veces el contrato? ¿Acaso tenía miedo de que cuarenta páginas después ya lo hubiéramos olvidado? ¿Cuántas veces se explica y vuelve a explicar el complejo de inferioridad de la protagonista hacia cualquier mujer que se cruce con ella por la calle? ¿Y cuántas veces aparece esa irritante figura de "diosa interior" para explicitar de forma gráfica lo que acaba de decir la protagonista por si no nos habíamos dado cuenta?
"Grey me miró. Me puse feliz. Mi diosa interior se puso a bailar el limbo".
"Grey me dio un cachete. Me pusé tontona. Mi diosa interior empezó a saltar aros y a sostener pelotas sobre la nariz".
"Grey se sacó la chorra y empezó a darme cachetes con ella en la mejilla. Me gustó. A mí diosa interior también e hizo el pino sobre un armadillo mientras tocaba el ukelele con los pelos del coñ...".
En mi opinión esta repetición continua para dejar clara una idea se debe a dos motivos, uno es la incapacidad de la autora para hacer un mínimo de trabajo literario y dotar de profundidad a sus frases, dos, no creo que confíe que el lector entienda lo que escribe. ¿He dejado claro que Grey es controlador? Lo volveré a repetir por si acaso...
Pero, claro, poca literatura se puede hacer con los personajes que se manejan. Puros clichés. El tópico "dientes como perlas" o "oscuro como la boca de un lobo" tienen más originalidad que los tipos que aparecen aquí. Ella es torpe, insegura, inocente y confiada. De físico neutro no tiene ningún tipo de seguridad en ella misma ni experiencia en la vida. Cada hombre es un amenaza y cada mujer es el recordatorio de todo lo que ella no es. La inseguridad con la que James traza a este personaje llega a momentos ridículos como ese en el que Grey le dice que es guapa y ella piensa que cómo puede verla guapa, lo más seguro es que miope. Es virgen y pura y casta e inocente, pero acepta sin dudar un papel de sumisa sin saber muy bien a qué se enfrenta. Y eso es porque su aceptación como sumisa es por amor y tiene la esperanza de acabar curando las heridas emocionales de Grey y que todo el mundo sea feliz. Vamos lo que ahora se conoce como Mary Sue, pero que no deja de ser el tipo Pamela de toda la vida. Al leer esta novela da la sensación de que en la construcción de tipos femeninos no se ha avanzado desde la publicación en 1740 de la fundamental obra de Richardson.
Y él corresponde al cliché de misterioso tarado emocional lleno de sombras que mareará a la protagonista con un contigo y sin ti. El típico perro del hortelano que se ha convertido en una plaga en la novela romántica, ya sea adulta o juvenil y que corresponde a un estereotipo machista que está haciendo mucho daño al género. No existe una relación de igualad entre los personajes porque el femenino lo único que hace es ir detrás de las feromonas del macho. Acepta cualquier cosa si con eso se gana la atención del hombre.
En mi opinión, Cincuenta sombras de Grey es una novela retrógrada, conservadora y machista. Y quiero aclarar que al hablar de machismo no me refiero a la relación de amo/sumisa que se establece, sino al juego de roles que antes de esa relación toman los personajes. Indudablemente, Anastasia se somete emocionalmente al hombre. Es cruel, es caprichoso, es duro, la trata mal, pero siempre hay un perdón hacia las actitudes dominantes, celosas o inmaduras de los personajes masculinos. Son hombres, son así, el amor verdadero los cambiará. O el momento agresión sexual a la que la somete su "amigo" José, al que ella perdona porque son cosas que pasan y él iba borracho. La mujer queda reducida a una mera comparsa que se sostiene por la esperanza de curar las taras emocionales del protagonista. Por eso aceptará la condescendencia con la que se le tratara y convertirá al hombre en su único centro. Ni familia, ni amigos, ni trabajo, ni nada. Todo pensamiento y acción tendrá como único destino, él.
Del resto de personajes no vale la pena hablar porque no pintan nada.
La historia es otro cliché más. Las aventuras erótico festivas de una inocente en manos de un hombre más experimentado. Lo de siempre, vamos. Una relación desigual donde el hombre manda y enseña, donde la mujer calla y aprende. Y poco más. No hay una verdadera historia más allá de ver a estos dos follar. Y esto no sería malo si se tratara de una novela pornográfica (como se ha ido publicitando) donde el centro del meollo es la escena sexual y te la meto por aquí y tú me chupas esto, pero Cincuenta sombras de Grey no es una novela pornográfica y considero que el epíteto erótico le viene grande. Es una novela romántica más con escenas sexuales explicitas. Salvando todas las distancias de calidad y humor, como las de J.R. Ward o la Kenyon, pero sin el sentido de la estructura, el lenguaje y o los personajes como estas dos estupendas autoras. Lo importante de esta novela no es el sexo, sino saber al final si los personajes acaban juntos o no. Como decía el chiste, si al final hay boda. Y, en mi opinión, las escenas sexuales son frías y aburridas. Escritas con el mismo dominio del lenguaje y el mismo talento que las cartas al director de una revista porno para camioneros. Creo que fue el gran Berlanga el que dijo que una buena novela erótica es la consigue que leas solo con una mano y en este caso estuve sosteniendo el libro con las dos toda su lectura.
Porque uno lleva una trayectoria en literatura erótica y pornográfica (desde relatos en Playboy hasta clásicos como Pierre Louys, Fanny Hill o Pietro Aretino. Y Sade, claro, pero Sade no es erótico, es otra cosa) y sorprende la ingenuidad de los encuentro sexuales, lo descafeinado del retrato del mundo de la sumisión o el sadomasoquismo, lo límitado del lenguaje, lo repetitivo de las escenas, la rabia que da cada "nena" en boca del protagonista que le otorga unos apuntes de lenguaje machista bastante desagradables, las frases de "córrete para mí", "te gusta, eh nena", "oh sí", "te voy a follar" que se repiten una y otra vez y que me recordaron a los peores diálogos de una mala película porno; aquellas en las que un actor inexpresivo y repleto de esteroides se limita a bombear dentro de una actriz con cara de estar elaborando la lista de la compra.
La publicidad de la novela hablaba de porno, escenas fuertes, calentura y sexo sin cortapisas. Y, la verdad es que las escenas sexuales no son nada del otro mundo y momentos más eróticos, cachondos y explícitos se pueden encontrar en novelas románticas o en novelas de cualquier género. Sinceramente, esperaba algo de sexo duro, de verdadero sadomasoquismo, de llevar el cuerpo y el placer a sus límites, pero me encuentro con sexo ligth que solo puede impresionar a quien nunca ha leído una novela con contenido erótico (y puede que sea este uno de los motivos de su éxito).
Y poco más voy a añadir. Cincuenta sombras de Grey me ha parecido una mala novela, repleta de los peores clichés que se pueden encontrar, con un estilo soso, pobre y ramplón. Una novela repetitiva, contradictoria y absurda. Y todo un fenómeno de ventas y de clientas que buscan para su día a día a un señor Grey o que catalogan esta novela como "verdadera novela feminista". Y, la verdad, esta última frase me da miedo.
Otras opiniones
Mucho ruido y pocas nueces
La biblioteca encantada
Words Street, 15
El meu món literari
Forbidden Planet
Cinquanta ombres d'en Grey, E.L. James, Rosa del vents, 2012
Advertencia: en el trascurso de la lectura de esta cosa que algunos llaman novela, el cerebro de Jorge ha experimentado una plaga de suicidios colectivos de neuronas. Esto ha convertido al muchacho majo que todos conocéis en un desconocido que se pasea en calzoncillos por el supermercado predicando el amor hacia las morsas, contesta mal a los clientes en la librería y que se despierta a mitad de la noche entre sollozos y otros sospechosos fluidos gritando, el señor Grey no, el señor Grey no, me comeré toda la verdura, lo prometo. Los que votasteis porque Jorge hiciera la lectura de esta novela tened esto presente y en vuestra conciencia.
Vosotros lo habéis querido. Aquí va mi opinión de Cincuenta sombras de Grey.
Una buena amiga me dijo que le habían definido esta novela como la historia de "una tipa que busca su diosa interior con un puño metido en el culo". Ojalá hubiera sido esto.
Primero, una confesión. No he podido leer de cabo a rabo la novela de E.L. James. A partir de la página 340 empecé a sentir el cerebro cada vez más embotado y pequeños gritos agudos que surgían de mi cabeza que se despedían de sus madres. Esto y la voz profunda y reverberante de la neurona jefa que me planteó un ultimatum: o dejas de leer esta bazofia o los suicidios en masa continuarán y acabarás convertido en un amasijo de carne tembloroso adicto a los programas matinales. Ante semejante amenaza, a partir de esa página (en concreto desde el momento de la primera azotaina en serio y la condescendencia de Grey), la lectura se convirtió en un ir pasando páginas para comprobar que todo seguía igual hasta llegar a un final burdo, ridículo y sin sentido.
Como habréis podido imaginar al leer esa pequeña introducción, no me ha gustado Cincuenta sombras de Grey. Nada. Cero. La peor novela que he leído en lo que llevo de década y una de las peores de mi vida. Llamarla novela es ser generoso ya que no tiene nada de literatura. Nada. Ni un triste atisbo tembloroso. Está mal escrita, mal explicada, mal estructurada, confusa, repetitiva, aburrida, repleta de clichés, demasiado larga (¿en serio son necesarias 540 páginas para explicar... esto?), personajes planos en los que no hay ni un atisbo de vida, entre otras muchas faltas. La lectura de esa novela ha sido una tortura. No esperaba nada de ella. Mis expectativas estaban enterradas y lo único que pedía era algo medio entretenido que me hiciera lanzar un par de carcajadas. Pero no. Me he encontrado con una muy mala novela y una pregunta que golpeaba mis sienes a cada paso de página, ¿por qué ha tenido tanto éxito esta bazofia? Si no tiene nada nuevo ni nada bueno, ¿por qué?
Anastasia es la prota de siempre que conoce a un tipo misterioso que le ofrece un juego de amo / sumisa. Ella acepta porque se enamora y se dan cuatro cachetes y follan por aquí y por allá y ya está.
Y, concretando, ¿qué es lo que no me ha gustado? Todo. ¿Más en concreto? Vale, para empezar considero que la novela está mal escrita. Punto. Un estilo pobre y ramplón que se apoya en las continuas repeticiones. Los personajes parecen más robots programados para tener una o dos reacciones e irlas repitiendo durante todo el relato. ¿Ejemplo? Muerdo labio, dedos largos, obseso del control... La continua repetición de las mismas estructuras para describir las reacciones de los protagonistas. Y todo queda mascado y remascado. La autora repite una y otra vez las mismas ideas para dejarlas machacadas en el lector y que a este le quede claro puntos que la autora no sabe decir de forma literaria, por medio de las acciones de los personajes y de forma más sutil y trabajada. No existe la sutileza, ni la sorpresa, ni la insinuación, ni el respeto por la inteligencia del lector. En Cincuenta sombra de Grey es a lo bruto. ¿Cuántas veces se repite que Grey es un obseso del control durante las doscientas primeras páginas? Casi un centenar. ¿Para qué? Para dejar claro al lector que es un obseso del control y que será quien lleve las riendas de la relación. ¿Y cómo lo explica? ¿Por medio de las acciones del personaje o dejando entrever esa faceta suya tan controladora? No, porque eso sería hacer algo cercano a la literatura. Lo que se hace aquí es repetir una y otra vez y otra vez y otra vez que Grey es controlador. Por si no te habías dado cuenta. Y la repetición se convierte en recurso. ¿Cuántas veces se dice que Ana tiene que estudiar? ¿Por qué aparece dos veces el contrato? ¿Acaso tenía miedo de que cuarenta páginas después ya lo hubiéramos olvidado? ¿Cuántas veces se explica y vuelve a explicar el complejo de inferioridad de la protagonista hacia cualquier mujer que se cruce con ella por la calle? ¿Y cuántas veces aparece esa irritante figura de "diosa interior" para explicitar de forma gráfica lo que acaba de decir la protagonista por si no nos habíamos dado cuenta?
"Grey me miró. Me puse feliz. Mi diosa interior se puso a bailar el limbo".
"Grey me dio un cachete. Me pusé tontona. Mi diosa interior empezó a saltar aros y a sostener pelotas sobre la nariz".
"Grey se sacó la chorra y empezó a darme cachetes con ella en la mejilla. Me gustó. A mí diosa interior también e hizo el pino sobre un armadillo mientras tocaba el ukelele con los pelos del coñ...".
En mi opinión esta repetición continua para dejar clara una idea se debe a dos motivos, uno es la incapacidad de la autora para hacer un mínimo de trabajo literario y dotar de profundidad a sus frases, dos, no creo que confíe que el lector entienda lo que escribe. ¿He dejado claro que Grey es controlador? Lo volveré a repetir por si acaso...
Pero, claro, poca literatura se puede hacer con los personajes que se manejan. Puros clichés. El tópico "dientes como perlas" o "oscuro como la boca de un lobo" tienen más originalidad que los tipos que aparecen aquí. Ella es torpe, insegura, inocente y confiada. De físico neutro no tiene ningún tipo de seguridad en ella misma ni experiencia en la vida. Cada hombre es un amenaza y cada mujer es el recordatorio de todo lo que ella no es. La inseguridad con la que James traza a este personaje llega a momentos ridículos como ese en el que Grey le dice que es guapa y ella piensa que cómo puede verla guapa, lo más seguro es que miope. Es virgen y pura y casta e inocente, pero acepta sin dudar un papel de sumisa sin saber muy bien a qué se enfrenta. Y eso es porque su aceptación como sumisa es por amor y tiene la esperanza de acabar curando las heridas emocionales de Grey y que todo el mundo sea feliz. Vamos lo que ahora se conoce como Mary Sue, pero que no deja de ser el tipo Pamela de toda la vida. Al leer esta novela da la sensación de que en la construcción de tipos femeninos no se ha avanzado desde la publicación en 1740 de la fundamental obra de Richardson.
Y él corresponde al cliché de misterioso tarado emocional lleno de sombras que mareará a la protagonista con un contigo y sin ti. El típico perro del hortelano que se ha convertido en una plaga en la novela romántica, ya sea adulta o juvenil y que corresponde a un estereotipo machista que está haciendo mucho daño al género. No existe una relación de igualad entre los personajes porque el femenino lo único que hace es ir detrás de las feromonas del macho. Acepta cualquier cosa si con eso se gana la atención del hombre.
En mi opinión, Cincuenta sombras de Grey es una novela retrógrada, conservadora y machista. Y quiero aclarar que al hablar de machismo no me refiero a la relación de amo/sumisa que se establece, sino al juego de roles que antes de esa relación toman los personajes. Indudablemente, Anastasia se somete emocionalmente al hombre. Es cruel, es caprichoso, es duro, la trata mal, pero siempre hay un perdón hacia las actitudes dominantes, celosas o inmaduras de los personajes masculinos. Son hombres, son así, el amor verdadero los cambiará. O el momento agresión sexual a la que la somete su "amigo" José, al que ella perdona porque son cosas que pasan y él iba borracho. La mujer queda reducida a una mera comparsa que se sostiene por la esperanza de curar las taras emocionales del protagonista. Por eso aceptará la condescendencia con la que se le tratara y convertirá al hombre en su único centro. Ni familia, ni amigos, ni trabajo, ni nada. Todo pensamiento y acción tendrá como único destino, él.
Del resto de personajes no vale la pena hablar porque no pintan nada.
La historia es otro cliché más. Las aventuras erótico festivas de una inocente en manos de un hombre más experimentado. Lo de siempre, vamos. Una relación desigual donde el hombre manda y enseña, donde la mujer calla y aprende. Y poco más. No hay una verdadera historia más allá de ver a estos dos follar. Y esto no sería malo si se tratara de una novela pornográfica (como se ha ido publicitando) donde el centro del meollo es la escena sexual y te la meto por aquí y tú me chupas esto, pero Cincuenta sombras de Grey no es una novela pornográfica y considero que el epíteto erótico le viene grande. Es una novela romántica más con escenas sexuales explicitas. Salvando todas las distancias de calidad y humor, como las de J.R. Ward o la Kenyon, pero sin el sentido de la estructura, el lenguaje y o los personajes como estas dos estupendas autoras. Lo importante de esta novela no es el sexo, sino saber al final si los personajes acaban juntos o no. Como decía el chiste, si al final hay boda. Y, en mi opinión, las escenas sexuales son frías y aburridas. Escritas con el mismo dominio del lenguaje y el mismo talento que las cartas al director de una revista porno para camioneros. Creo que fue el gran Berlanga el que dijo que una buena novela erótica es la consigue que leas solo con una mano y en este caso estuve sosteniendo el libro con las dos toda su lectura.
Porque uno lleva una trayectoria en literatura erótica y pornográfica (desde relatos en Playboy hasta clásicos como Pierre Louys, Fanny Hill o Pietro Aretino. Y Sade, claro, pero Sade no es erótico, es otra cosa) y sorprende la ingenuidad de los encuentro sexuales, lo descafeinado del retrato del mundo de la sumisión o el sadomasoquismo, lo límitado del lenguaje, lo repetitivo de las escenas, la rabia que da cada "nena" en boca del protagonista que le otorga unos apuntes de lenguaje machista bastante desagradables, las frases de "córrete para mí", "te gusta, eh nena", "oh sí", "te voy a follar" que se repiten una y otra vez y que me recordaron a los peores diálogos de una mala película porno; aquellas en las que un actor inexpresivo y repleto de esteroides se limita a bombear dentro de una actriz con cara de estar elaborando la lista de la compra.
La publicidad de la novela hablaba de porno, escenas fuertes, calentura y sexo sin cortapisas. Y, la verdad es que las escenas sexuales no son nada del otro mundo y momentos más eróticos, cachondos y explícitos se pueden encontrar en novelas románticas o en novelas de cualquier género. Sinceramente, esperaba algo de sexo duro, de verdadero sadomasoquismo, de llevar el cuerpo y el placer a sus límites, pero me encuentro con sexo ligth que solo puede impresionar a quien nunca ha leído una novela con contenido erótico (y puede que sea este uno de los motivos de su éxito).
Y poco más voy a añadir. Cincuenta sombras de Grey me ha parecido una mala novela, repleta de los peores clichés que se pueden encontrar, con un estilo soso, pobre y ramplón. Una novela repetitiva, contradictoria y absurda. Y todo un fenómeno de ventas y de clientas que buscan para su día a día a un señor Grey o que catalogan esta novela como "verdadera novela feminista". Y, la verdad, esta última frase me da miedo.
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"La lección de August" de R.J. Palacio
La lección de August, R.J. Palacio, Nube de tinta, 2012
Wonder, R.J. Palacio, La Campana, 2012
En 1996, un Francis Ford Coppola en el momento más bajo de su magnífica carrera, perpetró una película llamada Jack. Era un simple vehículo para el lucimiento del Robin Williams más irritante y relataba la historia de un niño con una enfermedad que lo hacía crecer a un ritmo anormal. Al cumplir diez años, lo llevan por primera vez al colegio y problemas de adaptación y hace amigos y primeras decepciones y todo acaba el día de la graduación con un discurso sobre estrellas fugaces y nuestra huella en este mundo. Una película sentimental, moralista, intrascendente e irritante. Lo único destacable era la siempre estimulante presencia de la hermosa Diane Lane. Jack es una película fallida que parece imposible que la haya dirigido el mismo tipo de El padrino o Apocalipse Now y que desborda buenos sentimientos. Pero, en mi opinión, sólo con buenos sentimientos no haces una película.
Ni un libro.
La lección de August narra la historia de un niño con una cara diferente. Esto provoca que se haya educado en casa y que su relación con el mundo se haya basado en las miradas extrañadas y horrorizadas de los desconocidos. Pero llega un momento en que se decide llevarlo al colegio y tiene problemas de adaptación y hace amigos y las primeras decepciones y todo acaba... Ya os lo podéis imaginar.
No me ha gustado La lección de August y soy consciente de encontrarme en una clara minoría. La novela ha recibido grandes elogios por parte de la crítica y muy buenas reseñas en los blogs que he ido consultando, pero a mí me ha parecido una novela bastante floja cuya única baza interesante sería una polifonía de voces narradoras que se asemejan demasiado como para que este recurso sea interesante o aporte algo a la narración. Y no me ha gustado porque esta novela es un puro cliché en sí misma. Una historia narrada y estructurada como otras miles historias de superación que hemos visto en cine o televisión, leías, narradas y explicadas. Sigue paso por paso una estructura explotada (el aislamiento - la socialización - primeros amigos - profe majo - padres protectores - traición - soledad - volver a los amigos - castigo de los malos - discurso moralista final) y apuesta todo su valor como novela, no al sustento de la técnica y el modo de narrar, sino al sentimiento. Porque es una novela que busca la lágrima, busca que sintamos y conmovernos. Y como lector me molesta ver de una forma tan clara las intenciones del autor de cualquier libro. No es está planteada para explicarnos una historia y como lectores saquemos nuestra conclusión, sino que esa conclusión es explícita (el discurso del director) para conducirnos de la mano a las conclusiones y motivaciones de fondo de la novela: el valor de la diferencia y etcétera. Y a mí estas cosas me molestan: el discurso moral, la moraleja y que me expliciten las intenciones.
Y dejemos una cosa clara, La lección de August ni es aburrida, ni es una lectura pesada, pero lo que cuenta y sobre todo, cómo lo cuenta, no me gusta ni me parece interesante porque, repito, ya lo he visto y leído explicado de la misma forma. Y esto podría obviarlo si no me hubiera encontrado ante una novela que me parece bastante floja en personajes, en estilo y estructura. Maniquea (no hay matiz de personajes, o son buenos o son cabrones y los últimos, claro, serán castigados) y que aborda el tema con superficialidad y sin adentrarse en terrenos más complejos (al final, todo acaba resultando un relato más de popularidad en el instituto).
Una novela que no me ha gustado, no me ha interesado y que me ha parecido totalmente prescindible.
Otras opiniones
El hechizo de los libros
Adicción literaria
Incendio de nieve
Wonder, R.J. Palacio, La Campana, 2012
En 1996, un Francis Ford Coppola en el momento más bajo de su magnífica carrera, perpetró una película llamada Jack. Era un simple vehículo para el lucimiento del Robin Williams más irritante y relataba la historia de un niño con una enfermedad que lo hacía crecer a un ritmo anormal. Al cumplir diez años, lo llevan por primera vez al colegio y problemas de adaptación y hace amigos y primeras decepciones y todo acaba el día de la graduación con un discurso sobre estrellas fugaces y nuestra huella en este mundo. Una película sentimental, moralista, intrascendente e irritante. Lo único destacable era la siempre estimulante presencia de la hermosa Diane Lane. Jack es una película fallida que parece imposible que la haya dirigido el mismo tipo de El padrino o Apocalipse Now y que desborda buenos sentimientos. Pero, en mi opinión, sólo con buenos sentimientos no haces una película.
Ni un libro.
La lección de August narra la historia de un niño con una cara diferente. Esto provoca que se haya educado en casa y que su relación con el mundo se haya basado en las miradas extrañadas y horrorizadas de los desconocidos. Pero llega un momento en que se decide llevarlo al colegio y tiene problemas de adaptación y hace amigos y las primeras decepciones y todo acaba... Ya os lo podéis imaginar.

Y dejemos una cosa clara, La lección de August ni es aburrida, ni es una lectura pesada, pero lo que cuenta y sobre todo, cómo lo cuenta, no me gusta ni me parece interesante porque, repito, ya lo he visto y leído explicado de la misma forma. Y esto podría obviarlo si no me hubiera encontrado ante una novela que me parece bastante floja en personajes, en estilo y estructura. Maniquea (no hay matiz de personajes, o son buenos o son cabrones y los últimos, claro, serán castigados) y que aborda el tema con superficialidad y sin adentrarse en terrenos más complejos (al final, todo acaba resultando un relato más de popularidad en el instituto).
Una novela que no me ha gustado, no me ha interesado y que me ha parecido totalmente prescindible.
Otras opiniones
El hechizo de los libros
Adicción literaria
Incendio de nieve
Novedades improbables II
Como siempre, leyendo mucho. Me levanto y lo primero que hago antes de hacer un pipi o desayunar o ponerme en bolas delante de una ventana abierta para que el frío de la mañana me abra los poros y me alegre los pezones, es coger un libro y pam, me lo leo. Así como quien no quiere la cosa. Y abro la nevera para pillar la leche y prepararme un cappuccino con moka y naranja y suena una misa de Schubert y pam ya me he leído otro. En ese momento, hago una pausa para descansar los ojos de tanta lectura y aprovecho para leer la prensa nacional e internacional (quince periódicos en papel más una veintena más on-line) de diferentes y variados puntos de vista entre sí. Después de esto actualizo mi blog de actualidad política y palabra esdrújulas. Y después de esto voy al trabajo, pero allí sigo leyendo no sin antes llamar al club de polo para confirmar la pista para la clásica competición bianual de libreros con gafas contra libreros palmípedos. Y sigo leyendo mientras mi yegua Dionisiaca me pasea por los frondosos bosques de robles de Igualada y cuando regreso a casa y me visto para cenar. Y también mientras preparo unos martines bien secos como aperitivo a una cena basada en frutos del mar que bien nos merecemos. Leo, leo y leo y esto que viene ahora son las tres novedades que considero imprescindibles para estar al día en lo que todo el mundo debería leer.
La angustia de la goma del calzoncillo, Raul Rojo, Destino, 2012
¿Quién dijo que el realismo había muerto?
Daniel es un alto ejecutivo (metro noventa y tres) con una vida perfecta. Buen trabajo, dinero a mansalva, una novia modelo de lencería muy abierta a relaciones con sus compañeras de trabajo, una buena casa, unos padres que viven lejos y unos hermanos que han renunciado a su generosa parte de la herencia familiar por una vida contemplativa y mísera. Todo parece ir bien hasta que el coche se avería y Daniel se ve obligado a ir en autobús al Palacio de la Ópera para ver la Tetralogía de los Nibelungos de Wagner sin subtítulos en asientos de piedra y rodeados de alemanes malhumorados e ingleses pomposos. Allí, en el autobús, rodeado de desconocidos siente como su caro y exclusivo calzoncillo hecho a medida por una monja ciega y palmípeda que vive en Milán, se le mete por la raja del culo incomodando el viaje. Intenta colocarse con disimulo bien la goma del calzoncillo, pero el miedo a que un desconocido vea como se mete el dedo entre las nalgas y tira con el riesgo que supone que quizá no se limpiara del todo bien el ano en la última defecación y algo de ese acre olor a mierda le impregne el dedo y manche la tela del calzoncillo y del pantalón le produce angustia. Una angustia que le acompañará a partir de ahora en todo ese viaje en autobús al infierno y en las casi veinte horas de Wagner ininterrumpidas con una goma de calzoncillo atormentando un culo y por ende, toda su vida y todo su pasado.
Raúl Rojo, esa eterna joven promesa de sesenta años de la literatura argentina, nos presenta una nueva novela que es casi su confirmación, pero no. Una novela, de seiscientas páginas y tres puntos y aparte, que según palabras de su autor "no es más que una metáfora de la angustia que siente cada persona por su ropa. Porque vivimos atrapados en nuestros armarios, metáforas de nuestra alma, versiones de la obra de C.S. Lewis pero al revés. Todos nosotros no somos más que gomas metidas en el culo de alguien provocanco su angustia. Y la vida humana no es más que una enorme goma de calzconcillo metida en el culo de Dios".
La siento dentro. Como me roza las paredes culiles. Ya ha dejado atrás el ser una molestia. Ahora es algo más. Más allá. Más duro. Miro a mi alrededor y veo las caras indiferente de todos estos que me ignoran, que no me conocen, ni conocerán jamás mi angustia. Sus rostros indiferentes a una goma de calzoncillo que me saja el culo y el alma. ¡Maldita monja! ¿Acaso me odiaba sin saberlo?
¡Qué te jodan!, Lillian Bujols, Obelisco, 2012
Después de los éxitos de El secreto del ahora, El alquimista vuelve en un ferrari con una mochila, Mis zonas oxidadas, El arte de conversar con Dios en una armadura oxidada, El secreto de Guardiola, ahora, aparece en las librerías por arte de transportista, el libro de autoayuda definitivo.
Lilian Bujols presenta su primer libro de psicología autoayudítica que cambiará para siempre los conceptos que teníamos de la pseudopsicología de baratillo. ¡Qué te jodan! es un manual perfecto para superar nuestro día a día y soportar estos tiempos convulsos y aciagos que vivimos por culpa de otros. Un solo concepto: si no te gusta, te jodes. Todo el potencial de egoismo y egoncentrismo que sólo se atrevían apuntar otros manuales, este libro lo lleva a su eclosión definitiva. ¿No te gusta que sea feliz y dueño de mi vida? Que te jodan. ¿No te gusta que sea responsable de mis actos? Que te jodan. ¿No te gusta que queme rastrogos y ancianas en el balcón de mi casa? Pues que te jodan con cinco dedos en la cara y moviéndome de un lado a otro. ¿No te gusta que no ceda nunca el paso a los otros coches en la autopista y acelere cuando hay un charco y peatones al lado? Pues jo-de-te. Es mi vida y la vivo como quiero que para algo soy una persona única y autosuficiente condenada a compartir mi especialidad con otros. Una terapia psicocognitivaregresoenciclopédica basada en llegar el YO hasta sus últimas consecuencias. Sólo preocupándose por uno mismo y pensando en uno mismo llegarás a las cotas de felicidad que te mereces. ¿Y qué nos puede decir uno de los lectores de este libro?
"Antes de leer ¡Qué te jodan! tenía familia, amigos y trabajo, pero estaba demasiado ocupado haciendo cosas para y por los demás. Después leí el libro de Lillian y todo eso se acabó. Basta de trabajar para alguien, preparar comidas, poner inyecciones de insulina, ceder el paso, dar los buenos días... Que se jodan. Ahora no tengo ni familia, ni amigos, ni trabajo. ¿Pero sabes qué te digo? Que se jodan, no los necesito. Lo primero yo, luego yo y luego mis necesidades. ¿Me das para un cartón de vino? No, pues que te jodan."
De regalo, un dedo extensor.
Highlanders en patines, Claudia del Moral, ed. Terciopelo, 2012
Después de un silencio de una semana, llega a las estanterías de las librerías, a los libros electrónicos y a las páginas de descargas piratas más conocidas, el primer capítulo de la nueva saga de seis trilogías de Claudia del Moral, "Highlanders sobre ruedas".
Clara no es feliz. Contra su voluntad ha tenido que dejar atrás un fantástico apartamento de renta antigua en Nueva York, un buen trabajo, una amiga con menos tetas y callada, un novio guapo atento y un amplio y variado guardarropa. ¿Y todo por qué? Sólo porque sin querer presenció un horrendo crimen al salir de un curso de macramé con mucha sangre y salpicaduras y no me mates y sí te mato (el crimen, no el curso). Sólo ella ha visto la cara del Asesino de la Amigdala. El FBI decide darle pues una nueva identidad y ahora es la nueva redactora de la revista Capullín rosado, la mejor revista de jardinería para fracasados de la ciudad de Detritus; un asqueroso rincón del mundo sucio y polvoriento solo conocido en el mundo por su carrera anual de solteros en patines. Pero, claro, el Asesino de la Amígdala descubre donde se esconde Clara y va a por ella... Y justo la noche en que parece que la muerte será la nueva compañera de cama de Clara, aparece David y la salva de una muerte casi segura. David, un misterioso highlander que montado en unas patines rojos como el pecado de la lujuria, la falda al viento y la convicción de que la ropa interior solo coarta la libertad individual. Quizá, de momento, y hasta las últimas quince páginas, la vida de Clara esté a salvo, pero no su corazón.
Caliente. Muy caliente. Pero que muy caliente. Caliente hasta decir, qué caliente. Como sentir el aliento de un borracho en la cara. Como el contacto de una vitrocerámica en el culo. Nunca las ruedas de unos patines habían echaron tantas chispas y humo como estas que describe la pluma ávida y siempre húmeda de la Claudia del Moral más cachonda. Pasión, velocidad, riesgo, hambre, deseo, carne, peligro, miradas, gestos, palabras, erecciones mal disimuladas que se clavan en el bajo vientre, miembros viriles imposibles de abarcar no ya con dos manos, sino con las tuyas y las de tu mejor amiga, faldas a cuadros, cojines bordados, simientes y sexmientes, peleas con espadas a lomos de patines mágicos, sectas secretas de highlanders motorizados, amígdalas gimientes y mucho, mucho más en sus trescientas páginas. Claudia del Moral es la mejor y Highlanders en patines es otra buena muestra de ello.
David la sostenía entre sus fuertes, musculosos, macizos y varoniles brazos mientras patinaba con furia casi sexual por las calles de Detritus. Clara sentía la pulsión de sus corazones al unísono, el viento agitando su cabellera, refrescando el calor que desprendían sus anhelantes entrepiernas. Un viento pícaro y juguetón que levantaba sus respectivas faldas, se contorneaban y enlazaban como hace unos minutos se enlazaban sus lenguas y en unos minutos lo harían sus cuerpos. Los patines de David escupían chispas sobre el asfalto aunque Clara no estaba segura de si esas chispas no serían más que el amor y el deseo que goteaba desde su entrepierna ante el deseo imponente de este highlander en patines.
Por cierto, editoriales, que podéis colaborar con esta sección siempre que queráis. Ya lo dije en la anterior entrada, pero solo he recibido silencio. Que lo sepáis, eh, sin presión.
Primera entrega de estas novedades improbables.
La angustia de la goma del calzoncillo, Raul Rojo, Destino, 2012
¿Quién dijo que el realismo había muerto?
Daniel es un alto ejecutivo (metro noventa y tres) con una vida perfecta. Buen trabajo, dinero a mansalva, una novia modelo de lencería muy abierta a relaciones con sus compañeras de trabajo, una buena casa, unos padres que viven lejos y unos hermanos que han renunciado a su generosa parte de la herencia familiar por una vida contemplativa y mísera. Todo parece ir bien hasta que el coche se avería y Daniel se ve obligado a ir en autobús al Palacio de la Ópera para ver la Tetralogía de los Nibelungos de Wagner sin subtítulos en asientos de piedra y rodeados de alemanes malhumorados e ingleses pomposos. Allí, en el autobús, rodeado de desconocidos siente como su caro y exclusivo calzoncillo hecho a medida por una monja ciega y palmípeda que vive en Milán, se le mete por la raja del culo incomodando el viaje. Intenta colocarse con disimulo bien la goma del calzoncillo, pero el miedo a que un desconocido vea como se mete el dedo entre las nalgas y tira con el riesgo que supone que quizá no se limpiara del todo bien el ano en la última defecación y algo de ese acre olor a mierda le impregne el dedo y manche la tela del calzoncillo y del pantalón le produce angustia. Una angustia que le acompañará a partir de ahora en todo ese viaje en autobús al infierno y en las casi veinte horas de Wagner ininterrumpidas con una goma de calzoncillo atormentando un culo y por ende, toda su vida y todo su pasado.
Raúl Rojo, esa eterna joven promesa de sesenta años de la literatura argentina, nos presenta una nueva novela que es casi su confirmación, pero no. Una novela, de seiscientas páginas y tres puntos y aparte, que según palabras de su autor "no es más que una metáfora de la angustia que siente cada persona por su ropa. Porque vivimos atrapados en nuestros armarios, metáforas de nuestra alma, versiones de la obra de C.S. Lewis pero al revés. Todos nosotros no somos más que gomas metidas en el culo de alguien provocanco su angustia. Y la vida humana no es más que una enorme goma de calzconcillo metida en el culo de Dios".
La siento dentro. Como me roza las paredes culiles. Ya ha dejado atrás el ser una molestia. Ahora es algo más. Más allá. Más duro. Miro a mi alrededor y veo las caras indiferente de todos estos que me ignoran, que no me conocen, ni conocerán jamás mi angustia. Sus rostros indiferentes a una goma de calzoncillo que me saja el culo y el alma. ¡Maldita monja! ¿Acaso me odiaba sin saberlo?
¡Qué te jodan!, Lillian Bujols, Obelisco, 2012
Después de los éxitos de El secreto del ahora, El alquimista vuelve en un ferrari con una mochila, Mis zonas oxidadas, El arte de conversar con Dios en una armadura oxidada, El secreto de Guardiola, ahora, aparece en las librerías por arte de transportista, el libro de autoayuda definitivo.
Lilian Bujols presenta su primer libro de psicología autoayudítica que cambiará para siempre los conceptos que teníamos de la pseudopsicología de baratillo. ¡Qué te jodan! es un manual perfecto para superar nuestro día a día y soportar estos tiempos convulsos y aciagos que vivimos por culpa de otros. Un solo concepto: si no te gusta, te jodes. Todo el potencial de egoismo y egoncentrismo que sólo se atrevían apuntar otros manuales, este libro lo lleva a su eclosión definitiva. ¿No te gusta que sea feliz y dueño de mi vida? Que te jodan. ¿No te gusta que sea responsable de mis actos? Que te jodan. ¿No te gusta que queme rastrogos y ancianas en el balcón de mi casa? Pues que te jodan con cinco dedos en la cara y moviéndome de un lado a otro. ¿No te gusta que no ceda nunca el paso a los otros coches en la autopista y acelere cuando hay un charco y peatones al lado? Pues jo-de-te. Es mi vida y la vivo como quiero que para algo soy una persona única y autosuficiente condenada a compartir mi especialidad con otros. Una terapia psicocognitivaregresoenciclopédica basada en llegar el YO hasta sus últimas consecuencias. Sólo preocupándose por uno mismo y pensando en uno mismo llegarás a las cotas de felicidad que te mereces. ¿Y qué nos puede decir uno de los lectores de este libro?
"Antes de leer ¡Qué te jodan! tenía familia, amigos y trabajo, pero estaba demasiado ocupado haciendo cosas para y por los demás. Después leí el libro de Lillian y todo eso se acabó. Basta de trabajar para alguien, preparar comidas, poner inyecciones de insulina, ceder el paso, dar los buenos días... Que se jodan. Ahora no tengo ni familia, ni amigos, ni trabajo. ¿Pero sabes qué te digo? Que se jodan, no los necesito. Lo primero yo, luego yo y luego mis necesidades. ¿Me das para un cartón de vino? No, pues que te jodan."
De regalo, un dedo extensor.
Highlanders en patines, Claudia del Moral, ed. Terciopelo, 2012
Después de un silencio de una semana, llega a las estanterías de las librerías, a los libros electrónicos y a las páginas de descargas piratas más conocidas, el primer capítulo de la nueva saga de seis trilogías de Claudia del Moral, "Highlanders sobre ruedas".
Clara no es feliz. Contra su voluntad ha tenido que dejar atrás un fantástico apartamento de renta antigua en Nueva York, un buen trabajo, una amiga con menos tetas y callada, un novio guapo atento y un amplio y variado guardarropa. ¿Y todo por qué? Sólo porque sin querer presenció un horrendo crimen al salir de un curso de macramé con mucha sangre y salpicaduras y no me mates y sí te mato (el crimen, no el curso). Sólo ella ha visto la cara del Asesino de la Amigdala. El FBI decide darle pues una nueva identidad y ahora es la nueva redactora de la revista Capullín rosado, la mejor revista de jardinería para fracasados de la ciudad de Detritus; un asqueroso rincón del mundo sucio y polvoriento solo conocido en el mundo por su carrera anual de solteros en patines. Pero, claro, el Asesino de la Amígdala descubre donde se esconde Clara y va a por ella... Y justo la noche en que parece que la muerte será la nueva compañera de cama de Clara, aparece David y la salva de una muerte casi segura. David, un misterioso highlander que montado en unas patines rojos como el pecado de la lujuria, la falda al viento y la convicción de que la ropa interior solo coarta la libertad individual. Quizá, de momento, y hasta las últimas quince páginas, la vida de Clara esté a salvo, pero no su corazón.
Caliente. Muy caliente. Pero que muy caliente. Caliente hasta decir, qué caliente. Como sentir el aliento de un borracho en la cara. Como el contacto de una vitrocerámica en el culo. Nunca las ruedas de unos patines habían echaron tantas chispas y humo como estas que describe la pluma ávida y siempre húmeda de la Claudia del Moral más cachonda. Pasión, velocidad, riesgo, hambre, deseo, carne, peligro, miradas, gestos, palabras, erecciones mal disimuladas que se clavan en el bajo vientre, miembros viriles imposibles de abarcar no ya con dos manos, sino con las tuyas y las de tu mejor amiga, faldas a cuadros, cojines bordados, simientes y sexmientes, peleas con espadas a lomos de patines mágicos, sectas secretas de highlanders motorizados, amígdalas gimientes y mucho, mucho más en sus trescientas páginas. Claudia del Moral es la mejor y Highlanders en patines es otra buena muestra de ello.
David la sostenía entre sus fuertes, musculosos, macizos y varoniles brazos mientras patinaba con furia casi sexual por las calles de Detritus. Clara sentía la pulsión de sus corazones al unísono, el viento agitando su cabellera, refrescando el calor que desprendían sus anhelantes entrepiernas. Un viento pícaro y juguetón que levantaba sus respectivas faldas, se contorneaban y enlazaban como hace unos minutos se enlazaban sus lenguas y en unos minutos lo harían sus cuerpos. Los patines de David escupían chispas sobre el asfalto aunque Clara no estaba segura de si esas chispas no serían más que el amor y el deseo que goteaba desde su entrepierna ante el deseo imponente de este highlander en patines.
Por cierto, editoriales, que podéis colaborar con esta sección siempre que queráis. Ya lo dije en la anterior entrada, pero solo he recibido silencio. Que lo sepáis, eh, sin presión.
Primera entrega de estas novedades improbables.
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