"El héroe perdido" de Rick Riordan

El héroe perdido, Rick Riordan, Montena, 2013
L'heroi perdut, Rick Riordan, La Galera, 2013
Serie Los héroes del Olimpo I

Me gustan mucho las novelas de Rick Riordan. Solo he leído la trilogía de los hermanos Kane y este primer volumen de Los héroes del Olimpo (si todo va bien en unos días empiezo con Percy Jackson) y me encantan las historias de este señor. Puro y sano entretenimiento. Grandes superproducciones literarias con muchos efectos especiales, mucha tensión y, sobre todo, muchos monstruos. Tortas, carreras y ni un solo momento de respiro. Y me lo paso la mar de bien. Si hubiese leído estas novelas con once/doce años hubiera sido un preadolescente muy feliz. Pero las leo con treintaytantos y eso no sé en qué me convierte muy feliz y me confirma algo muy bueno; no he perdido el sentido ni de la aventura ni de la maravilla.

Tres semidioses, la típica profecía que viene a fastidiar los buenos y tranquilos días, muchos monstruos, una amenaza terrible que está despertando, un héroe desaparecido, una diosa secuestrada y mucho trabajo por delante. Como siempre una sinopsis insuficiente y que da poca información porque sigo en mi creencia que es mucho mejor lanzarse a los libros sin saber mucho de ellos y dejarse sorprender.

La novela me ha gustado mucho, me ha entretenido horrores y me ha dejado con ganas de pillar su continuación. Y con esto creo que ya habría dicho todo lo que quería decir, pero entonces no sería reseña sino tomadura de pelo. Así que algunas consideraciones.

- No es necesario haberse leído la saga Percy Jackson para seguir y apreciar este libro (yo no lo he hecho, por ejemplo). Eso sí, si no quieres saber cómo termina la pentalogía original y qué sucede con muchos personajes, mejor no la leas.

- Personajes tipo que funcionan muy bien. El héroe, la chica aguerrida, el amigo simpático. Por suerte, Riordan es lo suficientemente inteligente para dotar a su trío protagonista de más capas para evitar que se conviertan en simples estereotipos. No son personajes que sorprendan, pero no suenan a refrito. Secundarios efectivos e interesantes.

- Gran variedad de monstruos. Y esto mola mucho.

- Actualización divertida, efectiva e inteligente de la mitología griega y romana aunque algunas de las soluciones me pidan un esfuerzo de credibilidad (por ejemplo, Éolo). Resulta muy curioso y refrescante este volver a la clásica Gigantomaquía para construir una novela juvenil.

- Estilo rápido, nervioso y detallista. Muy buen ritmo. Quinientas páginas que no cansan al lector.

- Eso sí, una estructura algo episódica y un poco repetitiva. Misión - encuentro - conflicto - lucha - huida para caer en nueva misión - encuentro - conflicto -, etc. Además tiene tendencia a caer en el recurso del deus ex machina, que por muy griego que sea no deja de rechinar si se usa más de tres veces en una misma historia. O la justificación para lo imposible o improbable con "es magia" (el cinturón de herramientas de Leo, por ejemplo). Pero que no se me entienda mal, todo es peccata minuta.

- Historia sencilla y bastante predecible, pero muy bien explicada, narrada y estructurada. Buenas sorpresas y giros.

- ¿He dicho que salen monstruos?

El héroe perdido es una estupenda novela de aventuras. Pura literatura de entretenimiento bien construida y explicada. Aventura, fantasía, un poco de romance, mucho ruido y muchas explosiones. Un auténtico placer.


Otras opiniones
El hechizo de los libros

"Furia venenosa" de Marika Gallman

Furia venenosa, Marika Gallman, Libros de seda, 2013
Serie Maeve Regan 1

Presentación y puesta de largo de editorial y autora en este blog (dato: la autora en verdad se llama Marika Gallman aunque en la edición española de su obra aparezca Marita. Se admiente apuestas, ¿errata o el nombre "sonaba mal"? Sea como sea, estas cosas no se hacen).

Maeve Regan, bajita, borde y malhablada. Va a la universidad sin ser una alumna brillante, sin pareja fija, noches de juerga y gusto por las bebidas fuertes. Único familiar, un abuelo que no destaca por su cariño. Y amigos, Elliot con quien tuvo una historia y ahora existe una fuerte tensión y Brianne que vive atrapada en una relación destructiva. Por medio, la novia de Elliot, la perfecta muñequita de Tara. Nada especial, la verdad. Pero una noche se va con un tipo muy atractivo llamado Luke en un arrebato de pasión la muerde... y empieza a vomitar. Y descubre que su abuelo no le ha dicho la verdad sobre la desaparición de su familia. Y el tipo atractivo reaparece, la secuestra y, ¿qué demonios? ¿es eso un vampiro? Vamos, que una semana que empieza mal puede acabar siendo una semana de mierda.

Furia venenosa es una novela de fantasía urbana la mar de entretenida, distraída y agradable de leer. Tengo que reconocer que con este género voy medio vendido. No lo puedo evitar, las historias de aventuras con heroínas bajitas, bordes y malhabladas son una de mis debilidades. Y Maeve Regan es una buena heroína; dura, alejada de los clichés de princesita en apuro, con tendencia a equivocarse, orgullosa, borde y a la que le suda un huevo la opinión de los demás. Por supuesto que tiene un centro sensible, pero no deja que esto la catatonice ni acabe convirtiéndola en una pavisosa en el momento en que el prota se quita la camiseta. Es una protagonista con carisma con la que el lector puede encariñarse con facilidad y que sostiene con dignidad una historia bastante tópica (más abajo amplío esto), pero escrita con un estilo rápido, conciso y ajustado que hace que la lectura sea agradable y, por momentos, tensa. Ah, y con una tendencia a la ira, la violencia y la maldad muy acusadas. Maeve se aleja de los "buenos" para adentrarse en un territorio gris que la hace muy interesante y que consigue diferenciarla de otras heroinas que por mucho que pasen, siempre serán las buenas.

¿Problemas? Los personajes secundarios, en especial los tres amigos, quedan desdibujados y se echa de menos el mismo cuidado que ha puesto Marika Gallman en los principales. Especialmente flagrante es el caso de Elliot, un quiero zumbarme a la prota sin dejar a mi novia que crispa, molesta y entran ganas de arrancarle la cabeza y mandarla de viaje a un lugar muy oscuro y estrecho. Eso provoca que el intento de triángulo amoroso de la autora (bueno, en rigor es un cuarteto) quede descompensado y cojo. No se puede construir un triángulo si uno de los lados es tan débil e inconsistente. Y es que, seamos sinceros, no se puede competir con el cabrón de Luke (buen personaje, pero que sigue las pautas de otros machotes del género). Eso sí, y que nadie se lleve a escándalos, este apunte de triángulo no vertebra ni es centro de la novela. Es un elemento más que aunque no molesta, en alguna página despista.

Y lo que podría ser el principal handicap para muchos lectores: la novela no tiene un solo punto original que la diferencie de otras novelas de fantasía urbana. Están todos los elementos (secretos, machote, tensión sexual, entrenamiento, maloso, más secretos, enfrentamiento, más tensión sexual, luchas, cabreos, muchísima tensión sexual que al final estalla y... no, en esta novela no hay escena de sexo, etc.) colocados en el mismo orden y conducidos de la misma forma. Quien espere algo diferente, no es su novela. El mismo cuento que conocemos, sí, pero explicado con gracia.

A mí me ha gustado. Sin entusiasmo, de acuerdo, pero con el suficiente como para pasar un par de tardes muy entretenido, ganas de leer su continuación y conservar un recuerdo más que agradable. ¿La recomiendo? Sí, es un novela muy entretenida, bien escrita y con protagonista malhablada. A mí me vale.

Y sirve para ampliar fronteras y leer algo de fantasía urbana no anglosajona. Esta novela nos sirve para saber que en Suiza se produce algo más que novela policíaca llena de crítica social, secretos de pueblo y asesinos muy correctos.

Portada original.
Cómo me gustan esas posturas imposibles con el pecho pa'lante y el arma a punto.

Otras opiniones

"Seguros mortales" de Claudia del Moral. Cuarta entrega

(pincha sobre el enlace)

Durante el viaje en taxi sólo podía pensar en el momento de llegar a casa, quitarme la ropa, desviar la mirada de la vergüenza que tenía por entrepierna y relajarme en el cálido abrazo que da un baño de espuma. Una buena cena, un poco de música, quizá una película romántica. No sobre agentes de seguro, no sabía por qué, pero no me apetecía. Quizá sobre agrimensores o farmacéuticos. Algo trepidante y exótico. Pero ahora, ante esa boca abierta y oscura que era la puerta de mi hogar me sentía indefensa y con un pecho demasiado grande.
Había alguien dentro de mi casa.
Alguien que no era yo porque aunque estaba dentro, en verdad estaba casi fuera.
¿Pero quién? Desde que había vuelto a Contrades de mi periplo por el mundo vivía sola en la enorme casa de mi abuela. Me gustaba disponer de aquel viejo caserón para mi sola y perderme entre sus largos pasillos, jugar al escondite con mi sombra entre las estatuas ecuestres de la biblioteca o descender a buscar una botella de vino sin alcohol a la cripta. Y aunque a veces el silencio de mi hogar combinado con los documentales de asesinos en serie y tramperos me podía inquietar, me gustaba la soledad. Nadie tenía que soportarme. Pero ahora deseaba que alguien viviera conmigo o que alguien se preocupara por mi.
¿Quién podía estar dentro? ¿Un asesino? ¿Un violador? ¿Un caníbal fugado de algún circo?
El miedo crecía dentro de mi abultado pecho y todos mis instintos me decían que saliera corriendo, que buscara ayuda y me colgara cual bolso masculino de los fuertes brazos de Vik... ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué pensaba semejante tontería? Este tal Viktor no me resultaba atractivo. Ni siquiera recordaba el color miel de sus ojos, su amplio pecho, sus rasgos duros que invitaban a suavizar a base de caricias y besos, sus dedos largos, anchos, fuertes, duros o esas nalgas donde una podría partirse la cabeza por una mala caída. No pensaba en él ni sentía el pecho bullir de calor.
Un ruido emergió de mi hogar. Una especia de carraspeo que recordaba a una tos mal disimulada. Eso, o los cimientos estaban asentándose.
Concéntrate, Derrota. Alguien ha entrado sin permiso en tu casa y seguro que Viktor no está pensando en ti. Suspiré y me concentré en mi cometido olvidando su dulce nombre y al perro que había ido a morir con el cuello cercenado en el felpudo de la entrada. Pobrecito, ¿cómo podía habérselo hecho? ¿Con una alambrada? ¿Jugando con un cuchillo? O quizá... no, eso no.
Aparte todo fúnebre pensamiento de mi mente y di un paso al interior. No iba a consentir que un payaso resentido con el mundo armado con un hacha me asustara en mi propia casa. Podía ser un fracaso como mujer y ayudante de taxidermista, pero nadie me podía llamar cobarde. Hurgué en mi bolso y agarré la vieja lima de uñas que me regaló mi abuela el día en que encontré su botella de vodka favorita como si fuera un cuchillo y di otro paso. No pasó nada. Quizá solo eran imaginaciones mías. Cosas típicas de mujeres que viven solas sin un hombre que las proteja. Un paso más. Otro paso.
La puerta de la entrada se cerró de un golpe.
Un olor fétido a carne podrida y vestuario masculino me golpeó en la cara.
Y una manos calientes y húmedas como el calcetín de un adolescente me empezaron a acariciar las nalgas e iniciaron el camino que conducía a mis pechos y mi cuello.
- Vaya, vaya - una voz grave jadeó en mi oreja mientras su entrepierna se frotaba contra una parte de mi cuerpo que solo podía tocar cierto tipo de papel muy especializado y del que una señorita no habla-. Me habían dicho que eras una muchacha muy jugosa, pero no me imaginaba hasta que punto. Me muero de ganas de escurrirte en mi boca y beberte.
- No me haga daño, por favor. Le daré todo el dinero que tengo y todos los objetos de valor.
- Sí te haré daño. Mucho daño. Me pagan para eso. Para hacerte daño, arrancarte el corazón y las vísceras y luego matarte.
¿Había dicho que le pagaban? ¿Quién querría hacerme daño?
- Pero antes de arrancarte los brazos y hacértelos tragar, me voy a divertir un poco y explorar qué placeres puede darme una humana. A parte de calmar mi sed, claro.
Se apretó más a mí y sentí su duricía intentando taladrar mis pantalones. Dominada por el pánico apreté la lima en mi mano y recordé las palabras de mi maestro de lucha budista en el barro que me acogió en su comunidad cuando estudiada arte precolombino en Bangkok.
Utiliza tu belleza como un arma. Clava, aprieta, retuerce y sonríe. El barro es parte de ti. Recuerdalo siempre. Ahora ajústate el tanga y haz que esa guarra se trague sus dientes.
No tenía belleza, pero sí una lima de uñas.
Con un movimiento enérgico clavé la lima en su pierna. Sus gritos atronaron mis oídos. La retorcí y cuando sentí que me liberaba de su lascivo abrazo me separé de él. Tiré de la lima, me di la vuelta y volví a clavarla a la altura de donde supuse que estaba su rostro. La lima encontró una pequeña resistencia  pero enseguida ésta cedió y mi improvisada arma se hundió. Un líquido viscoso y cálido resbaló por mi mano.
- ¡Hija de perra! ¡Zorra! ¡Mi ojo preferido!
Saqué la lima de su ojo y corrí hacía la entrada. Abrí la puerta y salí al abrazo de la noche. En mi huida pisé sin querer el cadáver del perro.
Adiós a mis zapatos favoritos.

Corrí y corrí con las dos piernas como nunca. A mi espalada oí un grito de dolor y rabia y una voz rota que gritaba mi nombre y prometía producirme el mayor dolor que una zorra como yo podía soportar. Y el ruido de alguien que había emprendido una persecución. ¿Qué pasaba en mi vida? ¿En qué se había convertido? En un par de días, mi aburrida y tranquila existencia se había convertido en una cruel parodia de cualquier novela de vampiros que devoraba mi abuela entre tragos de mezcal y quejas de que ya no había no muertos como aquellos. Detrás de mi oía sus pasos cada vez más rápido y más cerca.
¿Dónde podía ir? La casa de mi abuela estaba aislada del pueblo. Entonces recordé una cabaña al otro lado del lago donde vivía el bueno de Fred, mi vecino más cercano y el único amigo que había tenido mi nanny. Era un buen hombre que rondaba los setenta, pero que aun podía presumir de cierto espíritu juvenil al conservar todos sus dientes de leche. Le gustaba vestirse de cuero, conducir una vieja scooter restaurada e ir de caza a los bingos de moda. Claro que todo esto fue antes de que explotara su laboratorio de metanfetaminas infantiles y se volviera algo excéntrico. Hacía años que no salía de su casa. No quería ver a nadie y se alimentaba de los topos que saqueaban su huerto urbano en pleno campo. Corrí recordando aquellos dorados días de instituto en los que competía en marcha atlética y forcé mi cuerpo. Por suerte conocía aquel bosque como la palma de mi mano lo que me dio una ventaja sobre mi perseguidor.
Tras unos minutos de carrera vi a lo lejos la pequeña cabaña de Fred. Y me permití una sonrisa al ver la ventana iluminada. Llamé a su puerta. Era mi única oportunidad. A pesar de su herida en la pierna, mi asaltante estaba cada vez más cerca.
- Fred, por favor. ¡Fred!
Silencio. Golpeé con fuerza con mis puños.
- ¡Fred! ¡Ayuda!
- ¿Quién llama a estas horas a la puerta de un pobre viejo?
- Yo, Fred.
- No sé quién eres. Déjame.
- Por favor, Fred. Por favor -. Volví a golpear la puerta mientras empezaba a oir la respiración de mi perseguidor.
- Te advierto, desconocida, que tengo un perro armado aquí dentro. Es un asesino y le encanta comer jovencitas que molestan a viejos que esperan la muerte viendo vídeos de aeróbic. Guau, guau, guau.
- Por favor, soy yo. Me conoces. Recuerda. Soy yo.
- ¡Arma tus misiles, Sandoval, perrito bueno! Chic-chic. Te está apuntando a la cabeza, niña. Déjame solo con mis recuerdos y mis bebidas isotónicas.
- Fred. ¿No me digas que no me conoces? Soy Derrota, la nieta de tu buena amiga Cansancio.
- ¿Cansancio?
- ¿Te acuerdas de ella? Siempre te llamaba viejo bobo y te disparaba con su escopeta de perdigones.
- Cansancio... ¿Por qué no lo has dicho antes, niña?
Abrió la puerta y entré en su casa.
- Cierre, Fred. Por favor, cierre.
- ¿Qué pasa, niña?
Una figura con la cara ensangrentada se cernió sobre el porche.
- ¡Cierre!
Fred cerró la puerta con la puerta con llave.
- ¿Dónde está su perro, Fred? Diga que venga y que dispare sus misiles.
Golpes y más golpes. Gritos. Chillidos.
- No hay tal perro, niña. ¿Qué sucedes? Voy a llamar a la policía.
- No - dije -. A la policia, no. ¿Qué podríamos decirles?
- ¿Qué un loco nos está atacando?
- No, por favor.
Pero no me hizo caso. El ruido que hacía mi atacante en el exterior era ensordecedor y Fred tuvo que alzar la voz para hacerse oír.
- Sí, un pirado está golpeando mi puerta. Según parece estaba persiguiendo a Derrota... sí, la nieta de Cansancio... sí... parece que sí... muy guapa, en efecto.
Viejo loco, pensé.
Colgó.
- Ahora envían a alguien.
- ¿A quién?
- A Álex, creo.
- Álex...
- ¿En qué lío te has metido, niña?
- No lo sé.
Los golpes cesaron de repente. Nos miramos. Quizá todo había acabado y no era más que un susto o una broma de mal gusto. Fred me sonrió y abrió los brazos.
- Ya ha pasado todo, niña.
Me acerqué a él. Necesitaba un abrazo y una sonrisa.
Una de las ventanas estalló y una piedra me golpeó en la cabeza. Los vidrios volaron por la estancia y sajaron parte de la cabeza de Fred. Su viejo y amable rostro estalló como un tomate y salpicó de sangre sus fotos de joven, las paredes y mi rostro. Parte de su cabeza se separó y largos mechos de cerebro se deslizaron por su cara como las lágrimas de un joven amante despechado. El cuerpo de Fred cayó al suelo y empezó a morir mientras entre mis temblorosas manos sostenía parte de su cabeza. La acuné entre mis brazos como si fuera una muñeca y caí de rodillas al suelo. Estallé en sollozos. ¿Por qué me estaba pasando todo esto?
El sonido de una sirena de policía rompió la noche.
- ¡Derrota Hawkins! - esa voz que había aprendido a temer y odiar -. Esto no ha acabado aquí. Volveremos a vernos.
Oí unos pasos que se alejaban dejándome sola en medio de un charco de sangre con el cadáver del bueno de Fred y con la sensación de que mi vida se había metamorfoseado en otra cosa y que esta cosa no era una silla.
Un coche frenó en la calle.
- ¡Hola! - dijo una voz que conocía muy bien -. ¿Derrota, estás bien?
Era Álex. Mi buen amigo Álex. El gordito, torpe y gafotas de Álex que solía quedarse los sábados por la noche en mi casa y que me dejaba hacerle trenzas y fingir que era la hermana pequeña que siempre había querido tener. Necesitaba tanto volver a aquellos buenos tiempos. No lo había visto desde mi regreso a Contrades. ¿Por qué? No lo sé. Supongo que una mezcla de vergüenza, pudor y respeto por un pasado que creía perfecto.
Pero el hombre que abrió la puerta de una patada no era el Álex que recordaba. Había dejado de ser el chico tímido al que los profesores llamaban barrilete para convertirse en un apuesto muchacho con espalda de nadador y rasgos duros, pero suaves que recordaban las estatuas que ayudé a restaurar en Grecia.
- ¿Qué ha pasado Derrota? - y una pequeña sonrisa afloró en sus labios.
- No lo sé -. Y era curioso porque a pesar de la sangre y su olor metálico, del miedo,  de los efluvios que habían manchado mis bragas, solo podía pensar si Álex querría seguir siendo mi amigo tras verme tan despeinada.

CONTINUARÁ...

"Susurros" de A.G. Howard

Susurros, A. G. Howard, Oz editorial, 2013

Una descenciente de aquella Alice Liddell que inspiró a Carroll Alicia en el país de las maravillas. Una maldición que afecta a las mujeres de la familia. La amenaza de la locura. El descubrimiento de lo fantástico y volver a descender la madriguera del conejo para enmendar errores. Dos chicos, claro, y muy poco más de cuatrocientas páginas.

Susurros empieza bien. Muy bien. Pese a algún balbuceo amoroso propio del género, las primeras cien páginas están muy bien. Oscuras, terribles y enfermizas. La amenaza de la locura representada en las voces de las flores y los insectos, la desestructurada familia de Alyssa Gardner (por cierto, las mismas iniciales que la autora) y ella misma como una protagonista que en apariencia se sale de los cánones más establecidos (aunque los suspiros por el chico sean los mismos). Son cien páginas que apuntaban hacia una buena novela y que hacían desear el momento en que la protagonista descendiera por la madriguera del conejo y empezara la tournée por un País de las Maravillas revisitado. Se consigue un buen tono de angustia que por momentos la acerca a la narrativa de terror y se consiguen buenos momentos (la visita a la madre en el sanatorio, por ejemplo). Todo parecía emitir buenas señales, pero...

... descendemos por la madriguera del conejo y, sin avisar, nos cambian la novela. De cien páginas oscuras y terribles en el buen sentido de la palabra, llegamos a una novela de aventuras amorosas en un mundo fantástico con la que no he conseguido empatizar y que llegado a ciertas páginas me ha aburrido. ¿Y este cambio por qué? Vayamos por partes.

Aunque el mundillo literario donde nos vamos a mover parece más inspirado en el absurdo exceso de la espantosa película de Tim Burton (que me perdonen los fans) que en el mundo de lógica invertida que creo Carroll, es un escenario que tiene su gracia y contiene alguna idea conseguida (sobre todo el "conejo" y las Hermanas). Es un marco más que correcto para el desarrollo de una intriga resultona repleta de secretos familiares y pruebas que tiene que superar nuestra protagonista. Mucha oscuridad, bastantes pizcas de crueldad, personajes estrafalarios y mucho aire goticista. Entonces, ¿cuál es el problema?

En mi opinión, el problema de Susurros es que acaba dejando en un segundo plano la aventura y la intriga, olvida la oscuridad y crueldad que apuntaban sus primeras páginas para acabar explicando una historia de amor convencional con el consabido y cansino triángulo amoroso. Al final, por muchas pruebas y secretos, la novela se convierte en la simple elección de qué chico es más guay y los grandes dramas de la novela se simplifican a temas tan apasionantes como "mi primer beso", "si antes he besado a X, ¿por qué quiero besar a Y", "dijo que me quería". Y si al menos el triángulo funcionara, el lector tendría donde agarrarse, pero no. La historia entre Alyssa, Jeb y Morfeo no acaba nunca de despegar. ¿Por qué? Creo que por una errónea configuración de personajes.

Alyssa es un personaje que aspiraba a más y el papel de heroina dubitativa entre dos machos no le cae bien. Resulta incómodo ver a la misma chica que supera pruebas y se enfrenta a las Hermanas (sin duda el mejor momento del País de las maravillas y una muestra de lo que tendría que haber sido toda la novela), convertida en la misma que suspira por los besos, duda cada vez que toca pecho masculino o en momento de gran tensión y peligro se pregunta sobre si los sentimientos del chico serán verdad en vez de sobrevivir. Jeb es un personaje plano y bastante estereotipado. Es el chico bueno, el majo, el sanote y al que le puedes pedir que te riegue las plantas de casa si te vas de vacaciones. Eso sí, al menos tiene cierta gracia en el diálogo.

Al menos, no es Morfeo, un personaje que es un ejemplo perfecto de "quiero y no puedo". Se supone que es el malo, el viciosín, la tentanción. Y al final resulta decepcionante ya que acaba resultando indigesto, pesado y, no, lo siento, Morfi, no eres gracioso y se te ve venir a la legua. Gran parte del peso de la novela descansa sobre un personaje que en mi opinión camina cojo, promete mucho más de lo que en verdad es y resulta decepcionante. Y el triángulo entre estos tres personajes acaba siendo el aburrido centro de gravedad de la novela obviando temas muchos más interesantes como la locura que amenaza a la familia de Alyssa, la intriga fantástica en el País de las Maravillas o algunos de los secretos que verán la luz en la novela y donde no me extiendo para no fastidiarle la novela a nadie. Un romance que me parece forzado y postizo. Y cuando este tipo de historias, no puedo dejar de preguntarme, ¿era necesario este triángulo? ¿Es necesario el conflicto amoroso en toda novela? Y de rebote, dar tanta importancia al asunto amoroso provoca que el resto de una historia que prometía interés, no acabe de despegar y por momentos se caiga en páginas aburridas y, en un momento, en el absurdo (el momento monopatín en las dunas).

Resumiendo, Susurros me ha parecido una novela con un principio muy prometedor y una historia que tenía todos los visos de ser interesante que acaba desperdiciando sus mejores bazas a favor de un postizo y fallido argumento amoroso. Lástima, porque tanto historia como autora tenían lo suficiente a favor para conseguir una gran novela.

Otras opiniones
Reading Until Dawn
Perdidas entre páginas

Pequeña crónica de un Sant Jordi soleado

El sacrificio de cuarenta lectores de Nicholas Sparks parece que fue del agrado de los Oscuros Dioses Librescos y el 23 de abril amaneció sin nubes a la vista, con buena temperatura y un espectacular sol que prometía abrazar y tostar a los libreros que nos reunimos un año más en la Plaça de Cal Font para celebrar otro Sant Jordi.
Sant Jordi.
Puto Sant Jordi.

Dibujito de A.
Más cositas de las que hace aquí.

Van ya ocho Sant Jordi como librero. Y empiezan a pasar factura. Ya sé que no son nada comparado con los trece de mi compañera de trabajo, los veintitantos de mi jefe o los treinta y muchos de algún compañero librero, pero, oye, son mis años y me quejo si quiero.

A las seis y media suena el despertador. Despierto incluso antes que los gatos. A. lleva media hora despierta disfrutando de un café con leche en tranquilidad. Estirarme, ir al lavabo, un pipí reconfortante y una larga ducha. Vestirse cómodo y desayuno rápido. A las siete y media ya estamos en la Plaça de Cal Font preparados para montar la parada. Llega la furgoneta, los compeñero y empezamos. Caballete, madera, mesa, cajas, cajas, cajas. Y libros. Muchos libros. Cantidades ingentes de libros. Tantos libros que no caben en las mesas y tenemos que desterrar a algunos. Una parada inmensa e inabarcable. Este año se nos ha ido la pinza. Pero mucho.

Dos horas después de empezar parada montada. Unos para la tienda, otros se quedan. Y un sol inclemente que empieza a tostar al librero. Llegan los primeros clientes, los curiosos y ojeadores.


Y a ritmo creciente y cada vez más demencial será la tónica del día. Gente, preguntas, peticiones, libros, más libros y muchos libros.
¿Hacéis el descuento?
¿Tienes éste o aquél?
¿Dónde están los de cocina?
¿Tenéis un libro de un ciclista que habla con sus tatuajes?
¿Algo de poesía marroquina de lo setenta?
¿Hacéis fotocopias?
¿Una novela gorda dónde no haya que leer mucho?
¿Kafka a la plancha?
El típico libro para alguien que no lee nada.
¿Tenéis este libro en catalán y en tapa dura? ¿Y este en castellano y en bolsillo? ¿No? ¿Y si lo pido lo tendréis para esta tarde?
¿Tienes un libro que es muy famoso? Pues la segunda parte.
Una novela que pasa en Barcelona, o cerca, y sale una chica o varias y les pasan cosas. Lo han dicho esta mañana por la radio. O la tele.
El libro de la portada azul con una chica que mira así. Y reproduce la mirada.
¿Tiene este libro en francés? ¿No? ¡Pero si pasa en Francia!
¿Tienes el libro de Jane Austen?

En general buen rollo, sonrisa, alegría. El sol ayuda y mirar, rebuscar y comprar libros pone de buen humor. Siempre está el capullo que se enfada por no hacerle descuento sobre el descuento, la que se indigna por no tener ese libro en concreto, el que se quiere colar o las dos adolescentes que intentan robar el "libro" del señor Grey. Todo transcurre con buen ritmo, alegría y buen humor. Vale que las visitas de los colegios provocan dolor de cabeza con sus voces agudas hablando y chillando todas a la vez, y que los estudiantes con sus preguntas sobre quién ganó el premio Planeta  incordian un poco (el año que viene me invento los títulos), pero el día pasa de forma agradable.

Hasta que llegan las seis de la tarde. Entonces empieza la fiesta.


Se abren las compuertas y la plaza se llena a reventar. Entonces es cuando empieza de verdad Sant Jordi. Tres horas de agobio continuo, de preguntas y más preguntas, de ir de aquí para allá, de contestar y de empezar con la letanía de "se ha acabado, se ha acabado, se ha acabado". Es cuando eso que cuentan de la experiencia es un grado y el librero que llevo dentro brilla y empiezo a organizar a los compañeros de la parada, a dirigirlos: cobra, allí, atiende, vigila. Y recomendación exprés. La respuesta rápida porque no puedo dedicar más que unos pocos segundos a cada persona que pregunta. Tres o cuatro títulos, sinopsis rápida y confíe en mí. Novela de aventura, thriller, negra, juvenil, realista, romántica, etc. Y de vez en cuando, un gracias por aquel libro que me recomendaste y que tanto me gustó, los tres saludos de Alcalde, las felicitaciones por el santo, el buen humor general, el espectacular sol que me ha dejado brazos, cara y labios quemados y esa joven clienta que sin avisar te salta
- Los libros me gusta comprártelos a ti porque además de vender libros, sabes hablar de libros y me escuchas cuando hablo yo. Y eso es muy bonito".

Algunos conceptos básicos que las personas tienen más o menos interiorizadas, el día de Sant Jordi quedan olvidados y obsoletos. Tratar bien lo que no es tuyo, dejar algo donde lo has encontrado, no revolcarse por encima de los libros, nada de morder o pegar. Y niños. Miles de pequeñas manos toqueteando, tirando, abriendo, lanzando ante la mirada cómplice de padres, madres o abuelos a los que ese día se la pela y bufa que los críos se conviertan en demonios de Tasmania que arrasan la sección infantil de la parada. El librero se desespera y al final se rinde. No se puede poner orden. El caos es el dueño y señor y solo un marine espacial podría intentar poner algo de orden.

Me vas a dejar el Stilton donde lo has encontrado sí o sí.
Te lo dice el librero.

Las nueve y media de la noche. La plaza se va vaciando. Empezamos a quitar etiquetas. Clientes rezagados. Poco a poco vamos desmontando la parada. Los conocidos se detienen a charlar y preguntan los más vendidos. La historia de una derrota, el mismo libro de siempre con diferente título del "escritor" de moda, libros que pontifican sobre la situación actual, algún libro de oh sí nena, sí, novelas históricas sin mucha historia, premios y más premios. Y sin hacer ruido se venden buenas novelas para lectores exigentes, pequeñas joyas, novelas desconocidas, editoriales pequeñas que hacen un gran trabajo, piezas de exquisito humor inglés, maravillosas novelas juveniles y algunos de los títulos preferidos del librero que estaban en la parada por pura cabezonería.





A las once de la noche cuando ya todas las cajas están en la librería, los caballetes y maderas en el almacén y el cuerpo está quejoso y dolorido, últimas palabras y vuelta a casa. Por el camino parar a comprar un par de kebabs para cenar y antes de dormir dos capítulos de Community para desentumecer y relajar el cerebro. A la cama y soñar con clientes, etiquetas, cajas y libros, muchos libros, siempre libros.

"Claudia" de Miriam Dubini

Claudia, Miriam Dubini, Montena, 2013
Claudia, Miriam Dubini, La Galera, 2013

Le llevo algo más de veinte años al público potencial de esta novela. Eso da que pensar.

- El tiempo pasa.
- Te haces viejo.
- No entiendes el peinado de los jóvenes.

No entraba dentro de mis planes lectores leerme las aventuras y desventuras románticas de un grupo de muchachas muy jóvenes correteando por Roma, pero Montena me propuso leer el libro y tras pensarlo, acepté. Pensé que podía ser interesante adentrarme en este tipo de narrativa romántica destinada a un público a partir de once/ doce años y que me permitiría abrir un poco más mi universo lector. Amén de eliminar unos pocos prejuicios. Así que la recibí, la abrí y me la ventilé en una sentada. ¿Y qué tal? Pues, oye, que esta Claudia está muy bien y es una cucada.

Un chico que persigue el viento, una chica con problemas familiares que solo quiere estar sola, una chica nueva, una compañera de clase simpática y luminosa, la ciudad de Roma, misterios, algo de dolor, mucho amor y muchas, muchísimas carreras en bicicleta.

Claudia es una novela que me ha caído muy simpática. El motivo principal es que no oculta ni enmascara lo que es, una novela romántica para jóvenes lectoras, una lectura intrascendente que busca hacer pasar un buen rato, proporcionar unas horas agradables en compañía de unos personajes eficientes y agradables y una trama sencilla, pero efectiva. No da más, pero tampoco, nada menos.

De acuerdo que parte del argumento es precipitado, pero está bien explicado y tiene una serie de personajes bien escritos y definidos. Vale, no son el colmo de la originalidad, pero la novela tampoco busca ese fin, sino presentar unos protagonistas con los que el lector simpatiza y que "caen bien". Un poco de misterio, un mucho de primer amor, la importancia de la amistad y un elemento fantástico que venía insinuado desde las primeras páginas (sólo hay que estar un poco atento) presentado de una forma muy elegante que en mi opinión no chirría con la historia que nos explican.

Porque no estamos ante una novela realista. No nos llamemos a engaños. Es una fabula romántica, una historia de milagros y de fantástico en lo cotidiano. Se puede hablar de desestructuración familiar, de soledad, con ciertos apuntes (superficiales, cierto) de retrato social, pero son apuntes, no es el fondo de la novela. Son elementos que ayudan a dar cierta complejidad a una novela que apuesta por la maravilla, por la fantasía, por la magia. Y esto me ha resultado muy agradable.

Y sí, es cursi. Y tierna. Y se suspira mucho y la novela huele a tonos pastel y nubes esponjosas y en cierto momentos se tiende al empalago, pero para mí, monstruo cínico, ha resultado muy agradable porque en el fondo no deja de ser una historia muy inocente que juega con la inocencia del lector. Para que nos entendamos, y haciendo una comparación algo absurda, Claudia sería un equivalente literario a aquellas películas de los ochenta donde de repente un niño de doce años se hace mayor o un maniquí cobra vida para vivir una gran historia de amor. Si el lector decide jugar y ser cómplice, la historia funciona.

Sin olvidar que es una novela dirigida a un público que empieza a entrar en los temblores de la adolescencia. Se ha criticado su tono infantil, pero es que es el adecuado para su público potencial.

Resumiendo, que la lectura de Claudia me ha resultado muy agradable. Es una novela simpática, no es perfecta (apresuramiento, algo de inconsistencia en algún personaje secundario, etc), pero es muy agradable y bonita en el mejor sentido de la palabra.


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Gracias a Montena por darme la oportunidad de leer las aventuras de Claudia y sus amigas.