Crónica de otro Sant Jordi... y ya van unos cuantos

Han pasado tres días desde que acabó el día de Sant Jordi y ya me veo capacitado para consignar un año más lo que allí acaeció y las cosas maravillosas que ocurrieron. Ha sido un año de sol, sudor, gente, palabras, cuatro litros y medio de agua y sangre (me hice una rascadita de esas pequeñas que no son ná, pero cómo duelen las condenadas que se te queda el dedo así como aaaaaaaah).

Esta historia empezó como empiezan algunas historias, con un tipo despertándose.
Y sí, ya sé que se trata de uno de esos clichés horrorosos de la literatura; el tipo que se despierta y relata un día de su vida que lo será todo y habla de lo que desayuna y todo eso, pero es que nadie dice que la vida esté libre de clichés y, leñe, es que el día de Sant Jordi empezó cuando me desperté que la noche de antes me fui a dormir antes de las doce. Y es mi historia y la explico como quiero. Con casinos y furcias.

Así que suena el despertador a las seis y media de la mañana.
Para un librero que tiene que montar un parada de libros bastante tarde. Sé de algunos libreros que a las cinco y media ya están poniendo libros en la plaza de su pueblo, pero, en serio, no es necesario. Suena el despertador. Abro los ojos. Aparto a los gatos de encima y al lado y voy a hacer el tradicional pipí de Sant Jordi. Por el camino tropezamos como dos barcos con Niño Lobo que ya ha dejado de se Niño para ser PrePuber, pero es demasiado largo. Nos cruzamos; él con su olor a almizcle de adulto que se está formando, yo con mi primer olor a muerte y podredumbre al haber cruzado ya la mitad de mi vida.

Sant Jordi no me pone especialmente optimista.

Ducha rápida de esas sin pasión ni deseo y solo con ganas de meterse otra vez en el colchón del suelo, vestirse cómodo y un desayuno a base de té con leche y tostadas. Me quedan diez minutos antes de irme así que leo un poco. El beso del traidor de Erin Beaty. Bien. Ya hablaré de ella otro día porque ahora toca ir a la plaza.

La plaza.

Plaça de Cal Font, donde se ponen las paradas de Sant Jordi.
La foto es de hace unos años, pero sirve para haceros una idea.
La flecha indica donde se pone este sexi librero de huesos anchos.
El sofisticado diseño es mío. Soy más apañado que una jarrilla de lata.

Ocho menos cuarto y empezamos a descargar la furgoneta. Las mesas, los caballetes, las cajas llenas de libros. Por primera vez en muchos años la propuesta de llevar menos libros parece que se ha cumplido. Y venga, a poner caballetes, la tela, a abrir cajas y a ver dónde y cómo coño pongo todo esto. Porque que hayamos traído pocos libros no quiere decir que haya pocos libros. Esta año cerca dos mil ochocientos ejemplares. Repito, 2800 ejemplares. Lo dicho, menos que otros años y mucho menos que aquella jornada de infausto recuerdo donde, cual juego de la verdad en una mansión abandonada, se nos fue de las manos y aparecieron cerca de cinco mil libros que no cabían.

El día acompaña pese a los habituales agoreros que sobrevuelan el montaje de las paradas con su clásico "no sé si el tiempo aguantará" o "esas nubes me parecen que llevan lluvia". Hará buen tiempo, el sol pegará fuerte y volverá a dejarme un saludable color crustáceo deseable en la cara y los brazos. A las nueves y media, sobre el tiempo previsto, la parada está montada.


Y empieza el espectáculo.
Las primeras ventas. Un libro sobre el procés y uno de cocina baja en grasa.
Al ser laborable, la plaza se ve inundada de colegios.
A ver las paradas. Y estos colegios se dividen entre los que no tocan, preguntan, miran los cuentos con cuidado y mimo y los otros, los que liberan a los críos de las correas y se abalanzan sobre los ejemplares como cerdos sobre el cadáver de un soplón. A eso se añade los clientes que buscan, preguntan, miran, piden consejo y compran. Y grupos de cuatro o cinco adolescentes que armados con libreta y bolígrafo hacen un trabajo sobre los que más se vende en Sant Jordi y tienen la misión de preguntar a los libreros y... no es buena idea, en serio. Llega un momento en que el librero está muy liado con cincuenta personas personas queriendo preguntar y comprar como para atender a los que solo quieren saber cuál es el libro más vendido o son incapaces de apuntar solos un título. Y, claro, dices que ahora no puedes atender y te responden con un "puto gordo cabrón de mierda" y, claro, no puedes arrancarles la cabeza porque estás ocupado y eso se queda dentro como una astilla y...

Llega el primer gran momento de la jornada.
Una niña de unos nueve o diez años de ojos enormes y sonrisa malvada.
- Hola, ¿me das un libro gratis?
- ¿Por qué te tendría que dar un libro gratis? Si tú me das un billete, te doy uno.
- Es que mi abuela se ha muerto hace poco y estoy muy triste.
- ¿Tu abuela ha muerto?
- Sí, y estoy muy triste y me tienes que dar un libro.
- ¿Estás utilizando la muerte de tu abuela para sacarme un libro?
- Sí.
- Eso es muy miserable. Eres una persona horrible.
- ¿Pero me das el libro?
- No.
- Put...
Imagináis el resto.

¡No ves que estoy triste gordo de mierda! Dame el puto libro o te pasará lo mismo que a mi abuela.

Pasa la mañana y vamos bien. Tres a la librería, cuatro nos quedamos en parada. Buena afluencia de gente hasta que llaman de tienda y piden que alguien vaya. El caos. Nos quedamos tres atendiendo y empieza la afluencia de gente. Pero lo controlamos.
Más o menos.
Llega el mediodía y se va. Un bocadillo mal comido mientras atiendo y busco libros.
A las cinco de la tarde llegan los refuerzos y el trabajo se multiplica por un millón.
Normal.
Soy el único que sabe dónde están las cosas y el que resuelve todas las dudas.
Sí.
No.
En la tienda.
¿Qué parte?
Dos.
Más a la izquierda.
Se ha acabado.
El amarillo.
¿Cuál de ellos?
No lo conozco.
Una estaca en el corazón.
Aquel de allí.
Se ha acabado.
Estaba por aquí.
Un buen thriller.
Para novelón, éste.
Te los vas a tragar.
Te juro que te pagaré.
Sí.
Más allá.
¿Cuánto era?
¿Dónde está el tpb?

Preguntan por el libro más vendido, una recomendación para alguien que odia leer, si puedo utilizar mi pinganillo para decirle a los de la librería que lleven a la parada un libro que cree que tienen allí, la amiga de una de las libreras pide por whatsapp que le pasemos fotos de todos los libros que tenemos en la parada para poder elegir uno para su novio...

- ¿Y esto no lo tenéis en tapa dura?
- No lo hacen.
- Pero es que esto no es un libro.
- Sí, es cartoné. Tapa blanda, pero es un libro.
- Esto es un catálogo. Es que mi nieto tiene todos los libros en tapa dura y quería éste, pero lo quiere en libro de verdad, no en esta tapa que debe ser catálogo o bolsillo.
- Señora, no lo hacen. No hacen todos los libros en tapa dura.
- Eso no lo sabes.
- Sí que lo sé.
- Mi nieto los tiene todos en tapa dura. ¿En la tienda lo tendrán?
- No, porque no lo han hecho.
- Porque no lo quieres vender... esto no es un libro.


El señor que me planta delante una lista de libros y me pregunta si tenemos La educación sentimental.
- No, lo siento, no lo tenemos. No hemos traído clásicos.
- No es un clásico.
- Es una novela del siglo XIX. Es un clásico.
- La traducción es nueva.
- Pero el libro es clásico.
- Es un libro de una gran modernez técnica.
- Ahora no podemos ponernos a discutir de literatura.
- Pero, ¿lo tienes?

Alguien que pide cualquier mierda para alguien que no se leerá el libro.
No digo qué le di porque no quiero tener problemas con el autor. Aunque él sabe que la novela que ha escrito es pura basura.

Una chica busca algo parecido a Hombre rico, hombre pobre.
Me hago ilusiones de que Falconetti ha vuelto.
Luego resulta que busca algo parecido a Padre rico, padre pobre.
Pero el rato en que estuvimos pensando qué se podría parecer al culebrón ese fue divertido.

Este es Falconetti.
Si no sabéis quién es es que sois demasiado jóvenes y os odio.

La tarde es una locura.
Hacía años que no se trabajaba tanto y a niveles de agobio tan altos. No sé qué ha pasado. No sé si es el tiempo, la situación política, el agua, las bajas presiones, los sacrificios de malos autores que hice el día anterior, mis bailes desnudo en la fuente de los Ancestros, pero hay muchas más gente que en años anteriores. En la plaza está siendo una locura.

Mientras tanto en la librería...


A partir de las nueve de la noche empezamos a recoger. Quitar etiquetas de los libros de reposición y empezar a montar cajas. A las nueve y media, sin excusas. Ya es tarde. Se hace de noche y quien no ha comprado ya, no se lo merece. Viene la furgoneta y a cargar. Llevamos los libros a la librería. Aquello es un campo de batalla. El desorden es horroroso y la compañera librera ha hecho lo que ha podido para poner un poco de orden.
Entre una cosa y otra, acabamos a las diez y media.
Para mí han sido quince horas de no parar.
Agotado. Me espera en casa un kebab. Solo sueño con quitarme los zapatos, beber mucha más agua y olvidarme que al día siguiente tengo que volver para deshacer los libros que hemos llevado y empezar a plantear las primeras devoluciones.

¿Y cuáles han sido los libros más vendidos?
¿De verdad importa?
¿Qué libros recomendé?
Eso ya me gusta más. Entre otros...





¿Conclusión de la jornada?
Muy positiva. Agotadora. Hacía años que no vivía un Sant Jordi tan intenso.
La gente en la parada muy bien. Edades muy distintas, pero todos contribuyendo.
Nada dramático excepto el tipo que me agarró del brazo para que lo atendiera y me habló de muy malos modos.
Pero se resolvió sin problemas.
Sin ningún problema.


Películas que me gustan. Volumen 1

Hoy toca películas.
Porque sí.

Por un breve segundo iba a titular esta entrada como "Mis películas favoritas", pero enseguida he recordado que no tengo películas favoritas. Cuando alguien me pregunta cuáles son mis diez películas preferidas nunca sé qué contestar. Puedo decir tres o cuatro con seguridad, pero el resto, no. Van cambiando conforme voy viendo más cine y el número de películas que me gustan crece año tras año.
Tampoco tengo un motivo claro por lo que una película me gusta. Puede ser por estética, por conexiones emocionales, porque me hace reír, porque salen monstruos gigantes y rompen cosas...


Lo que sí puedo decir con seguridad es que tengo una película favorita y ésta se ha mantenido arriba del todo durante muchos años. ¿Cuál? Pues el cartel, la inmensa e infinita obra maestra que Jacques Tourneaur rodó en 1947, Retorno al pasado.

Ya hablé de esta película en mi otro blog, pero podría hablar de ella cada día y no me cansaría. Vosotros seguramente sí y acabaríamos enviando a un sicario para que me callara. Para mí es perfecta. Puro cine negro que es lo mismo que decir puro cine.

Narración compleja, violencia, ambigüedad moral, engaños, una de las protagonistas de género negro más hermosas y más malas que se han visto en la pantalla, Kathie Moffat, interepretada por Jane Greer. Mentirosa, manipuladora, lianta, estratega, pero a la que solo se la puede adorar.


Sale Robert Mitchum.
No hace falta más para que una película valga la pena ver.
Sale Kirk Douglas haciendo eso que le sale tan bien, el cabrón cínico.
Y muchas sombras y pocas luces. De esas películas que, como decía Robert Mitchum, estaban iluminadas con cerillas.


La veo un par de veces al año y no me cansa.

Mis sentimientos hacia Jason Voorhes es de amor profundo.
Solo he visto nueve de las doce películas dedicadas al personaje, y no me siento bien porque noto que le estoy fallando. Pero le hice una promesa a mi buen, pero insoportable amigo Jordi de que las veríamos juntos y ésta es la única promesa que cumpliré.
Es difícil explicar lo bien que lo he pasado viendo la serie de Viernes 13 (en orden), lo que he llegado a reírme y disfrutar. Da igual si esa parte en concreto fuera infecta, torpe o insoportable, el resultado final era de haber pasado una hora y media geniales. ¿Mis preferidas? La segunda parte, la cuarta es horrenda, absurda, y llena de escenas insoportables, pero es una con las que más me he reído

Y Viernes 13, parte VI. Jason vive.


Tras cinco películas, el personaje necesitaba una nueva visión. Y el director y guionista Tom McLoughlin lo entendió a la perfección. Jason vuelve convertido en una criatura inmortal imposible de detener, grandes dosis de humor, pero sin que se coma la película ni convierta a Jason en una parodia, muchas muertes (que es para lo que hemos venido al cine) imaginativas, divertidas, sangrientas. Por primera vez en la saga en el campamento hay niños y los monitores son bastante responsables. Pese al humor, la amenaza de Jason es real.

Mi momento de la película es aquel en el que una pareja que conduce por el bosque se encuentran con Jason en mitad de la carretera y deciden qué hacer en función de lo que han visto en las películas de terror. Humor, referencialidad, consciencia de qué tipo de cine se está haciendo y Jason en su inmensidad haciendo estropicios.

Señor, adoro el slasher.
Pero de esto hablaremos otro día.


Cine de mi infancia.
Tuve la inmensa suerte de ser de la generación que vivió la explosión del video club y de crecer en una casa donde me dejaban verlo todo. Y este todo iba desde películas de chinos (como las llamábamos) dándose tortas, a las películas de Joselito o Manolo Escobar, telefilmes de terror que se vendían como estrenos cinematográficos, el Duo Dinámico (las he visto todas), spaguetti wester, cine negro francés, melodramas, cine quinqui, todo el cine de acción americano de los ochenta, comedia italiana con Adriano Celentano y mucha película de aquella época conocida como "destape".
Mucha.
El erótico enmascarado, Lo verde empieza en los Pirineros, Polvos mágicos, etc.
Vi de todo. Ya sea en casa, en casa de los abuelos de un amigo o a escondidas. Todo esto hizo que creciera un amor por todo tipo de cine y me enfrentara a las películas sin prejuicios y siempre con ganas de sorpresa y maravilla (excepto una época oscura a mis veinte años... un día hablaremos de esto y de como Parque Jurásico III me salvó).
Y, claro, toda la serie de películas de Andrés Pajares y Fernando Esteso.
De todas ellas una de mis favoritas era ésta Yo hice a Roque III, dirigida por Mariano Ozores. La he vuelto a ver hace poco y, dejando a un lado las concesiones al destape de la época y etc., me he encontrado con una más que buena comedia y una gran parodia de la saga Rocky. Buenos diálogos, de las mejores direcciones de Mariano Ozores (el combate final, por ejemplo) y un buen puñado de escenas y gags cómicos. ¿Mi favorito? La famosa escena de la bascula; escena donde se dan la mano el humor absurdo de Miguel Mihura y los hermanos Marx.


Por cierto, se tendría que hacer un estudio de la influencia de Mariano Ozores en la comedia americana. La verdad, no veo muchas diferencias entre estas dos.


A lo mejor hasta me pongo yo a ello.

La leyenda de la mansión del infierno.
Tras un rimbombante título se esconde una de las películas más hermosas que recuerdo. Hace mucho tiempo que no la veo. Demasiado. Nos deberíamos remontar a una emisión en La2 dentro del ciclo de terror que presentaba Chicho Ibáñez Serrador.

Vi una película hermosa. Inquietante, arrebatadora, llena de ángulos imposibles y con cada avance, más mal rollo y más belleza. A partir de aquí fue cuando descubrí que existía un tipo llamado Richard Matheson que escribía guiones para cine y televisión, novelas y cuentos y el resto es historia.


Propina.
Tres películas que detesto.


Mis peores experiencias en el cine.
Las ínfulas de quien se cree artista.
Como dijo un tipo muy sabio al salir de un cine.

Donde hablo de unas pocas recomendaciones para este Sant Jordi por si alguien no tiene ni idea qué comprar, leer o regalar

Muchas personas...
¿Muchas?
Bueno, bastantes.
¿Y esas son?
Una cuantas.
¿Pero unas cuantas o bastantes?
Pues...
Un número, solo queremos un número.
Nadie, nadie me lo ha pedido, ¿vale?
Vale, solo queríamos dejarlo claro.

Pues eso, respira, respira... nadie me ha pedido una lista de recomendaciones para este próximo Sant Jordi que se aproxima cual jinete apocalíptico dejando tras de si un reguero de sangre e inocentes llorosos. Pero me apetecía. Y de forma humilde, pero jactanciosa, dejo una serie de títulos que me parecen interesantes y que sería una lástima que pasaran desapercibidos entre tanto título inflado de publicidad, pero vacío de contenidos.

Nefando y Mandíbula de Mónica Ojeda, editorial Candaya

Ni fáciles, ni complacientes, ni cómodas, pero poseedoras de una intensa fuerza literaria y una contundencia estilística y argumental sin discusión. 

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, 
Becky Chambers, Insólita editorial, trad. Alexander Páez

Deliciosa space-opera con gran ritmo y mejores personajes. Divertida, optimista y con un enorme sentido de la maravilla y de la aventura.

A ver cómo te lo explico. El feminismo explicado a las mujeres de Ramiro Vivó Huevo

Por fin una voz masculina y sabia explica a las mujeres qué es eso de ser feminista, las distinciones entre feminismo bueno y feminismo del otro y como combinar ser feminista con ser una mujer de verdad. Lo recomiendo de forma entusiasta porque el autor se ha llevado mis películas de John Carpenter y las necesito de vuelta.

Refugio, Terry Tempest Williams, errata naturae, trad. Regina López Muñoz

Lo que empieza siendo un libro sobre un desastre ecológico acaba siendo una historia sobre la familia, la enfermedad, la muerte y el renacimiento. Una preciosidad de libro.

Deja que te cuente, Shirley Jackson, Minuscula, trad. Paula Kuffer

Es un libro de cuentos y ensayos inéditos de Shirley Jackson.
¿Es necesario añadir algo más?
Estamos hablando de una de las mejores escritoras del siglo XX y autora de uno de los mejores cuentos de la historia, de la mejor novela de casas encantadas y de una obra maestra por la que me pego en los patios de los colegios como es Siempre hemos vivido en el castillo. Que ahora nos llegue este puñado de relatos y ensayos inéditos es un regalo que no nos merecemos, pero que celebramos con sacrificios de malos escritores y bailes nocturnos en pelotas.

El calçotets del llop de Wilfrid Lupano, Mayana Itoïz y Paul Cauuet

Divertidísimo álbum ilustrado con mucha más mala leche de lo que puede parecer en un principio. La amenaza de un lobo, la desaparición de tres cerdos y una economía local basada en el miedo.

El caso de la contorsionista yeyé de Justo Pantaleón

Primer caso del detective filatelico Pedro Pasías. Trepidante, adictiva y demasiado violenta. Aunque le sobran setecientas páginas y hay un exceso de sospechosos y de recetas de tiramisú es una de mis apuestas para este Sant Jordi y una de las novela que más me han gustado esta temporada. Será porque la leí con fiebre.

Pájaros en la boca y otros cuentos de Samanta Schweblin, Literatura Random House

Brillante antología de relatos de una autora muy interesante.
La crueldad y la poesía. El humor descarnado. La realidad filtrada por lo fantástico.

Silverville, Victoria Álvarez, Nocturna ediciones

A ver, que no la he leído todavía, pero Victoria Álvarez tiene toda mi confianza.
Además, es un western.

Una temporada salvaje, Joe R: Lansdale, Siruela, trad. Miguel Rosa

Algo sencillo que, por supuesto, se complica sobremanera. Si no, no sería divertido.
Un thriller violento lleno de humor negrísimo y mucha mala leche.
Como el día de Sant Jordi o la semana antes de empezar el cole, vamos.

Lucy, Jamaica Kincaid, Les Hores editorial, trad. Carme Geronès

Ya he hablado de esta maravillosa novela en mi anterior entrada, pero no está mal repetirlo por si hay algún despistado. Raza, género, inmigración, maternidad, clase... de todo esto y más siempre bajo la mirada nada inocente de una fascinante narradora.


Un legionario para el pecado, Claudia del Moral

¿Viajes en el tiempo, romanos buenorros que deshidratan con la mirada, sexo salvaje en el muro de Adriano, palomas vengativas? Sí, por fin nuestra plegarias se han escuchado y se ha reeditado una de las primeras y más buscadas novelas de Claudia del Moral. Cuando la diosa de la novela romántica ha anunciado su triunfal regreso cual Cleopatra entrando en Roma, es un buen momento para recuperar esta novela (primera de las setenta que consta la serie de Pasiones a la romana). Una novela inolvidable que permanecerá en la memoria porque, como dice un momento el protagonista Maximus Enormus, cuando dos genitales llenos de pasión están destinados a ahogarse en sus ríos, ni todo el poder de Roma podrá detenerlos.

Negorith, Iván Ledesma, Bridge

Una de las novelas con las que mejor me lo he pasado, esta oscura fantasía urbana de Iván Ledesma es de lo más interesante en literatura juvenil que podemos encontrar en las librerías. Si llego a leer con catorce años esta mezcla Stephen King, Clive Barker, Buffy, Gaiman, mi mundo hubiera explotado. Y aunque se pueden rastrear las influencia de Ledesma, no pierde ni un ápice de personalidad. Ágil y muy rápida.

Supergirl, fuera de lo común, de Mariko Tamaki y Joëlle Jones, ed. ECC

Desde siempre, debilidad por Supergirl. Y esta visión del origen del personaje es una maravilla. El sentirse diferente, incapaz de comunicarse, miedos que no se pueden explicar... vamos, la adolescencia. Sin olvidar el elemento heróico. Un personaje rico y complejo rodeado de unos secundarios excelentemente escritos y con un dibujo fresco, innovador y fascinante.

Alan Smithee NO salvó el mundo, Sergi Álvarez, Orciny Press

No estoy muy seguro de si ese tipejo llamado Alan Smithee merece estar en esta lista, pero Sergi Álvarez sí por aguantarlo. Una historia real de como Alan Smithee no salvó el mundo que se puede leer como una crónica apocalíptica, una novela de humor o una sofisticada sátira y reflexión sobre los límites entre homenaje y plagio, la tan cacareada falta de originalidad de la ficción de género contemporánea o sencillamente una tontá.
Sea como sea, pasé un rato genial leyendo esta trepidante aventura.

Tots els contes, Katherine Mansfield, Proa, trad. Pep Julià, Anna Llisterri i Marta Pera

Todos los cuentos de Katherine Mansfield. 
Todos.
¿En serio es necesario añadir más?

Dungeons & dragons 5a edición, Edge

El juego de rol de toda la vida vuelve a lo grande. Mejorado, más sencillo y más rápido. Lo poco que llevo jugado con el sistema y tiene todo mi favor.
¿Qué no jugáis a rol? ¿Y a qué estáis esperando?

Fantasma, Laura Lee Bahr, Orciny Press, trad. Hugo Camacho

Han pasado meses y la leí el año pasado, pero sigue siendo de lo mejor que he leído este año.
Evasiva, difícil, compleja, divertida, tierna, cruel, hermosa.
Un rompecabezas al que le falta un par de piezas y dos de las que tienen son de otro juego.

Visceras y sensibilidad, Jorge Jiménez del Moral

El thriller sobrenatural de la temporada.
Una multitud de escritores, influencers, youtubers y lectores en general aparecen muertos por todo el mundo de las más diversas formas, pero con el factor común de libros incrustados por los orificios.
Aparece una novela inédita de Jane Austen; una violenta fantasía gore de educados caníbales en Bath.
La tumba de Jane Austen en la catedral de Winchester aparece profanada.
¿Casualidades? No, el zombi de Jane Austen ha salido de su tumba y vaga por el mundo gracia a sus poderes de teletransportación para eliminar a todos aquellos que han hecho uso o mala lectura de su obra. Solo un descendiente de Mark Twain, una imitadora de Elisabeth Bennet de las Vegas y un simpático mono robot podrán detenerla.

En serio, lo mejor del año.
Me sabe mal por Orciny Press porque se han perdido la novela bizarra de la década.

Y lo dejo aquí.
No están todos los que quería, pero es lo que hay. La nena se ha despertado de la siesta y hay prioridades. Si puedo, edito y añado más.
Sed felices esta diada de Sant Jordi y permitios muchos caprichos.
Y si pasáis por la plaça de Cal Font de Igualada, buscadme en una de las paradas y traedme un zumito o algo para comer. Seré el librero tó grande y sexi.

Donde aparece una serie de ¿reseñas? breves sobre lo que he leído últimamente porque no tengo tiempo, entre la niña, los gatos, Forastera...

Pues eso, lo que dice el título de esta entrada, que entre la tercera temporada de Forastera, los maratones que me meto de Bubble Guppies o la Patrulla Canina, los preparativos de Sant Jordi y que prefiero ocupar el poco tiempo libre que tengo en ir al cine o en leer que a escribir, que no encuentro dos horas seguidas para ponerme y hacer una reseña de un libro en profundidad.

Ahora mismo, mientras me escribo estoy, estoy sentado incómodo en el sofá. A un lado tengo a la nena, al otro al gato, delante unos niños sirena que van a comprar a un supermercado y detrás el respaldo del sofá. A veces hay alguna variación de esto y no hay gato, o delante tengo a una cerdita y a su hermano envueltos en una absurda aventura sin conflicto, pero extrañamente efectiva, y no estoy escribiendo si no leyendo. Es toda una experiencia leer una historia de horror cósmico oyendo a voces infantiles vivir experiencias animadas.


 Mis nuevos compañeros de lectura y escritura.

Y sí, a veces para poder leer o escribir le pongo dibujos a la niña. No me juzguéis.

También leo por la noche, pero casi que no cuenta. Acabo dormido antes de acabar las veintes páginas. Así que sí, triste de mí, mis días de fiero lector de cuatro horas seguidas se han acabado hasta que la nena crezca, se haga adolescente, pase de mí y se encierre en su cuarto. Ains...

Pero leer, leo.
Y ahora quiero hacer un breve repaso a lo que he leído estos últimos días con la promesa de volver a alguna de estas novelas para hacerle la reseña / comentario que se merece. Pero, bueno, ya lo sabéis. Tampoco soy un tipo que pasará a la historia por cumplir sus promesas.

El problema de los tres cuerpos de Cixin Liu, editada por Nova y traducida por Javier Altayó. Buena novela de encuentros que no pude disfrutar como se merecía por dos motivos.

Paso totalmente de explicar argumento. Va sobre contacto extraterrestre.

Uno, el problema que tengo con la ciencia ficción hard o con una gran parte de contenido científico. Me pierdo. Fallo mío, por supuesto. No tengo base científica y hay páginas en las que sencillamente no entiendo de lo que están hablando. Y El problema... no es muy exigente en ese sentido, pero para mí es suficiente. No quiero ni pensar lo que debe ser leerse una de esas novelas en las que se necesita un doctorado en física cuántica para seguir el argumento.

Dos, el destripe. No tenía pensado leer la novela, pero un representante que vino a la librería me habló muy entusiasmado de ella y pensé que sería interesante. ¿Problema? Con lo poco que me contó, nada, cuatro frases, me había explicado toda la novela. TODA. Conflicto y desenlace. Y aunque no creo que conocer el argumento de una novela condiciones el disfrute de su lectura, en este caso, por la propia estructura de la novela en sus giros y revelaciones, conocer hacia donde conducía la trama hizo que disfrutara de una lectura menos intensa.

Por lo demás, bien. Como he dicho, una buena novela de encuentros con algunas ideas realmente interesantes y momentos de mucha brillantez. Los problemas que plantea, las imágenes (ese ordenador humano), la resolución de algunos conflictos... Y lo interesante y refrescante que es una novela de ciencia ficción desde una perspectiva ni europea ni americana siendo la mirada sociológica, histórica y política china la que define el encuentro.

De una novela de ciencia ficción hard, pero muy accesible, a una ligereza con encanto. Tocar las estrellas de Katie Khan, publicada por Montena y traducida por Gemma Rovira.

Chica y chico a la deriva en el espacio con solo noventa minutos de oxígeno. Y por esto decidí leer la novela y ver qué pasaba. Hacía mucho que no leía nada de juvenil. Quedé muy saturado por encontrarme casi siempre el mismo tipo de novelas (o drama, o chicos malos o "distopías" y casi siempre la expresión "chico guapo" en la contraportada y, la verdad, decidí tomarme un descanso de más de dos años), pero en los últimos tiempos he decidido volver y ver cómo ha evolucionado un tipo de literatura, tan amplio que no se puede hablar de género, al que le he dedicado tantas horas de mi vida.

La novela es sencilla y agradable. Por un lado, esos noventa minutos y la supervivencia de dos personas perdidas en la inmensidad del espacio. Por otro, los recuerdos de ambos y la evolución de su historia. No tira de drama ni de excesos de azúcar. Se agradecen dos personajes imperfectos que suelen equivocarse y que la historia se base en la evolución de éstos. Seguramente la olvidaré antes de que acabe el año, pero ha sido una lectura grata. Y su pirueta final (que no desvelo) hace que la aprecie más por el valor que le pone la autora para acabar así.

Ha sido bueno volver.
¿Alguna recomendación de lo que me he perdido estos años?

Y fantasía, claro.
Blackwing, primera novela Ed McDonald publicada por Minotauro y traducida por María José Díaz Pérez.

Muy bien. 
Paso de hacer cualquier apunte de argumento porque son demasiadas cosas. Lo encontraréis aquí.
Me lo he pasado en grande con esta novela. Le cuesta un poco arrancar, pero cuando lo hace no para. Sus primeras cien páginas pecan un poco de discursivas y de explicar demasiado un mundo; algo que choca con esa primera persona narradora porque explica con detalle algo que el personaje ya conoce y tiene interiorizado. Pero no pasa nada. Peccata minuta

La novela acaba siendo un disfrute importante. Una vez superado ese pequeño escollo de ritmo, la novela encuentra su tono y acaba proporcionando una más que correcta historia de fantasía oscura. La comparación con Anderson y Abercrombie que hay en la portada quizá viene un poco grande, pero creo que es un escritor que puede proporcionar bastantes alegrías. De momento me ha dado unas horas muy entretenidas y divertidas.

Y creo que tiene un mundo fantástico donde ambientar una partida de rol.

He leído más, claro, pero los comentarios sobre esas lecturas los dejaré para otro momento. Solo un apunte más.

Lucy, Jamaica Kincaid, Les hores Editorial, traducción de Carme Geronès
La edición en castellano es de Txalaparta.

Una absoluta preciosidad. 
Una reflexión sobre el género, la raza, la inmigración, la compleja relación entre madres e hijas, etc. Las peripecias de la joven Lucy como niñera de una familia acomodada de Nueva York y los numerosos contrastes y malentendidos que se producen. Una novela breve y directa que tras una historia en apariencia sencilla, esconde mucha sátira, drama y veneno. La mirada nunca inocente de Lucy disecciona los diferentes universos donde se mueve y se convierte en la historia de una mujer que quiere, busca y consigue su propia voz.
Apasionante.

Donde hablo de Agentes de Dreamland y lo mucho que me ha gustado y de como todo lo tentacular e inefable me es afín

Cada vez estoy más convencido de que lo mejor en el momento de leer una nueva novela es no saber nada de ella. Ni reseñas, ni leer la contraportada, ni ningún tipo de información. La sensación de maravilla es mejor y se evitan las expectativas, que ya se sabe que las carga el diablo.

Así que si entre tus planes está leer en algún momento Agentes de Dreamland, pero prefieres no saber nada de ella y entrar con el sentido de la sorpresa intacto, mejor que dejes de leer

AHORA

No me lo tomaré como algo persona, amable lector.
Nos vemos en la próxima entrada.

Bueno, ahora que solo estamos los íntimos, los que les da igual saber cosas de las novelas y los que ya han leído Agentes de Dreamland, empezamos.

Agentes de Dreamland, ed. Runas, traducción de 

Un agente especial y una extraña mujer intercambian información.
Una secta que está esperando el advenimiento de algo.
Una sonda planetaria que se pierde en el espacio.
Algo se acerca.

Agentes de Dreamland es una breve e intensa novela de ciencia ficción y horror cósmico que pone en contexto contemporáneo la mitología y el universo lovecraftiano. Y lo hace con personalidad, sin renunciar al estilo propio de Kiernan (seco, eliptico, contenido), con respeto a la tradición, pero sin convertir la novela en un pastiche lovecraftiano de tópicos y lugares comunes a pesar de encontrarse libros malditos, desierto y criaturas imposibles de describir.

Una novela de narración fría y distante repleta de silencio y lugares vacíos que el lector debe rellenar... si se atreve. Y con una narración desordenada; un puzzle donde el salto temporal y de narrador obliga al lector a recomponer la historia y rellenar todo aquello que no se explica. Y, claro, la imaginación puede ir más allá... y ya sabemos qué nos aguarda más allá.

El estilo de Kiernan es rico, poderoso en imágenes y, a la vez, seco, duro. Consigue a fuerza de personalidad convertir una historia con los elementos lovecraftianos de siempre en algo nuevo, fuerte y original.

E Inmaculata merecería una novela para ella sola.


El horror cósmico, tentacular, viscoso, innombrable y eónico me es muy afín.  No consideraré a Lovecraft como uno de mis escritores favoritos, pero su universo y monstruos es uno de los que más me han influenciado para todo lo bueno y lo malo. Me divierte mucho leer las aproximaciones que se han hecho tanto serias como paródicas o el más puro refrito y pastiche. Es como el western o la comedia de instituto, me lo suelo tragar todo y voy a ello vendido.

Y sí, soy de esos que cuando leen El horror de Dunwich, Dagon o cualquier cuento de fuerzas innombrables que amenazan nuestra cordura y nuestro mundo, quieren que ganen los monstruos. Que Chtullhu nos devore a todos y que la indiferencia de aquellos que están más allá de cualquier descripción nos haga desaparecer.

Otras opiniones sobre el libro
Donde termina el infinito
El Kraken
El caballero del árbol sonriente

Entrevista a la autora
El ojo de Uk a propósito de la publicación de La chica ahogada, ed. Valdemar.

Donde recupero una vieja entrada de otro blog donde hablo de cómo empecé en esto del rol y lo bien que me lo he pasado con ello, oye

De cómo empecé en esto del rol. Parte 1 de 3
Entrada originalmente publicada en el blog Mil matices de gris. Hay algunos cambios. Poco significativos, la verdad. Pero aprovecho para corregir alguna falta de ortografía y poner alguna nueva.

Era un lunes normal de partida. Los muñequitos estaban encima de la mesa esperando morir, las patatas en el bol, Alcalde y Juan abrazando su cerveza, Enric haciendo sus sumas de modificadores y recordando aquellos dos veinte seguidos cuando su personaje visitó un burdel, A. dibujando su personaje (que varía siempre entre un reparte hostias como panes y un pequeñajo ladronzuelo). Yo con mis tonterías y quitándome las medias y el corsé. En eso Juanjo sacó la cabeza de detrás de la pantalla del máster y dijo con voz poderosa y pose de esas épicas que hacen que lancemos un "ooooooh" admirado

- ¡Nenes! Que este año se cumplen ocho años de La partida del lunes.

Y, claro, nos vinimos arriba.


Pero, ¿qué es La partida del lunes se preguntará alguno?
Pues un grupito de gente maja de edades comprendidas entre "no te importa" y "lo preguntas otra vez y sabrás lo que es tener un pie dentro del culo" que se reúne cada lunes para jugar al rol.
¿Qué es el rol?
Es un juego de imaginación / cooperación / risas / erotismo que tiene múltiples sistemas, pero que reduciéndolo mucho consiste en vivir aventuras interpretando a un personaje y tirando dados.
¿Pero eso del rol no es eso de pirados que matan indigentes porque se lo dice unos elfos?
Anda y vete a la mierda.
Nosotros a los elfos no les hacemos caso.

El anuncio de los ocho años provocó diferentes reacciones.

- ¡Ocho años ya!
- ¡Cómo pasa el tiempo!
- Tú pasa la cerveza que te la quedas mucho rato.
- ¿Este dado es mío?
- Que Jorge no dibuje ningún río.
- Habrá que hacer una cena, digo.
- O comida.
- Que haya cerveza.
- Y una camiseta de la partida, Ali.
- Sí, ya, si ya lo pienso.
- ¿Y a Jorge qué le pasa?
- Está muy callado.
- ¿Tú sabes qué le pasa, Ali?
- No os preocupéis, ha entrado en modo flashback y tardará un rato en volver.
- Pues aprovechamos y le vaciamos la bolsa, ¿no?
- Pues claro.
- ¡Y de dónde ha sacado éste trece pócimas sanadoras!
- ...

Sí, yo estaba en modo flashback. Si hace cinco años de La partida del lunes, hace diez de las primeras partidas con Nanuc y hace más de aquellas primeras dos partidas... Cogí un dado de veinte, lo lamí y entre en modo arrebato proustiano. Volvía a tener catorce años y alguien llamó a la puerta de casa. Abrí y era Toni, un antiguo compañero de colegio con el que había mantenido un contacto intermitente. Quería hablar conmigo de algo importante. Fuimos a mi cuarto y me enseñó el libro que llevaba bajo el brazo.


- ¿Y esto qué es?
- Es que me han regalado esto y pensando con quién jugar, nadie mejor que Jorge para dirigir una partida. ¿Qué te parece? ¿Le echas un vistazo?
Juego de rol, leí. Me sonaba de lejos aunque no lo situaba.
- Claro - dije - Déjamelo.
Me lo dejo y lo leí. O, por lo menos, lo intenté leer. Me encontré con un farragoso libro lleno de reglas que no acababa de entender, consejos para dirigir una campaña y muchas estadísticas. De daño, de ataque, de situación del daño, de carga, de pasos, de... Una ficha para crear un personaje y muchas tiradas de dado. Vamos, que no entendí mucho, pero sí lo suficiente como para que todo aquello me interesara y me imaginara dirigiendo una de esas cosas que se llamaban campañas. Así que llamé a Toni y le dije que vale, de acuerdo, pero que creía que todo aquello me venía un poco grande y que no sabía por donde empezar. Me dijo que si quería, él había quedado con un grupo para jugar y que me podía apuntar para ver cómo funcionaba todo aquello. Perfecto. El sábado por la tarde en el café del Ateneu Igualadí.

Llegó el sábado y mi primera partida de rol. ¿Cómo fue? Algo decepcionante. Me encontré con un grupo de juego ya formado y yo era un elemento extraño y aunque era primera partida y nadie tenía que retrasar para que yo me creara un personaje y todo eso, no dejaba de sentirme como "el extraño", como el negro que Los Cazafantasmas que estaba allí, pero casi nadie se acuerda que forma parte de la aventura.

Primero, creación de personajes. Un par de horas entre tiradas, explicaciones, cálculos y demás. Al final, un elfo con la hostia de percepción, un arco muy majo y una aventura por delante.


A la media hora de empezar la partida estaba muerto.
Un orco.
Mi participación en la aventura consistió en caminar un buen rato, llegar a un claro, subirme a un árbol para hacer guardia, bajar del árbol cuando acabé la guardia, irme a dormir, despertarme porque atacaban unos orcos, disparar una flecha, morir bajo el hachad de un orco.
Fin.
El máster entre risas me dijo que tenía que abandonar la mesa porque al estar muerto no podía quedarme a ver cómo se desarrollaba el resto de la aventura.
Dos horas para crear un personaje, media hora de juego en la que no hice nada y fuera de la partida. Me fui para casa pensando que esto del rol era una mierda.

Dos semanas después me volvieron a invitar para otra partida. Nuevo personaje, nueva campaña. Tardé algo menos en hacerme el personaje, un guerrero humano con problemas de sobrepeso y relaciones personales. La aventura consistía en buscar un tesoro o algo así y teníamos que descubrir la entrada a una cueva y el único que podía decirnos dónde estaba era un posadero. Como personajes llegamos a la posada. El máster nos la describe agazapado detrás del manual. Tenemos que conseguir que nos digan dónde está la cueva. ¿Cómo lo hacemos?
Uno de los jugadores se va a dar un largo baño.
Dos se van a jugar a los dados a los establos. Ellos solos.
Nos quedamos dos hablando con el posadero que responde a toda nuestras preguntas con un "No".
- ¿Hay alguna cueva por los alrededores?
- No.
- Estamos de viaje, ¿nos recomienda algún lugar para visitar?
- No.
- ¿Conoce alguna leyenda sobre el lugar?
- No.
Etcétera.
Y dados. Tiradas de dados. Muchos dados. Abro una puerta. Tira dado. Pregunto. Tira dado. Miro. Tira dado. Voy al baño. Tira dado. Fallas. Te pierdes por la posada y no encuentras el baño (esto fue así). Con todo esto estuvimos una hora. La partida se estancó en ese punto y nada de lo que hiciéramos o dijéramos hacía avanzar la campaña. El máster nos decía que no hacíamos la pregunta correcta, la que salía en el manual, y, por tanto, hasta que no la hiciéramos no avanzábamos. Esto provocó una partida absurda con personajes paseando por la posada, tomando baños y sentándose a leer. Al final los jugadores nos cabreábamos (llevábamos tres horas de partida y aun no había pasado nada) y decidimos que si por las buenas no, sería por las malas. Sacamos cuchillos y a torturar al posadero, a su mujer, a sus hijas, a sus hijos para que nos dijera dónde coño estaba la cueva. ¿Su respuesta?
- No.
A la mierda.
Mi personaje volvió a morir a manos de uno de los camareros y volvieron a decirme que me fuera. Llevaba cuatro horas y media en esa casa y solo quería salir de allí. Volví a mi conclusión.
Esto del rol es una mierda.
No se volvió a quedar.

Pero algo quedó.

¿Qué pasó en aquellas dos partidas? ¿Qué sucedió para que algo que ahora me apasiona, divierte y espero con ganas durante toda la semana se me presentara como algo tedioso, aburrido y que solo servía para perder horas de mi vida que podía dedicar a escribir, ver una película o hacerme una paja?

Supongo que con la experiencia y la perspectiva de los años, la frustración de aquellas dos partidas se debió a la inexperiencia. Tanto de jugadores como de máster. Unos por ir desorientados y otro por atenerse demasiado a las reglas y a la historia que marcaba el manual. El máster anteponía su papel y su historia a las necesidades del grupo sin prever que si los jugadores se estancan hay que ayudarles por el bien de la historia. Un máster inflexible y unos jugadores perdidos en un océano de reglas que no entendían dieron como resultado horas tediosas creando personajes para pocos minutos de juego o una larga sesión donde no pasó absolutamente nada. Me frustré porque veía las posibilidades del juego, pero que no llegaron a concretarse.

Así que me olvidé de que existía algo llamado juegos de rol durante muchos años. Fue una anécdota que se olvidó. Hasta que muchos años después, alguien entró en la librería donde trabajaba con una propuesta que cambiaría mi vida para siempre.


CONTINUARÁ...

- En serio, A, ¿qué le pasa a Jorge? Se ha quedado con cara de atontoliao.
- Es lo que le pasa cuando se pone en modo flashback.
- ¿Y le dura mucho?
- Unos seis turnos...
- Es que lo toca tirar.
- Ya tiramos nosotros por él, ¿no?
- Sí.
- ¿Qué hace?
- Nos entrega todo su material, se quita la armadura y entra en la cueva diciendo "Troll, cabrón, me voy a follar a tu madre y cagarme en la cena de tus hijos".
- Verás como nos reímos.